Los Fabulosos Cadillacs: un asunto de nuevas generaciones

Como parte de “El León del Ritmo Tour”, la emblemática banda argentina se presenta en Ferro, para una noche en la que Vicentico y Flavio compartirán escenario con sus hijos Florián Fernández Capello y Astor Cianciarulo, respectivamente

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Vicentico y Flavio Cianciarulo en un show de Los Fabulosos Cadillacs
Vicentico y Flavio Cianciarulo en un show de Los Fabulosos Cadillacs

“El León del Ritmo Tour”: así se llama la gira de Los Fabulosos Cadillacs que hoy pasará por el estadio de Ferro Carril Oeste. El nombre, evidentemente, es el agregado de El león y La luz del ritmo. El león se llamó el disco que la banda sacó en 1992 y se considera uno de los puntos más altos de su trayectoria; La luz del ritmo fue editado en 2008 y es el primer disco que los Cadillacs grabaron después de su separación.

Así las cosas, el nombre de la gira actual parece insistir en algo que la banda conoce bien: la posibilidad de mezclar épocas.

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Por el año 2007, cuando los Cadillacs ya se ha habían separado pero todavía no habían vuelto, hubo una escena increíble: Flavio tenía un programa de radio y un día invitó al resto de los Cadillacs para tocar unas canciones en versión acústica. Ya estaba tomando forma el regreso que se concretaría en 2008 y el programa, que está entero en YouTube (se llama Akustic-loko de fabulosos amigos), fue un indicio de la vuelta.

El acústico estaba terminando. Estaban tocando “Yo no me sentaría en tu mesa”: es esa canción sobre la que uno, si no es demasiado joven, puede cantar “No nos vamos nada / que nos saquen a patadas”. Estaban con ese “uoooo” cuando se escucha un sonido raro. Entonces, mientras el resto de la banda sigue tocando, Vicentico atiende su celular y dice: “Hola. ¿Qué hacés, Vale? Estoy por salir”. Después agrega algo más que no se entiende bien, corta la comunicación y le pide perdón al resto. Después canta burlonamente el verso: “por más que quieras sacarnos de nuestro lugar”. Lo canta como mofándose de la canción. Y dice “Bueno, hagamos un acorde final”. El resto hace un acorde final y el programa termina por el llamado de Valeria Bertuccelli, la esposa de Vicentico.

Vicentico
Vicentico

A eso yo lo llamo mezclar épocas.

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Mucho tiempo antes, en 1986, salió Bares y fondas. “Valeria” todavía no significaba nada y Vicentico decía: “El título quiere dar una imagen de que pertenecemos a esos sitios y que estamos juntos todo el tiempo, rondando por allí”.

La imagen termina representando mucho más que el primer disco porque, en realidad, toda la primera época de la banda parece suceder en un bar, con amigos y de noche. Y probablemente en una única noche, como esos libros vanguardistas que, para contar un solo hecho, lo miran varias veces desde distintas perspectivas.

En esa situación que reaparece en distintas canciones y discos hay uno de los amigos que se siente desgraciado por una mujer y toma mucho: “Tomaste el vaso aquel / aquel que no debes tomar / saliste a caminar / y decidiste irla a buscar” es el momento culminante de una imagen que se repite muchas veces en esa primera época: “Sírvanme un trago que me desmaye”, “anoche terminé medio tomado”, “necesito un trago y lo necesito ahora”, “tan solo me dejó olvidado en el bar”.

En el verso que se repite la segunda persona es un amigo, y la tercera persona es siempre una mujer: se les habla de una mujer a los amigos. De ahí viene el título de la que para mí es la mejor canción de los Cadillacs: “Siempre me hablaste de ella”. Amigos son los que están ahí y pueden testificar.

Los Fabulosos Cadillacs volvieron a reunirse en 2008
Los Fabulosos Cadillacs volvieron a reunirse en 2008

En toda esa época inicial no hay nada que se parezca a Valeria en el mundo de los Cadillacs. Y, obviamente, ninguno de ellos es reclamado por un hogar. Los que eligen irse lo hacen porque quieren buscar nuevos horizontes.

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Cada tanto vuelve a aparece alguna noticia sobre un ex Cadillac.

En 2017 fue por Ignacio Alfredo Pardo, también conocido como Naco Goldfinger. “Naco no tocaba ni el timbre. Era fan. Se copó tanto que se curró un saxo para poder tocar con ellos”, cuenta el dueño de un boliche en el que tocaban al principio. Goldfinger tocó el saxo en los primeros discos, se fue de la banda en 1991 y años después fue a parar a la cárcel por haber sido partícipe en dos robos. Estando en prisión un periodista le preguntó por los Cadillacs, y Naco respondió: “Una sensación de pensar qué bueno fue haber estado ahí, y la tristeza de no haber seguido con ellos”. En 2013, antes de su detención, Flavio Cianciarulo publicó un libro titulado Surfer Calavera y otros cuentos de misterio, en el que también se incluyen algunos poemas. El que cierra el volumen se llama “Ecuador y Arenales” y termina así: “Goldfinger, por favor: / poné otra vez: / Stereotype / pero no dispares”.

