Un adolescente murió al caer desde un precipicio y un periodista descubrió los detalles ocultos de la tragedia

En “London Falling”, Patrick Radden Keefe examina el caso de un joven hallado muerto en 2019 e indaga en las circunstancias polémicas que rodearon la investigación oficial

El libro del día

Patrick Radden Keefe ha publicado algunos de los libros de no ficción más recordados de la última década. Su biografía de la familia Sackler, Empire of Pain (2021), narra cómo los fabricantes de OxyContin impulsaron una epidemia de opioides. En Say Nothing (2019), utilizó la historia de un secuestro en Irlanda del Norte —una madre arrancada de su hogar frente a sus hijos— para explorar la historia violenta del conflicto conocido como The Troubles.

La trayectoria de Keefe escribiendo sobre temas emocionalmente complejos y moralmente delicados con sensibilidad y destreza fue la razón por la que le llegó la historia dolorosa que sustenta su nuevo libro, London Falling. En 2023, mientras pasaba el verano en Londres trabajando en la adaptación televisiva de “Say Nothing”, un amigo del director lo presentó con Matthew y Rachelle Brettler. Los Brettler habían sufrido una tragedia. En noviembre de 2019, su hijo menor, Zac, de 19 años, desapareció; pasaron varios días antes de que se identificara como suyo el cuerpo que apareció en la orilla del río Támesis.

“Los Brettler se sentían aislados y enojados”, escribe Keefe. Según imágenes de cámaras de seguridad, a las 2:23 de la madrugada del 29 de noviembre, Zac había salido al balcón del quinto piso de Riverwalk, un edificio de lujo en el exclusivo barrio de Pimlico, y saltó. En ese departamento vivía Verinder Kumar Sharma, conocido en el bajo mundo londinense como “Indian Dave”. Sharma no era el único con un alias: los Brettler descubrieron que su hijo se hacía pasar ante Sharma y otros como Zac Ismailov, hijo de un oligarca ruso.

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Las circunstancias de la muerte de Zac resultaban sospechosas. Aun así, Scotland Yard insistía en tratar el caso como un suicidio más, desestimando e incluso ignorando pruebas que apuntaban a posibilidades más oscuras. El año anterior a que Keefe conociera a los Brettler, la forense a cargo del caso emitió un veredicto ambiguo: la causa no era ni homicidio ni suicidio.

El periodista y escritor norteamericano Patrick Radden Keefe (EFE/Andreu Dalmau)

Los Brettler eran personas discretas y decidieron no hacer pública la muerte de Zac. Los tabloides londinenses habrían convertido el duelo en un circo mediático. Pero ese tipo de atención también podría haberles ayudado, presionando a Scotland Yard.

“No había ninguna indicación en la prensa ni en internet de que Zac hubiera muerto, mucho menos de que su vida terminara en circunstancias tan desconcertantes”, recuerda Keefe sobre el dolor y la frustración de los Brettler. “Apenas empezaban a preguntarse qué más podían hacer” cuando su amiga visitó el set de “Say Nothing” y se topó con él.

Keefe, redactor de The New Yorker, decidió investigar la historia, entrevistando a Matthew, Rachelle y su hijo mayor —y ahora único sobreviviente— Joe. Cuanto más profundizaba en los detalles y documentos del caso, más claro veía que la familia tenía motivos para pensar que la investigación había sido mal gestionada.

Zac es el centro de “London Falling”. Pero Keefe sitúa su muerte en un contexto más amplio: una ciudad que, para compensar el colapso de su base industrial, ha optado por depender del dinero de los oligarcas, y una fuerza policial con serios problemas de financiación, complacencia y corrupción.

Zac Brettler

En cuanto a Zac, sus padres recuerdan a un niño alegre y extrovertido, que los entretenía imitando a amigos de la familia y acentos extranjeros. Notaron un cambio cuando Zac tenía unos 13 años y fue rechazado por la exigente escuela privada a la que asistía su hermano mayor; en su lugar, Zac ingresó a otra escuela privada, frecuentada por hijos de nuevos ricos y, según Rachelle, de menor prestigio.

En esa escuela, Zac se obsesionó con ostentar riqueza, pidiendo a sus padres una casa y un auto más lujosos. Los Brettler tenían una situación económica desahogada. Matthew trabajaba en finanzas; Rachelle era periodista y colaboraba regularmente con la revista de lujo del Financial Times, How to Spend It. “Pero se esforzaban por vivir dentro de sus posibilidades”, escribe Keefe. Les desconcertaba el gusto cada vez más ostentoso de Zac, que financiaba con “pequeños emprendimientos”, como la reventa de zapatillas y la venta de cigarrillos sueltos. Un día contrató una limusina con chofer para ir a casa y explicó: “Quería saber qué se sentía”.

Los intentos de Zac por reinventarse se intensificaron. Le decía a sus padres que ayudaba a negociar propiedades de lujo y parecía conocer a personas vinculadas al Chelsea Football Club, de propiedad rusa. Uno de esos contactos lo presentó con Akbar Shamji, un empresario enigmático cuya hija era compañera de Zac. Shamji, a su vez, lo presentó a Sharma. Ambos afirmaron que Zac se presentó como hijo de un oligarca y estuvieron entre los últimos en verlo con vida. Shamji salió del departamento de Sharma antes de que Zac saltara y volvió minutos después.

El complejo residencial de lujo Riverwalk en Londres, donde Zac Brettler cayó desde un apartamento del quinto piso en circunstancias misteriosas en 2019

¿Qué sucedió esa noche? ¿Zac quería suicidarse? ¿O intentaba huir del departamento de Sharma? Según Sharma y Shamji, Zac se quebró ante ellos y confesó sentirse deprimido. Pero Zac no tenía depresión, asegura Rachelle; debió de percibir que estaba en peligro y, como buen actor, buscaba dar lástima. “Sientan pena por mí”, cree ella que Zac quiso decir; “no me hagan daño”.

Tal vez. Pero Zac también contaba a otros amigos que se sentía solo y triste. ¿Es posible que enfrentara emociones que ocultaba a sus padres? Ser un embaucador era una cosa; ¿cómo pasó de hacer imitaciones graciosas a relacionarse con el crimen organizado?

Aunque el libro plantea estos interrogantes complejos, Keefe parece evitar explorarlos a fondo. Construye un relato minucioso, ensamblando las piezas con precisión. “London Falling” sugiere que la historia de Zac es, en última instancia, un relato criminal en una ciudad deformada por el dinero.

Pero también es, necesariamente, una historia familiar. Keefe no idealiza la perspectiva de los Brettler, pero dada la experiencia que atravesaron, resulta comprensible que la narración —en lo que destaca y en lo que omite— siga de cerca su punto de vista. En los agradecimientos, Keefe agradece a los Brettler por confiarle algo tan duro y doloroso: “Espero haber escrito un libro a la altura de la magnitud de ese gesto”.

Fuente: The New York Times

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