Cuando Bob Dylan abrazó la fe

En 1978, durante su extensa gira mundial, el cantautor, poeta y Nobel de Literatura experimentó una “fase de renacimiento cristiano” tras recoger un crucifijo arrojado por un fan en un concierto. La historia

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Bob Dylan - Going, Going, Gone (Live at Budokan Hall, Tokyo, February 28, 1978)

Era un 17 de noviembre de 1978, Dylan estaba en uno de los conciertos de su, a estas alturas, eterna gira interminable, cuando un fan le arrojó un crucifijo al escenario. Lo levantó, lo guardó y se lo llevó. Unos días después, recluido en su cuarto de hotel de la ciudad de Tucson, sintió una presencia, se le había aparecido Jesucristo: “Jesús se apareció ante mí como rey de reyes y señor de señores. Había una presencia en la habitación que no podía ser nadie salvo Jesús... Puso su mano sobre mí. Fue algo físico. Lo sentí. Sentí todo mi cuerpo temblar. La gloria del Señor me tiró al suelo y me recogió”.

Desde finales de la década de 1970 hasta principios de los años 80, Dylan atravesó lo que se conoce como una “fase de renacimiento cristiano”. Este período suele considerarse un breve desvío en la larga y sinuosa carrera del músico, a tal punto de que en sus memorias, Crónicas: Volumen Uno, el autor apenas menciona esta parte de su vida. Aunque Robert Allen Zimmerman, de nacimiento judío, siempre usó metáforas bíblicas en sus canciones, nunca había hecho música específicamente religiosa y mucho menos cristiana.

En 1978, inició su primera gira mundial en mucho tiempo. Este momento quedó originalmente plasmado en un álbum doble en vivo grabado durante dos conciertos en Japón al inicio de la gira. Después de 45 años, finalmente podemos escuchar en su totalidad esos dos recitales a través de The Complete Budokan 1978, publicado recientemente. Mientras el mundo avanzaba a toda velocidad en medio de la era disco que surgía desde Nueva York y el post-punk que llegaba desde Gran Bretaña, Dylan permanecía relativamente ajeno a todo esto, aunque preocupado por no parecer un acto de oldies ni una vieja gloria venida a menos.

Su gira mundial de 1978 comenzaría con la primera visita de Dylan a Japón
Su gira mundial de 1978 comenzaría con la primera visita de Dylan a Japón

Su gira mundial de 1978 comenzaría con la primera visita de Dylan a Japón, compuesta por ocho noches en el Nippon Budokan Hall de Tokio intercaladas con tres noches en Osaka. La gira mundial se extendería desde febrero hasta diciembre de 1978, con el cantautor ofreciendo 114 conciertos en Asia, Oceanía, América del Norte y Europa, ante más de dos millones de personas. Se rumoreaba que quien estaba aportando grandes sumas de dinero para financiar la gira insistía en que Dylan interpretara sus “éxitos”, especialmente dado que no lo había hecho en la anterior gira Rolling Thunder. Aunque Dylan nunca fue de seguir órdenes, las listas de canciones que se presentaron demostraron qué accedió, aunque las versiones eran completamente irreconocibles, a tal punto de que sus clásicos parecían canciones nuevas. Para ello, conformó una banda de nueve miembros junto con tres coristas que sonaba a nada de lo que haya hecho antes ni después, y se acercaba más a lo que seria el adult oriented rock de los años venideros.

Durante esta época fue cuando Dylan publicó los álbumes de la llamada “trilogía cristiana”: Slow Train Coming (1979), Saved (1980) y Shot of Love (1981). Fueron recibidos con mucho cinismo y confusión por casi todos, los fans, los críticos, y sus colegas de profesión, incluso sus amigos. El guitarrista de los Rolling Stones, Keith Richards, acusó maliciosamente a Dylan de hacer todo esto apenas para intentar ganar dinero e incluso lo llamó “el profeta del lucro”. Otros pensaron que Dylan simplemente había perdido la razón y que se había vuelto completamente loco. Sus permanentes diatribas arriba del escenario, donde auguraba un pronto fin de los tiempos y la pronta segunda venida de Jesucristo, no ayudaban a la percepción general. Todos creyeron, casi sin excepción, que lo que estaba haciendo el cantautor de Minnesota era un suicidio artístico en toda regla.

Sin embargo, lo cierto es que Slow Train Coming no fue un fracaso comercial, sino, más bien, todo lo contrario. De hecho, se trató del primer álbum que reveló el potencial financiero de la música cristiana en términos comerciales y radio friendly. El disco obtuvo certificación de platino, le valió un premio Grammy y un premio Dove (equivalente cristiano al Grammy), y le ganó el respeto y la adoración de un mercado conformado por cristianos renacidos, particularmente potente sobre todo en los Estados Unidos. Todos los críticos de rock destrozaron el disco, menos el amigo de Dylan Jann Wenner, fundador y director de la revista Rolling Stone, quien lo elogió efusivamente: “Cuanto más escucho el nuevo álbum, más siento que es uno de los mejores discos que Dylan ha hecho”.

