Gustav Klimt: el pintor pornófilo que creó un mundo con forma de mujer

A 160 años del nacimiento del misterioso artista austríaco, este es un recorrido por las historias que emergen detrás de sus obras más emblemáticas

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Gustave Klimt: el pintor pornófilo que creó un mundo con forma de mujer
Gustave Klimt: el pintor pornófilo que creó un mundo con forma de mujer

“Estoy menos interesado en mí mismo como sujeto de pintura que en otras personas, sobre todo en las mujeres”, dijo Gustav Klimt, de quien se celebran160 años de su nacimiento.

Klimt es, gracias a El beso, uno de los pintores más conocidos del mundo. Tuvo en su carrera distintos momentos pictóricos, fue un academicista clásico y con la Sececión de Viena viró hacia el modernismo, creando un estilo tan personal como inconfundible: un estilo que supera su peso en oro. Sus obras más famosas corresponden, justamente, a esa Etapa dorada que apenas duró ocho años, aunque tuvo otras como la Caleidoscópica, y también realizó, ya sobre el final, muchos paisajes.

Durante todo este desarrollo puso a la mujer en el centro de la escena. De hecho, la presecencia masculina en su obra es anecdótica, algún retrato por encargo en sus inicios, o como figuras secundarias en composiciones en las que el erotismo y la fuerza femenina se roban todas las miradas.

Uno de los ejemplos más importantes del cambio que propuso Klimt se encuentra en Judith I (1901), una pieza que subvierte toda una historia de la representación del personaje religioso y que, como con muchas otras obras del artista, despertó más rechazo que admiración.

"Judith I" (1901) en Museo Belvedere, Viena
"Judith I" (1901) en Museo Belvedere, Viena

La temática de Judith decapitando a Holofernes o la sola representación de Judith ya había sido representada casi hasta el cansancio en el pasado. Algunas de las más famosas son las de Artemisia Gentileschi, de la que se hizo una lectura personal sobre su propia experiencia al ser violada por uno de sus maestros de pintura, o de Caravaggio. La lista sigue para adelante y para atrás en el tiempo: Botticelli, Donatello, Miguel Angel, Giorgione, Cranach El viejo, etcétera.

Su Judith es revolucionaria porque cambia la narrativa, la heroína ya no es un instrumento virtuoso de Dios, no hay en la obra ningún rasgo de que haya sucedido algo violento, no hay venganza, siquiera aparece la figura de la criada vieja ayudándola. Su Judith observa al público con una sensualidad descarada, semidesnuda, lo que no sería incorrecto per sé por el momento en que se produce la decapitación, y con un rostro más cercano al goce que al horror. Muchas lecturas se han hecho sobre las anteriores Judith, a las que se las masculinizó por ejercer la violencia o se las observó como personas de moralidad ambigüa, justamente por seducir para llevar a cabo su objetivo. En las dos lecturas hay un corrimiento de la mujer, un borramiento de su capacidad de decisión y sus razones; o es un marimacho o es una prostituta, no hay vueltas.

"Judit decapitando a Holofernes", de Artemisia Gentileschi
"Judit decapitando a Holofernes", de Artemisia Gentileschi

Klimt nos propone otra mirada. El nos propone una mujer en control, segura de sí misma, que ejerce un dominio de la situación y del hombre, y que es a la vez feroz y sensual, pero que eso no la convierte en otra cosa. Klimt nos propone una realidad: los humanos somos lo que somos, nuestras acciones nos constituyen, pero tampoco invisivilizan el resto de nuestras características. Klimt pone a la mujer en el centro de la escena a tal punto que si buscamos la cabeza de Holofernes, hay que mriar hacia abajo, donde siquiera aparece completa, es más bien una “mancha” que completa la escena.

Hay una segunda versión de 1909, Judith II, en la que el artista propone otro tipo de femme fatale, tema bastante común en aquella época, mucho menos lasciva y más agresiva, en una situación de escape con los pechos al aire y que por sus gestos parece en trance.

La pieza, una de las últimas de su Etapa dorada, está mucho más “cargada”, lo que está relacionado con el proceso del artista hacia su siguiente fase, y revela su interés por el expresionismo que comenzaba su camino. Mientras en la Judith I, las manos de la mujer parecen acariciar la cabeza, casi como en un gesto de afecto, en ésta están representadas como garras. Ella parece a punto de alzar vuelo como lo haría un ave de rapiña, ya que paradójicamente, en esta pieza, Klimt revela el temor del hombre a la independencia femenina y sus propias contadicciones entre el deseo y la admiración.

