Sergio Ramírez: “La academia no puede crear el idioma; la lengua se crea en las calles”

El autor reflexiona sobre el papel del idioma para unir historias y culturas, en contraposición a los intentos por marcar límites

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Sergio Ramírez destaca la vitalidad del español y su expansión imparable en Estados Unidos bajo el gobierno de Donald Trump

El escritor hispanonicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942) defiende “la vitalidad” del español y su expansión en los Estados Unidos de Donald Trump, una lengua “expansiva, agresiva”, que “no se detiene ante ninguna frontera”.

“Cómo invade los Estados Unidos, donde se ha convertido en la segunda lengua más importante después del inglés, es un fenómeno admirable”, resalta en una entrevista con esta agencia el autor, candidato a ocupar la silla L de la Real Academia Española (RAE), vacante desde el fallecimiento de Mario Vargas Llosa el año pasado.

Premio Cervantes 2017 y autor de novelas como Margarita, está linda la mar (1998) o Adiós, muchachos (1999), sobre su experiencia en la revolución sandinista, subraya que la influencia del español no solo se extiende en zonas fronterizas, sino también en Chicago, en Texas o en Nueva York.

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“Y aunque es la misma lengua, a la vez es distinta: desde el Río de la Plata, donde el lunfardo originado en el italiano (de los inmigrantes) tiene un peso, al spanglish que se habla en el Bronx (Nueva York), es el mismo castellano, y el mismo en que se produce hoy la música de Bad Bunny”, el cantante puertorriqueño.

El escritor hispanonicaragüense defiende que el español se ha consolidado como la segunda lengua más importante en Estados Unidos, después del inglés

Esta influencia contrasta, a su juicio, con la “pretensión de pureza de una vieja cultura norteamericana blanca”, que representa la administración Trump, y que el autor ve “irrealizable” porque EEUU “es un país muy mezclado de corrientes migratorias de todo el mundo”.

“No existiría una gran literatura norteamericana -deduce- sin la literatura del sur, no existiría el jazz sin la influencia negra de los antiguos esclavos de los campos de algodón y no existiría tampoco esta cultura sin los italianos, sin los irlandeses y sin los hispanoamericanos”.

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Ramírez, que es también patrono de la Fundación de Español Urgente FundéuRAE, considera que la lengua es un tesoro compartido que siempre está mutando y el papel de la RAE es registrar esos cambios.

“La academia no puede crear el idioma, no puede crear las palabras, no es su papel -incide-; su papel es reconocerlas cuando se vuelven de uso habitual; la lengua se crea en las calles -enfatiza-, en los colegios, en las tertulias de amigos, en la música popular, en las canciones, en la eterna conversación de los seres humanos”.

Ramírez resalta la diversidad del español, desde el lunfardo del Río de la Plata hasta el 'spanglish' del Bronx y la música de Bad Bunny

Escribir desde el exilio

Ramírez es el único candidato a ocupar esa silla vacante de la RAE; el pleno de académicos lo proclamó como tal el pasado 7 de mayo y el día 21 será la votación. La ceremonia de ingreso aún no tiene fecha, pero lo habitual es dar unos meses al elegido para que prepare el discurso.

Y escritor ve en esta candidatura la consolidación de su estatus de “ciudadano español adoptivo” y la “coronación” de la acogida que recibió desde que se estableció en España, hace cinco años.

Preguntado por las críticas de Iniciativa Ciudadana Víctimas del Sandinismo a su candidatura por su pasado político revolucionario, Ramírez dice que no lo inquietan.

“La dictadura en Nicaragua tiene distintos resortes para buscar cómo frustrar este tipo de asuntos culturales por personas interpuestas, y no tengo nada más que comentar al respecto”, señala en referencia al actual Gobierno del presidente Daniel Ortega.

El autor considera que la influencia del español se extiende a ciudades como Chicago, Texas y Nueva York, más allá de las áreas fronterizas

El escritor fue uno de los protagonistas de la revolución sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979 y fue vicepresidente del primer Gobierno de Ortega (1985), de quien se alejó años después.

En 2021, la Fiscalía nicaragüense dictó una orden de detención contra él por incitar el odio, tras la publicación de su novela Tongolele no sabía bailar, centrada en la represión política. En 2023, las autoridades lo despojaron de la nacionalidad.

Mirando hoy a ese pasado, Ramírez lo ve con “una mezcla de frustración y decepción”, y recuerda que nunca participó en la revolución sandinista como combatiente, sino como intelectual: “Al final fracasó y no resultó nada más que otra dictadura como de la que habíamos salido”.

“Dolor permanente” por Nicaragua

Por eso, hoy no cree en las revoluciones armadas: “Siempre terminan en caudillismo”; y lamenta que la de Nicaragua sea “una situación estancada”, con muy poca atención internacional, pese a la ausencia de libertad de expresión, dice, o la expulsión masiva de periodistas.

“Nicaragua no está en los mapas políticos de nadie, yo diría que el olvido es la característica más importante que cae sobre el país y esto hace que sea un dolor permanente para mí”, se sincera.

También se muestra crítico con la intervención de Estados Unidos en Venezuela: “La extracción, como le llaman, de (Nicolás) Maduro no le puso fin al sistema dictatorial, no se sabe cuándo habrá unas elecciones verdaderamente libres como las que ganó (el opositor) Edmundo González, que fueron falsificadas para quitarle el triunfo”.

Fuente: EFE.

Fotos: archivo.

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