Para la misma época que su gira por Japón es que Dylan publica los álbumes de la llamada “trilogía cristiana”: "Slow Train Coming" (1979), "Saved" (1980) y "Shot of Love" (1981)
Para la misma época que su gira por Japón es que Dylan publica los álbumes de la llamada “trilogía cristiana”: "Slow Train Coming" (1979), "Saved" (1980) y "Shot of Love" (1981)

Cuentan que su amigo Allen Ginsberg lo fue a ver a un show, y tras bambalinas le dijo que esperaba ver a una especie de William Blake alucinado y profético pero se encontró con un converso tratando de predicar la palabra de Cristo. Cuando Leonard Cohen escuchó por primera vez Slow Train Coming repetía “no lo entiendo, ¿por qué hace esto?” mientras daba vueltas desconcertado por toda la habitación. En el medio había pasado su ya mítico accidente de moto de 1966 y la consecuente reclusión, su regreso a los escenarios en la Rolling Thunder Revue como el dueño de un circo itinerante plagado de excesos y cocina, y un turbulento divorcio. Dylan necesitaba urgente una nueva transformación, y la encontró en Jesucristo.

Algunos afirman que fue la influencia de su novia de entonces, la actriz Mary Alice Artes, lo que lo llevó a la Vineyard Fellowship, una comunidad neocarismatica evangélica cristiana ubicada en California que se encontraba en tensión entre lo humanista y lo doctrinario, lo que se refleja claramente en Slow Train Coming. Se grabó en los legendarios estudios de Muscle Shoals, en Alabama, con el productor Jerry Wexler –que había producido a Wilson Picket, Aretha Franklin, Allman Brothers, entre otros– y se nota. Musicalmente suena a gospel, a funk, a rock sureño y a Dylan, por supuesto. En su gira para presentar el disco, que se puede escuchar en el Bootleg Trouble No More, publicado en 2017, no hubo una sola canción de su repertorio secular, y todo se centró en sus nuevas obras cristianas y algunos clásicos donde menciona cuestiones bíblicas como “Every grain of salt o Knockin’ on heaven’s doors”. En su banda de aquel momento incorporó a Fred Tackett de Little Feat en guitarra, y leyendas de Memphis como el baterista Tim y el tecladista Spooner Oldham.

Su conversión al cristianismo fue aún más polémica y cuestionada que cuando empuñó por primera vez una guitarra eléctrica en el festival folk de Newport el 25 de julio de 1965 y fue llamado por un fan desencantado, paradójicamente “Judas”. De repente el profeta de la protesta, el ícono de la canción social de los años 60, volvía a abrazar una causa, pero no era la que le gustaba al progresismo de la contracultura. Es interesante notar que la iglesia evangélica en los Estados Unidos de aquel momento no tenía, necesariamente, las connotaciones conservadoras que puede tener ahora. El presidente Jimmy Carter, por ejemplo, era parte del movimiento bautista del sur profundo, con una mirada marcadamente progresista, al igual que muchos miembros de la Vineyard Fellowship, donde había desde ex hippies o activistas políticos a jóvenes buscando contención espiritual.

Algunos afirman que fue la influencia de su novia de entonces, la actriz Mary Alice Artes, lo que lo llevó a la Vineyard Fellowship, una comunidad neocarismatica evangélica cristiana ubicada en California
Algunos afirman que fue la influencia de su novia de entonces, la actriz Mary Alice Artes, lo que lo llevó a la Vineyard Fellowship, una comunidad neocarismatica evangélica cristiana ubicada en California

Nunca más volvió a hablar en público del tema y regresó a la música secular con su éxito de 1983, titulado justamente Infidels -que paradójicamente deja afuera la que se considera una de sus mejores canciones, “Blind Willie McTell”, publicada décadas después en el Bootleg Series Volume III–, producido por él mismo y por el Dire Straits Mark Knopfler. Sin embargo, la religión lo siguió acompañando a lo largo de su vida a tal punto de que llegó a actuar para el papa Juan Pablo II en el marco del vigésimo tercer Congreso Eucarístico de 1997. Como cantaba en “You gotta serve somebody”, Dylan creyó profundamente que aunque seas el campeón de peso pesado del mundo, embajador en Inglaterra o en Francia, una estrella de rock and roll en el escenario, un hombre de negocios o un gran ladrón, ya sea al Diablo o al Señor, debes servir a alguien. Y Bob eligió servir a Dios, aunque sea por un tiempo.

Fotos: Tapa del disco, proporcionada por Sony Legacy Recordings, “The Complete Budokan 1978″ de Bob Dylan. (Sony Legacy Recordings vía AP); Michael Ochs Archives (Getty Images); Istvan Bajzat (EFE/EPA/Archivo);