Trató de conservar una imagen de Cristo, la desfiguró y saltó a la fama: el increíble giro en la vida de Cecilia Giménez gracias al “Ecce Mono”

Hace unos días murió la fallida artista que vivía en Borja, España, y que terminó siendo un fenómeno cultural y turístico. Hasta hubo una ópera sobre ella

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Quería arreglar esa figura sagrada que estaba deteriorada. Se puso manos a la obra. El resultado... ay, el Ecce homo que trataba de conservar -pintado en el siglo XIX por Elias Garcia Martinez- quedó completamente desfigurado. Ay, pero cambió su vida. La restauración de un fresco en Borja transformó por completo el destino de Cecilia Giménez, la fallida artista española que murió el pasado 29 de diciembre.

Convertida a los 81 años en figura global sin haberlo buscado, la artista amateur enfrentó un escrutinio internacional tras su intervención en la iglesia de su pueblo y vio cómo el llamado Ecce Mono -una burla por lo feo de su Ecce homo- desplazaba para siempre su anonimato, pero también reconfiguraba el destino de toda la localidad.

Aunque los primeros reportes la retrataron como una “anciana que no sabía pintar y había arruinado una pintura”, Giménez puntualizó tajante a The Guardian en 2015: “Eso no es cierto. Es cierto que no he hecho muchos retratos. Pero si no hubiera sido por mí, la pintura probablemente habría desaparecido hace tiempo.”

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El "Ecce homo" de Borja, una transformación polémica.

Durante años previos a la viralización del caso, Giménez dedicó su tiempo a procurar la conservación del fresco original, intentando resguardarlo del deterioro y daños por filtraciones de agua. En el momento en que la restauración inconclusa acaparó los medios, la artista se encontraba de vacaciones, aún lejos de terminar el trabajo.

El impacto en la esfera personal fue inmediato. Giménez narró que llegó a perder peso por el estrés y la vergüenza, temiendo el peso de la burla nacional e internacional sobre Borja, su ciudad natal. Sin embargo, la reacción local jugó un papel decisivo. "La gente de Borja se reunió frente a mi casa para aplaudirme“, recordó, señalando ese apoyo como el inicio de un cambio que poco a poco desplazó la humillación por un proceso de reivindicación social y económica.

La transformación de Borja fue tangible. El santuario se consolidó como un punto turístico y el museo derivado de la restauración se llenó de visitantes, vendiendo desde botellas de vino hasta peluches y tazas con la imagen de la intervención. Los ingresos permitieron no solo mantener el recinto, sino también cubrir los gastos de residencia de ancianos del pueblo, incluida la propia Giménez y su hijo con parálisis cerebral.

Una mujer llora en el funeral de Cecilia Gimenez en Borja. Junto a ella, su obra, (César Manso, AFP)

El fenómeno se amplificó hasta alcanzar representaciones artísticas en escenarios como Las Vegas, donde en 2023 se estrenó la ópera cómica Behold the Man”, dedicada a su historia y a la huella inusitada que dejó en la localidad. También el dramaturgo argentino Rafael Spregelburd estrenó una obra sobre este episodio, titulada El fin del arte.

En 2018, Giménez confesó en 2018 haber llegado a reconciliarse con su fama involuntaria. Sostuvo, mientras revisaba su bolso repleto de recortes de prensa: “Esto se hizo con buena intención y a pesar de lo que ocurrió, ha sido algo bueno para Borja. Gente de todo el mundo está visitando el santuario ahora. Esa es la mejor medicina. Antes lloraba mucho por todo esto, pero ya no lloro más porque veo cuánto me quieren.”

Al final de su vida, la memoria de Giménez se redujo casi sólo a los recuerdos positivos. Su sobrina, Marisa Ibáñez, resumió la percepción familiar y comunitaria sobre la restauradora: “Puedes buscar muchos adjetivos para describirla, pero creo que el que mejor lo hace es ‘buena’. Es una palabra que usamos tan a la ligera que no nos damos cuenta de lo que significa.”

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