 "Judith II", en la Ca' Pesaro de Venecia
"Judith II", en la Ca' Pesaro de Venecia

La pieza se mostró al público en la Bienal de Venecia de 1910 y luego fue adquirida por la Galleria Internazionale d’Arte Moderna, conocida como Ca’ Pesaro, de la ciudad de los canales italiana, su casa hasta la actualidad.

Del aplauso al aprobio

Cuando Klimt recibió el encargo para realizar Filosofía, Medicina y Jurisprudencia para la Universidad de Viena ya era un pintor reputadísimo. El favorito de la sociedad burguesa. Formado en la Escuela de Artes y Oficios vienesa, fue en sus inicos un decorador de interiores que vivía de encargos mínimos.

El primero importante, realizado junto a su hermano Ernst y Franz Matsch, con quienes formaba la Compañía de artistas, fue para el Museo de Historia del Arte de Viena, donde debían ejecutar pinturas que representaran importantes períodos del arte, uniendo el antiguo Egipto con la Grecia clásica y Roma. El trabajo no era sencillo, ya que la superficies se encontraban entre columnas y arcadas de la escalera principal, a unos 12 metros, pero el resultado fue maravilloso.

Klimt en el Museo de Historia del Arte de Viena
Klimt en el Museo de Historia del Arte de Viena

Luego hizo interiores de otros edificios públicos como el Teatro Imperial, el Burgtheater, que le valió la Orden de Oro al Mérito de manos del Emperador en 1888 y por el que fue nombrado miembro honorario de las universidades de Múnich y Viena.

El Burgtheater tiene, por otra parte, el único autorretrato del artista. “Nunca he pintado un autorretrato”, dijo una vez, lo que es una verdad a medias. Es cierto que jamás se sentó por horas frente a un espejo para representarse a sí mismo, pero para esta obra temprana, para la que tuvo que realizar 10 pinturas para el techo junto a su hermano y Matsch, el presupuesto no alcanzaba para contratar modelos, por los que no les quedó otra alternativa que acudir a amigos y familiares.

Así que los tres artistas, en la pieza que representa al Teatro Globe de Shakesperare, se autorepresentaron, junto a Hermine y Johanna Klimt; todos juntos componen la parte de los espectadores que aparecen de perfil a la derecha, mientras que Georg Klimt interpreta al moribundo Romeo. ¿Cuál es Gustav? Es el hombre justo detrás de la mujer cuyo rostro barbudo descansa sobre un cuello de gorguera.

El "Teatro Globe de Shakesperare" contiene el único autorretrato del artista
El "Teatro Globe de Shakesperare" contiene el único autorretrato del artista

En resumen, Klimt había llegado ya a los 20 años a ser apreciado y aplaudido por los escalafones más altos de la sociedad. Pero eso iba a cambiar.

Ya en solitario, en 1894, le encargaron tres pinturas para decorar el aula magna de la Universidad de Viena: Filosofía, Medicina y Jurisprudencia. Klimt no era un pintor rápido, y solía trabajar con varias obras a la vez, por lo que se tomó su tiempo. En el mientras tanto, una comisión supervisaba los bocetos y todo, más o menos, iba sobre rieles.

En 1897 irrumpe en la escena cultural vienesa la famosa Secesión, un grupo de artistas burgueses reconocidos, que como jóvenes que eran rechazaban lo anterior y pedían una refundación. En la prensa se la llamó la “Revolución de Edipo” y hoy como el momento que Austria se abre al modernismo. No hubo un estilo único, ni manifiesto, sí muchas exposiciones y a la vez, un deseo de ser aceptados por la academicismo imperante como alternativa y no desde la confrontación. Pero se sabe, las academias nunca están abiertas a nuevas corrientes y los rechazaron. Su primer presidente, el más genial de todos ellos, Gustav Klimt.

Retrato de grupo de los artistas de la Secesión vienesa. Gustav Klimt con su delantal en el "trono" y Kolo Moser sentado frente a Klimt. Fotografía de Moriz Naehr, 1902
Retrato de grupo de los artistas de la Secesión vienesa. Gustav Klimt con su delantal en el "trono" y Kolo Moser sentado frente a Klimt. Fotografía de Moriz Naehr, 1902

Esto produjo conflictos internos en el artista, donde habitaban por un lado el rupturista, el inconformista y, por otro, el que deseaba continuar con su acomodado estilo de vida. Así que cuando presentó las obras en 1905 el escándalo explotó, los amantes del arte oficial, odiaron los obras y para los jóvenes no era lo suficientemente secesionista. Pero la verdad es que nadie se había atrevido a ir tan lejos y tan contra la corriente.

