La desigualdad en la representación de las mujeres artistas persiste aún hoy en el siglo XXI, advierte Milagros Pochat, en diálogo con Infobae Cultura tras la salida de su reciente libro, Club de mujeres artistas (Ediciones Futurock).
“Entendí que claramente había una escasez de conocimiento”, dijo sobre la publicación que reúne veintiocho artistas del siglo XX que, además de producir obra visual, han escrito textos y documentos propios, ampliando los límites del canon tradicional.
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“La primera premisa es que sean artistas visuales que hayan explorado alguna dimensión de la escritura”, comentó Pochat sobre el recorte, en el que aparecen desde artistas del star system como Yoko Ono, Frida Kahlo, Louise Bourgeois, Marina Abramovic y Marta Minujín a otras menos conocidas como la argentina Rosa Farsac y que se incluye una diversidad de prácticas: grabado, escultura, dibujo y pintura.
En su trabajo, la artista visual y gestora cultural Milagros Pochat (Buenos Aires, 1991) abarca desde exposiciones grupales e individuales, como Lectoras en 2022, hasta la coordinación de espacios como el taller “Todo parte de una misma sensibilidad” y el “Club de Mujeres Artistas”, donde promueve la investigación sobre creadoras en las artes y la literatura. Además, es autora de La luz se propaga en el vacío (Hexágono Editoras, 2023) y Lectoras (Fera, 2024).
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Club de mujeres artistas se prsenta en la Feria del Libro de Buenos Aires el martes 5 de mayo, a las 18.30, en la Zona Futuro (Pabellón Amarillo), a través de un encuentro en el que se realizará “un recorrido de la creación de este archivo”, en los que se paserará “por todas las editoriales argentinas que publicaron textos de las artistas” y también “abrir el diálogo sobre las distintas artistas”.
—¿Cómo nació el “Club de mujeres artistas” y cómo fue creciendo el proyecto?
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—Primero fue un proyecto de reunión e investigación personal. Y a partir de ahí empecé a abrir ese archivo a mujeres artistas que escribían. La particularidad es que abordé a estas artistas desde sus propias voces, desde sus propios textos, y empecé a reunir a partir de publicaciones que se hicieron en la última década. De a poco, comencé a compartir este archivo en encuentros virtuales para todo el mundo, con gente de España, Latinoamérica y muchos argentinos de distintas provincias. Eso empezó a crecer. Una vez por mes nos juntamos un viernes a la noche, vino mediante, cada vez se hace más grande. Luego, empecé a ir a los museos, a encontrarnos en Buenos Aires, fui a Córdoba, a Bariloche, a Rosario y se empezó a generar una comunidad interesada. Entendí que claramente había una escasez de conocimiento. Y eso generó un archivo más sistematizado que después se terminó convirtiendo en libro.
—Imagino que de todo este proceso, la lista de artistas habrá sido muy grande, ¿cuál fue el criterio entonces para hacer un recorte para el libro?
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—La primera premisa es que sean artistas visuales que hayan explorado alguna dimensión de la escritura. Eso ya genera una selección, porque es poco lo que tenemos de archivo escrito de artistas visuales. Me interesaba que haya heterogeneidad en distintas cuestiones, en términos territoriales y en términos de las prácticas artísticas. Que no todas sean pintoras: por eso hay grabado, pintura, dibujo, escultura, muy multifacético. Hice una curaduría de siglo XX. Algunas desarrollaron su obra en la modernidad o después de la década del 50. Las últimas aún están vivas, son las que nacieron en los ‘60. El único recorte bien claro fue la época, siglo XX, pero después mucha heterogeneidad de territorio. Me interesaba que el enfoque esté un poco más puesto en Latinoamérica, básicamente porque no hay material. Hay un libro que se publicó en Europa, pero que solo incluye artistas que pasaron por París. Imaginate el nivel de elite que es. Por eso la mitad son latinoamericanas y, de esa mitad, la mitad son argentinas.
—En ese sentido, están las artistas hiper conocidas y después hay dos, en mi caso, que me llamaron la atención, como Rosa Farsac y Mirtha Dermisache, que es más reconocida por sus trabajos en los talleres públicos, ¿cómo abordaste la convivencia de artistas reconocidas y desconocidas?
