Nacido en 1982 en Estados Unidos, Ulysses Owens Jr. es un destacado batería y percusionista que llega a Buenos Aires, para presentarse en Bebop Club el lunes 6 y el martes 7 de abril, a las 20 y 22.30 horas. Durante dos noches, la Bebop Big Band, dirigida por el trompetista Mariano Loiácono, lo tendrá un invitado especial.
Con la intención de sostener la tradición de las grandes orquestas de la época dorada de los años cuarenta —con figuras como Duke Ellington, Count Basie o Stan Kenton—, estos shows pondrán una formación de dieciséis músicos en el ambiente íntimo de un club de jazz.
Reconocido internacionalmente como uno de los bateristas más versátiles y respetados de su generación, Ulysses Owens Jr. ha desarrollado una notable carrera junto a figuras como Wynton Marsalis, Kurt Elling, Christian McBride y Joey Alexander, además de liderar sus propios proyectos y grabaciones. En esta ocasión se sumará a la Bebop Big Band, que reúne a destacados solistas de la escena argentina como Gustavo Musso, Sebastián Loiácono, Pablo Raposo y Ramiro Penovi. A días de subirse al escenario, habló con Infobae Cultura.
—Sos parte de una generación que creció muy cerca de la tradición del jazz ¿Sentís que esta música es más libre o más difusa?
—Creo que el jazz es como siempre ha sido. Siempre hubo músicos profundamente arraigados en la tradición, otros que la cuestionan y otros que van completamente por otro camino. Ese contraste y esa diversidad siempre existieron. Lo que tal vez cambió hoy es que hay menos gente dedicada exclusivamente a tocar la tradición. Pero en términos generales, no creo que sea tan diferente. Lo que sí cambió es el impacto de las redes sociales: ahora somos mucho más conscientes de lo que hace todo el mundo. Antes, alguien en Chicago podía estar tocando un estilo y alguien en Nueva York otro, y si no viajabas, no lo sabías. Eso hacía que los estilos fueran más únicos. Hoy puedo escuchar instantáneamente lo que pasa en cualquier parte del mundo. Entonces todo está mucho más conectado.
—Tu experiencia trabajando con Wynton Marsalis y Christian McBride te ubica dentro de una línea muy conectada con la historia del jazz. ¿En qué momento surge la necesidad de construir una voz propia?
—Trabajé con Christian McBride durante casi diez años, y en cierto momento se volvió muy claro que me había enseñado lo suficiente como para empezar a forjar mi propia visión. Esa es la historia de esta música: te sumás a bandas, aprendés, y finalmente encontrás tu propia voz. Christian lo hizo con Freddie Hubbard, Wynton con Art Blakey, y yo con Christian. En mi caso, después de varios proyectos —discos, giras, el Village Vanguard— empecé a entender mejor qué quería lograr. Trabajar con él me dio un plano, una guía. Sin esa experiencia, no creo que hubiera tenido tanta claridad como líder.
—Dentro de una big band, el baterista ocupa un rol central pero muchas veces invisible. ¿Qué buscás moldear o influir desde ese lugar?
—Primero que nada, el baterista es la banda. Cuando contratás a un baterista con confianza, la banda pasa a ser suya. Entonces puedo llegar a Bebop Club y que el nombre en el cartel sea otro, pero durante esas noches es mi banda. No hay una fuerza más poderosa que la del baterista en ese contexto. Mi rol es entender la visión del compositor, del arreglador, del set, y darle forma de la mejor manera posible. Una vez que entiendo esa visión, la hago vivir, la guío, la muevo. Por eso las grandes bandas tienen grandes bateristas.
—El formato de big band está fuertemente asociado a otra época. ¿Qué lo mantiene vigente hoy y qué creés que necesita evolucionar para seguir vivo?
—Creo que la big band está muy bien hoy. Ves proyectos como 8-Bit Big Band o a Matthew Whitaker ganando un Grammy: no hay nada más moderno que lo que están haciendo dentro de ese formato. Al mismo tiempo, hay figuras como Maria Schneider, Miho Hazama, Ryan Truesdell y muchos más que siguen empujando los límites. Mi propia big band, que llamo “la big band del pueblo”, busca conectar con el público y hacer la música accesible sin dejar de honrar la tradición. Otros trabajan con música de videojuegos o en contextos multimedia. Así que no creo que la big band esté estancada en absoluto: está evolucionando constantemente, porque las personas también evolucionan.
—Tu carrera equilibra el rol de acompañante y líder. ¿Existe una tensión entre servir a la música de otros y construir tu propia narrativa artística?
—En este momento, mi carrera ya no gira tanto en torno a ser sideman. Diría que estoy principalmente enfocado en liderar, además de producir y enseñar. No siento tensión porque siempre estoy al servicio: de la música, del arreglo, de la visión. Incluso en mis propios proyectos estoy sirviendo a algo más grande. Y los proyectos que elijo —incluso como invitado— siguen formando parte de mi narrativa artística. Así que no hay conflicto. Antes sí hacía mucho trabajo como acompañante, pero ahora estoy más enfocado en liderar y crear.
—Vas a presentarte con una big band argentina, en un contexto cultural muy distinto. ¿Te interesa más adaptarte a esa identidad local o mantener tu propio lenguaje y ver qué sucede en el intercambio?
—Siempre voy a mantener mi propio lenguaje, porque no puedo ser otra persona. Pero me interesa mucho adaptarme y entender el contexto local. Estoy feliz de tocar música que sea significativa para la cultura con la que estoy interactuando. No me pidieron que lleve mis propios arreglos, pero podría hacerlo. Aun así, me entusiasma igual tocar lo que tenga sentido para ese lugar. Para mí, se trata de un intercambio: compartir culturas.
—El jazz siempre fue una música en movimiento, pero también muy ligada a la idea de legado. ¿Qué sentís que debe preservarse y qué ya no tiene sentido sostener?
—Antes de avanzar hacia el futuro, tenemos que comprender y respetar la tradición. Todos los artistas contemporáneos —Shabaka Hutchings, Jon Batiste, Snarky Puppy— tienen una base muy profunda en ella. La clave no es quedar atrapado en la tradición, sino conocerla realmente, al más alto nivel. Desde ahí podés avanzar con libertad. Ignorar la tradición y a los maestros es hacerte un daño a vos mismo y a tu arte.
—En tus proyectos como líder, solés dialogar con la historia del jazz desde una mirada contemporánea. ¿Cómo abordás ese equilibrio entre honrar la tradición y crear algo que hable en presente?
—No lo pienso como un equilibrio. Estoy viviendo en el presente, así que lo que haga naturalmente va a reflejar eso. Amo la tradición, pero también estoy formado por todo lo que viví: la iglesia, distintos bateristas, distintos estilos. Todas esas influencias se combinan y forman mi voz. No hay una fórmula. Simplemente traés quién sos y buscás ser relevante. Algo que me ayuda es rodearme de músicos jóvenes. Eso me mantiene conectado con lo nuevo, lo fresco, mientras sigo sosteniendo la tradición.
* Bebop Big Band + Ulysses Owen Jr. se presenta en Bebop Club el lunes 6 y el martes 7 de abril, a las 20 y 22.30 h en Bebop Club, Uriarte 1658 (Palermo, CABA).