Quienes le encargaron los cuadros esperaban un acercamiento mas de tipo renacentista, clásico, a fin de cuentas era la institución formativa más importante de la ciudad, pero el artista se olvidó de lo prometido y realizó alegorías con críticas a los establecimientos que incluyeron desnudos. Imperdonable.

Esto despertó una ola de críticas, durísimas, en medios y los círculos vieneses, desde los políticos a los profesores, que se negaban a dar clases si las piezas llegaban a colgarse. Lo llamaron pornófilo, dijeron que las piezas eran feas, como mínimo.

Los cuadros para la Universidad de Viena: "Filosofía", "Medicina" y "Jurisprudencia"
Los cuadros para la Universidad de Viena: "Filosofía", "Medicina" y "Jurisprudencia"

Quizá, en ese momento, para Klimt recibir tantas críticas habrá sido lo peor que podría sucederle. Pero para la Historia del arte fue lo mejor, sin dudas, ya que nunca más trabajó para el Estado y pudo dejar salir lo mejor de su producción, la mítica Etapa dorada y la Caleidoscópica. Klimt devolvió el dinero del encargo y reclamó sus obras, pero se negaban a entregárselas. Dice la leyenda, que con una escopeta en mano se acercó hasta la universidad, para que se las devolvieran, y así sucedió.

Las tres pinturas ya no existen. En 1945, cuando el nazismo aceptó la derrota en la Segunda Guerra, incendió el castillo de Immendorf, donde se almacenaron muchas de las piezas de Klimt, con tal de que los rusos no las tomaran como tesoro.

Sin embargo, se pueden apreciar digitalmente.Tras un trabajo de Google Arts & Culture y la Galería Belvedere, que tomó 80 cuadros y todo el archivo fotográfico que las incluía, para diseñar un algoritmo que las reconstruyó e incluso llegó a darles el color que tenían.

Dos especialistas trabajan en la reconstrucción de las obras incendiadas de Klimt (Google Arts)
Dos especialistas trabajan en la reconstrucción de las obras incendiadas de Klimt (Google Arts)

Una historia de expolio: La dama de oro

Conocida como “La mona Lisa moderna”, Retrato de Adele Bloch-Bauer I fue en su momento la más cara jamás vendida en una subasta, cuando salió al mercado en 2006 y fue adquirida por Ronald Lauder, heredero del imperio cosmético Estée Lauder y propietario de la Neue Galerie en Nueva York, por USD 135 millones, donde se encuentra en la actualidad.

La obra fue un encargo de Ferdinand Bloch, un rico industrial azucarero judío, también coleccionista de arte -llegó a tener 7 obras del austríaco-, de origen checoslovaco que poseía una mansión en Viena. La modelo, su esposa Adele, la única mujer a la que Klimt pintó en dos retratos.

Retrato de Adele Bloch-Bauer I
Retrato de Adele Bloch-Bauer I

No hay documentos, pero algunos historiadores sugieren que el artista y Adele habrían mantenido un affaire y que esa fue una de las razones por la que tardó muchísimo en realizar la obra, entre 1903 y 1907.

También tiene mucho peso en este rumor el hecho de que Klimt tuvo muchísimas amantes a lo largo de su carrera, en su gran mayoría sus modelos, a tal punto que tenía una habitación anexa a la casa principal, en la que vivía con su madre y sus dos hermanas, en la que las mujeres podían quedarse por el tiempo que durase el trabajo, y porque cuando el pintor murió en 1918 hubo 14 demandas por paternidad, aunque solo 4 se dieron por válidas.

El cuadro pertenece a su famosa Etapa dorada, como muchas de sus obras más conocidas. Realizado en el estilo Jugendstil o Art nouveau, y posee una historia de luchas que se produjo tras la muerte de su modelo, en 1925, por tuberculosis.

 Adele Bloch-Bauer alrededor de 1910
Adele Bloch-Bauer alrededor de 1910

En su testamento, que fue más bien una carta de intenciones sin sello oficial, Adele quería que se donaran las obras de Klimt pertenecientes al matrimonio a la Galería Belvedere, ya que no habían tenido hijos. Pero cuando los alemanes anexaron Austria en el anschluss, Ferdinand huyó a suiza dejando todas sus posesiones detrás, las que fueron confiscadas por el nacionalsocialismo.