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—Justo pusiste dos casos que para mí son bastante emblemáticos, porque el de Rosa Farsac fue la última que incluí, básicamente porque en toda esa investigación uno de los puntos es que haya una selección federal, porque la verdad es que en un principio cuando hago esta reunión de argentinas, eran todas de Buenos Aires y alguna que otra del litoral, básicamente por el trabajo de investigación de Maxi Masuelli al frente de la editorial Iván Rosado (NdR: hoy editorial T.R.I.P.A.). Generosamente fuimos intercambiando mucho material, pero seguía siendo muy excluyente. Entonces busqué en el norte, no había. Después me llegó lo de Gertrudis Chale, pero me llegó después del libro. En Córdoba, había una muestra en el Museo Caraffa sobre Farsac, una artista que empecé a investigar y que había autopublicado mucho y que era apenas conocida en su provincia. Entonces, el año pasado voy porque estaba esta muestra y me invitan del museo porque yo conseguí online un libro de absoluta casualidad de ella, baratísimo. Me encuentro ahí con la curadora que venía investigándola, con el museo que tenía su archivo y con parte de la familia. Por eso, para mí, el libro tiene sentido cuando hay un diálogo entre las canónicas o súper populares y otras que no son conocidas. Se abre ahí el diálogo.
—Este primer filtro, el de que tenían que además tener obra textual, tiene que ver un poco con tu propia historia de pintora y autora.
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—La realidad es que yo vengo más de las artes visuales en una primera instancia y cuando abro al mundo literario empiezo a buscar, a indagar en artistas que habían escrito. Me importa el género, porque yo necesitaba esas referencias. Para mi primera exhibición, estuve años investigando obras, como la de León Ferrari y Edgardo Vigo, porque me interesaba mucho entender de qué lugar podían interrelacionarse estas dos disciplinas. Después se empiezan a publicar a estas mujeres. Ya había una perspectiva de género que a mí me interesaba abordar. Primero era porque eran referentes para mi práctica y me abrieron mucho la cabeza para poder escribir desde otra perspectiva y entender cómo las artes visuales pueden también aportar a la literatura desde un lugar alternativo.
—¿Creés que hay una falta de comunicación entre la literatura y las artes visuales?
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—Sí, lo menciono en el libro. Hay una escritora que me gusta mucho, que es Chantal Maillard, que dice que hubo una decisión arbitraria en el siglo XX de considerarlas como dos reinos. Por el mercado, básicamente. El mercado de la literatura por un lado, el del arte, por el otro. Es algo del sistema. En el siglo XX, ya muchísimo antes, las vanguardias empiezan a cruzar las artes visuales con la escritura, con los caligramas y poesía visual. Pero un poco lo que critico es que se volvió algo muy de nicho esa búsqueda. Yo quería un alcance más cercano, más de poder comprender desde otro lugar estas dos disciplinas que muchas veces están estereotipadas de una manera que no llegan al público.
Me pasó también de hablar con historiadoras del arte para preguntarle: “Che, me compartís”. No, no tenemos. Es como diciendo: “Buscalo vos”, como que cada uno está demasiado en su mundo. Yo sentía que había algo que por lo menos yo no había leído y me interesó mucho esos puentes. O se había hecho desde un lugar muy académico, eso también. A mí me interesaba salir un poco de eso. Sentía que si no seguía reproduciendo ciertas exclusiones ya de los dos mundos, además de lo que es el mundo de la literatura y el arte en general.
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—En los últimos años se ve una mayor inclusión de las mujeres en el mundo del arte, en ese sentido, ¿pensaste al libro desde una perspectiva feminista o más de divulgación?
—Es de divulgación, claramente ese es el propósito mayor. Por supuesto que hay mayor inclusión de las mujeres en el mundo del arte, como en los otros mundos, ya que el mundo del arte no deja de ser parte de la esfera del campo social. A mí me gusta la perspectiva de otras historiadoras feministas como Andrea Giunta, que plantea como premisa que la exclusión se sigue dando, porque si vamos a los datos cuantitativos, todavía esa brecha está. Además, en considerarnos como trabajadoras del arte, que también es un punto que nosotras proponemos, con el que el colectivo viene luchando. Siento que la exclusión sigue dándose, aunque incluso estemos hoy, 2026, con muchísimo más relevancia y con esta muestra Fernanda Laguna en el medio del Malba. Hay un montón de espacios que estamos conquistando, pero es importante decir que esto es una cuestión del presente. Si lo pateamos solo de algo del pasado, para mí ahí se corta la pregunta y el diálogo.
