Yuko Mohri, reconocida escultora e instalacionista japonesa, recibió el premio Calder 2025, el principal galardón que otorga la Fundación Calder a la innovación en escultura contemporánea. El anuncio, realizado el 5 de febrero de este año, contempla una dotación de USD 50.000, una residencia artística en el Atelier Calder de Saché, Francia, y la inclusión de una obra de la artista en una colección pública.
El premio Calder distingue anualmente a figuras sobresalientes en el campo de la escultura contemporánea. En esta edición, la Fundación Calder destacó la originalidad y la proyección global de Mohri, motivos centrales de su selección como ganadora, según detalló Artreview.
Nacida en Kanagawa en 1980 y residente en Tokio, Mohri obtuvo su licenciatura en Bellas Artes por la Tama Art University en 2004 y su maestría en Arte Intermedia por la Universidad de las Artes de Tokio en 2006. Su práctica artística abarca instalaciones, escultura, fotografía, video y sonido, con especial interés en la creación de eventos plásticos que evolucionan de acuerdo con las condiciones ambientales.
Mohri es conocida por ensamblar objetos cotidianos y piezas mecánicas recolectadas en ciudades de todo el mundo para formar ecosistemas autónomos. Sus instalaciones, que pueden involucrar frutas en descomposición, muebles, tubos, cables, instrumentos musicales y luminarias, exploran la interacción entre elementos materiales y fuerzas invisibles como el magnetismo, la gravedad, el aire, la luz y el sonido.
De este modo, la artista crea obras que funcionan como sistemas autosuficientes y en transformación constante, inspiradas en la adaptación y la reparación como formas creativas.
Entre los referentes que inspiran su trabajo se encuentran Marcel Duchamp y los compositores Eric Satie, John Cage y Nam June Paik, reconocidos por su aproximación experimental a la música y el azar. Mohri declaró su fascinación por los “compositores de la inadvertencia”, que incorporan lo imprevisible como parte integral de la obra.
La trayectoria internacional de Mohri se consolidó tras su representación de Japón en la Bienal de Venecia 2024, donde su exposición individual “Compose”, en el pabellón japonés, obtuvo elogios de la crítica y especialistas del sector.
Posteriormente, presentó exposiciones en instituciones como el Pirelli HangarBicocca de Milán —su muestra más extensa hasta la fecha, de acuerdo con Artnews—, el Centro Botín en España, el Bass Museum de Miami y el Barbican Centre de Londres.
En 2024, Mohri también participó en la exposición “On physis” en el Artizon Museum de Tokio y en “Moré and Moré” en el Aranya Art Center de China.
Mohri realizó residencias artísticas en el Lower Manhattan Cultural Council, el Victoria & Albert Museum y el Camden Arts Centre de Londres, además de participar en proyectos internacionales como la Bienal de Sídney, la Bienal de São Paulo, el Asia Pacific Triennial y la Bienal de Lyon.
Años atrás, en 2015, recibió el Grand Prix en el Nissan Art Award y una beca del Asian Cultural Council para una residencia en Estados Unidos. También fue seleccionada como una de las “5 Essential Japanese Artists” por Blouin Artinfo y figuró en la lista “40 under 40 Asia Pacific” de Apollo Magazine en 2016.
Las obras de Mohri forman parte de colecciones institucionales internacionales, entre ellas el Centre Pompidou de París, M+ de Hong Kong, el Musée d’art contemporain de Lyon, el Museum of Contemporary Art Tokyo, la Obayashi Foundation de Tokio y el Queensland Art Gallery | Gallery of Modern Art de Brisbane.
Este año, Mohri inaugurará su primera exposición individual en Estados Unidos, en la galería Tanya Bonakdar de Nueva York.
Alexander S. C. Rower, presidente de la Fundación Calder, subrayó la afinidad conceptual entre Mohri y Alexander Calder, al mismo tiempo que destacó su singularidad: “La obra de Yuko Mohri resulta enigmática y hospitalaria, involucra al público en experiencias inmediatas influenciadas por factores aleatorios como el tiempo, el espacio y fuerzas invisibles —entre ellas la gravedad, el sonido, el aire y la luz”, afirmó en declaraciones recogidas por los medios especializados.
Además, indicó que, aunque existen paralelismos con la producción de Calder, “el lenguaje estético de Yuko Mohri es potente y singular”.
La práctica de Mohri explora situaciones que se modifican constantemente, impulsadas por la energía de los materiales y las condiciones cambiantes del entorno. Así, la artista japonesa se confirma como una figura central de la escultura contemporánea, capaz de trascender los límites formales y sensoriales del arte actual.