La fiesta católica de la Epifanía marca cada 6 de enero un punto de encuentro entre creencias religiosas y expresiones culturales en distintas partes del mundo. La conmemoración de la llegada de los Reyes Magos al pesebre de Belén ha generado costumbres que involucran tanto rituales familiares como celebraciones públicas. En muchos países, la fecha se integra al calendario festivo con prácticas que involucran regalos, gastronomía típica y eventos comunitarios, para consolidarse como una tradición que atraviesa generaciones y fronteras.
La influencia de la Epifanía se ha extendido más allá de las prácticas populares y ha alcanzado un lugar central en el arte occidental. Artistas como Diego Velázquez, Pedro Pablo Rubens, Leonardo da Vinci y El Bosco han sido algunos de los que eligieron representar la Adoración de los Magos, pero no los únicos. Todos ellos han creado obras que resumen el diálogo entre fe, historia y creatividad. Cada interpretación visual de la escena ofrece una mirada particular sobre el momento de encuentro entre Oriente y Occidente, y revela la importancia simbólica que adquirió el episodio en el imaginario colectivo.
La pintura Adoración de los Reyes, de Diego Velázquez, realizada, sin fecha concluyente, en 1619 y conservada en el Museo del Prado desde su fundación, presenta una composición en la que resalta el naturalismo característico del artista sevillano. Los rostros de los personajes, cuidadosamente definidos, sugieren la proximidad entre lo divino y lo humano. El uso de luces y sombras aporta profundidad y enfatiza la solemnidad de la escena, situando la Epifanía en un contexto cercano y realista.
En La Adoración de los Magos, Pedro Pablo Rubens introduce movimiento y energía a través de una paleta cromática intensa y una disposición dinámica de los personajes. La obra, realizada en el siglo XVII, muestra la opulencia de los atuendos y la gestualidad de los Magos, lo que logra una representación vibrante del momento. La interacción entre los protagonistas transmite una sensación de teatralidad y magnificencia.
El Bosco propone una interpretación diferente en su Tríptico de La Adoración de los Magos, en el que los detalles simbólicos y la presencia de elementos fantásticos adquieren protagonismo. La escena muestra una combinación de exotismo y espiritualidad, y presenta personajes secundarios y objetos que enriquecen la lectura de la obra. La pintura evidencia la visión singular del artista flamenco sobre uno de los episodios más representados en la historia del arte europeo. Al igual que las dos piezas anteriores, esta se encuentra alojada en el Museo del Prado, en Madrid.
Finalmente, la versión de la Epifanía pintada por Leonardo da Vinci destaca por su composición innovadora y el estudio del espacio. Aunque la obra quedó incompleta, el boceto revela la intención de Leonardo de explorar la perspectiva y el agrupamiento de figuras en torno al niño Jesús. El enfoque en la expresividad y la interacción de miradas da cuenta del interés del artista por el análisis psicológico de los personajes.
Las distintas versiones de la adoración de los Reyes Magos reflejan la diversidad de enfoques y estilos con los que el arte occidental abordó la Epifanía. Cada obra aporta matices propios y contribuye a mantener vigente la relevancia cultural de esta festividad.