Hoy, con el mundo como está, y Argentina, creo que es una pregunta que está más viva que nunca, porque la exclusión no es nada más estar o no estar, sino cómo estamos vistas. Me interesa la representación sobre las mujeres artistas, que para mí también ahí se juega mucho, desde cómo somos abordadas hasta cómo se relaciona con otras esferas de la vida social y pública y privada. La exclusión en el arte no es solamente estar o no estar en las instituciones, es también cómo se sistematiza y se preservan las obras en el Estado nacional, en las colecciones privadas. Son los casos emblemáticos como el de Hilma af Klint, que se encuentra con una gran cantidad de obras que tuvieron que cuidarlas y preservar, y así muchas. La obra de Norah Borges está todavía desperdigada por el mundo. Y es Norah Borges. Es un tema del presente y eso me parece muy importante. Yo cuando hice este libro estaba hablando todo el tiempo del pasado, de otros tiempos, pero todo el tiempo desde un lugar muy del presente. Nombro la coyuntura y nombro cómo estamos hoy atravesados de nuevo por guerras. Yo hablaba de una Käthe Kollwitz en la Primera Guerra Mundial y decía: “No puedo creer esta coincidencia”. Preguntas que se hizo y podrían ser tranquilamente de artistas actuales. Yo quiero que lo lean todos. Este libro no es solo para nosotras. Realmente creo que es así. Que sirva para abrir el debate en lo público.
—¿Cuáles considerás que son los temas en los que menos se ha avanzado respecto a la inclusión?
—Una puede ser la cuestión de las publicaciones. Si lo abordo desde el lugar literario y no solamente literario, porque muchos de los textos no son literarios, son textos personales, documentos, hay bastante escasez en las publicaciones. De las que tengo, casi todas las que nombro en el libro, a excepción de Yoko Ono, que Pomelo se publicó en los 60, la gran mayoría de las publicaciones son de la última década. Las traducciones son muy pocas. Me ayudó mi hermana a traducirlas. Maxi Masuelli hizo un laburazo con el tema de las traducciones de algunas, de Mariette Lydis del francés con Claudio Iglesias. Maxi me dijo algo que a mí me encantó: “Vamos compartiendo las investigaciones”. Nos vamos pasando entre nosotros, porque no hay mucho material. Chai publicó ahora dos librazos de Celia Paul y Anne Truitt o Compañía Ilimitada con la obra de Tove Jansson. Voy hablando con las editoriales directamente para entender cómo es la cuestión de los derechos, cómo logran las traducciones. Eso para mí sigue siendo un tema, muchas artistas que amo quedaron afuera por no estar traducidas y no tener los derechos ni nada. Yo no soy editora ni mucho menos, pero agradezco cada vez que sale una publicación. Creo que de eso todavía falta mucho.
Por ejemplo, de Hilma Af Klint no tenemos traductor al español. Solo tenemos en el Museo de Bilbao, que por eso yo pude escribir sobre ella. En el catálogo del museo, cuando se hizo una de las grandes muestras, expusieron algunos textos de su cuaderno, porque como los derechos los tiene la Fundación en Suecia, no tenían posibilidad de poner mucho más que algunos recortes de las citas. Y ella tuvo una gran cantidad de cuadernos escritos. Pensamientos sobre el arte con una visión. Y lo pongo en el libro: deseo que esto se publique.
La entrada, los horarios, los días
Entrada: La entrada a la Feria del Libro de Buenos Aires costará 8.000 pesos de lunes a jueves y 12.000 los viernes, sábados y domingos.
Con esa entrada, el visitante recibirá un “chequelibro” con el que podrá conseguir descuentos en librerías cuando termine la Feria.
Gratis: de lunes a jueves desde las 20 h,
Fecha: La Feria sigue hasta el 11 de mayo.
Horarios: de lunes a viernes de 14 a 22 h. Sábados, domingos y feriados de 13 a 22 h.
Dónde: En La Rural, Av. Sarmiento 2704, Av. Cerviño 4476 y Av. Santa Fe (Plaza Italia).