Antes de que reapareciera Naco, las noticias sobre un ex Cadillac habían sido por El Tirri: el familiar de Marcelo Tinelli se hizo conocido en 2012 y uno de los tantos datos de color que se conocieron sobre su vida es que había formado parte de Los Fabulosos Cadillacs. En efecto, antes de su seudónimo moderno El Tirri había sido Luciano Jr. o Lucky Luciano. En el documento siempre fue Luciano Giugno, que firma “Belcha” en Bares y fondas y “Mi novia se cayó en un pozo ciego” en Yo te avisé. Y que en la canción “El mensaje soy yo”, del disco El satánico Dr. Cadillac, canta el verso arquetípico de la segunda persona amiguera: “Dale un poco de cerveza a tu novia / y arrancale el bretel”.

Luciano se fue de la banda sin ninguna pelea de por medio. En Volumen 5, el primer disco después de su salida, Vicentico le dedicó una canción y Flavio otra: “Tanto como un dios” y “Caballo de madera” respectivamente.

Flavio Cianciarulo
Flavio Cianciarulo

En su caso, salir de los Cadillacs significó mudarse a California: “Cuando nos veíamos en Los Ángeles y me preguntaban dónde trabajaba, les decía que estaba haciendo shows. Mentira. Tenía terror de contarles dónde laburaba. Porque era mostrarles el fracaso. Yo, que había dejado el grupo, vendiendo pizzas y ellos viniendo a Los Angeles a dar conciertos”.

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En 1998 mis rezos fueron escuchados: por enésima vez mi padre viajaba a Estados Unidos por trabajo, y finalmente conseguí que me lleve. Iba a ayudarlo con algunas cosas. El destino era Los Ángeles.

Nos hospedamos en un hotel de Santa Mónica, hicimos turismo por lugares cercanos que se llamaban por ejemplo Topanga y, entre visitas inolvidables a shoppings y supermercados, una noche fuimos a ver a los Cadillacs: por un azar nuestra estadía, que era bastante breve, coincidía con un recital de la banda. Así las cosas, una noche encaramos para el Universal Amphiteatre, que era parte de Universal Studios.

Aquel show fue algo único: por una casualidad pude ver a los Cadillacs en su hábitat, en esa lejanía americana siempre tórrida y a veces anglo que está presente de manera sistemática en su obra, que ya aparecía en Bares y fondas bajo la forma de “Galápagos” y que en el prólogo del libro de Flavio se manifiesta como si nada: “Estábamos en el estudio de grabación Compass Point de Nassau, Bahamas...”.

Hay que haber caminado mucho el trópico para cantar “Santa María de los Buenos Aires”. Y para, al anunciar la gira actual, aclarar de antemano en las redes: “(Sí, también Argentina!)”.

Vicentico en su estudio de grabación
Vicentico en su estudio de grabación

(De las muchas novedades que trajeron el virus y el encierro, una fue verlo a Vicentico en su casa. Yo, que me lo imaginaba merodeando por siempre los bares de alguna playa remota revestida de palmeras –no hay ningún otro recurso con mayor fuerza de convicción que el arte–, tuve que rendirme ante la evidencia: el cantante de los Cadillacs vive en una casa de ventanales amplios, sillones blancos y lámparas de pie).

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Pero no guardo, sin embargo, un muy buen recuerdo de aquel recital en Los Ángeles. Era evidente que la diversión estaba en el campo, donde había más mexicanos que en México, y nosotros estábamos en una especie de platea. Pero hubo, con todo, una canción que sí me llamó la atención. Al poco tiempo me ocupé de averiguar cómo se llamaba: era “Carnaval toda la vida”.

Han pasado veinticinco años de aquel momento. El Universal Amphiteatre dejó de existir: ahora es una themed area de Harry Potter (me consuelo a mí mismo usando estas expresiones porque nunca volví a pisar Estados Unidos). Y a pesar de todo el tiempo que pasó todavía no sé si entiendo mi verso predilecto de esa canción, que además es mi verso predilecto de todas las canciones de los Cadillacs: “Vamos afuera / que mis amigos se van”. Es una línea más descubierta que inventada, y escuchándola se percibe una temperatura y una sociología. Si dentro de algunos milenios alguien quisiera saber cómo era la vida en Buenos Aires a fines del siglo XX, con esas pocas palabras podría averiguarlo.

Pero no estoy seguro de haberla entendido. Hay varias posibilidades: una interpretación literal (es algo que puede decirse en un boliche), una simbólica (que parece asociar el miedo al quedarse adentro) y, después, todas las que no estoy considerando. Pero lo que sí es seguro es que algo cambia en esa línea: de pronto los amigos son la tercera persona y ya no la segunda. La primera época ha terminado, ya llegó el momento de El león y ahora los Cadillacs le hablan de los amigos a una mujer. Muy pronto aparecerán Valeria y los hijos y esa declaración de principios que se escucha en “Vos sabés”, escrita por Flavio: “Ya no me quedo nunca más solo”. (Alguna vez me dijeron que cuando tenés hijos es imposible estar solo en tu casa, y que ese es el sentido de la frase).

Florián Fernández Capello y Astor Cianciarulo interpretan temas de los Fabulosos Cadillacs

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El video esta filmado en un bar de Chacarita y en diciembre, cuando Buenos Aires se convierte, por un rato, en una ciudad tropical. Se los ve a Florián Fernández Capello y Astor Cianciarulo, hijos de Vicentico y Flavio respectivamente, tocando canciones de Los Fabulosos Cadillacs. Ellos son el agregado verdadero, el que no es simplemente una mezcla de frases, de todas las épocas. Esta noche compartirán escenario con sus padres.