El expolio de arte fue una costumbre arraigada de los triunfadores sobre los vencidos desde la antigüedad, pero hubo dos momentos históricos que se llevó a niveles inimaginables. El primero fue durante el Imperio Napoleónico, que básicamente robó el patrimonio de todos los países conquistados, y el segundo fue el nazismo. Al día de hoy, se calcula que aún hay más de mil obras que no regresaron a sus verdaderos dueños.

Cuando el empresario falleció en el exilio, en el ‘45, también labró un testamento, desoyendo el deseo de su esposa, legó las obras a sus tres sobrinos: Robert, Luise y Maria, los hijos de Gustav y Theresa, su hermano y la hermana de Adele.

Trailer de "La dama de oro": Maria Altmann, una anciana judía que huyó de Viena durante la Segunda Guerra Mundial, regresa sesenta años después para recuperar una emblemática pintura de Gustav Klimt que perteneció a su familia

En la película La dama de oro (2015), con Helen Mirren y Ryan Reynolds, se recrea la historia de Maria Viktoria Bloch-Bauer, Altmann de casada, quien a los 82 años comenzó una batalla legal para recuperar las obras robadas por lo nazis. El nombre de la película hace referencia a cómo se llamó al cuadro en el Belvedere durante el nazismo, ya que se intentó borrar quien era su protagonista por su ascendencia judía.

A fines del siglo XX, Austria aseguró que estaba dispuesto a devolver el patrimonio expoliado, pero fue más un gesto discursivo que real. Así que Altmann luego de perder ante el tribunal austríaco encargado de estos casos, comenzó un proceso desde EE.UU. que llegó hasta la Corte Suprema y que luego continuó en el país europeo. Finalmente, en 2006, los cuadros viajaron hacia EE.UU. y fueron expuestos en Los Angeles County Museum of Art, año en el que salió a la venta.

Maria Altmann posa junto a una reproducción de la obra
Maria Altmann posa junto a una reproducción de la obra

Por otro lado, Maria también recuperó entre las obras de Klimt el otro cuadro de su abuela segunda: Retrato de Adele Bloch-Bauer II, que también salió a subasta aquel año y que tras una puja alcanzó los USD 88 millones, y que tuvo a la estrella de la televisión estadounidense Oprah Winfrey como ganadora.

Esta pintura corresponde al periodo Caleidoscópico de Klimt, también conocido como Florido, al que ingresó tras el dorado. El artista se encontraba en una encrucijada creativa entonces, las vanguardias que hacían eclosión en París concentraban la atención y el gusto de los compradores, por lo que viajó a la Ciudad de la Luz y sintió una conexión con el fauvismo y en especial con la paleta de Henri Matisse.

Retrato de Adele Bloch-Bauer II
Retrato de Adele Bloch-Bauer II

De allí este cambio radical no tanto en lo compositivo de las figuras, sino en la coloración, que lo acompañaría hasta los últimos años de su vida.

Adele Bloch-Bauer II estuvo expuesta en el MoMa desde 2014 hasta 2016, luego pasó por la Neue Galerie para la exhibición Klimt y las mujeres de la edad dorada de Viena, 1900–1918 que se extendió hasta enero de 2017, siendo esta la última vez que se la vio en público ya que fue comprada por un millonario chino no identificado por USD 150 millones.

"Avenida a Schloss Kammer" (1912), "Dama con un abanico	" (1917) y La "Virgen"	(1913), todas de su etapa caleidoscópica
"Avenida a Schloss Kammer" (1912), "Dama con un abanico " (1917) y La "Virgen" (1913), todas de su etapa caleidoscópica

El más famoso de todos los besos

Sin dudas, la obra más conocida del austríaco, y que se puede encontrar en infinidad de productos, de tazas a vestimenta, a tal punto que en 2012 el Museo de Viena organizó el concurso “¡Lo peor de Klimt!”, en el que los participantes enviaron imágenes de los recuerdos más bizarros relacionados al artista.

Hubo de todo, desde un asiento de inodoro, un patito de goma hasta un ataúd, pero el premio se lo llevó un huevo de ganso con incrustaciones de perlas, que se abre para revelar una interpretación muy dudosa de El beso.

Afiche del concurso "¡Lo peor de Klimt!"
Afiche del concurso "¡Lo peor de Klimt!"

Pero volvamos a la obra. Finalizada entre 1907 y 1908, fue realizada a partir de óleo con laminillas de oro y estaño, en un lienzo cuadrado (180 x 180 centímetros), otra marca en el estilo de Klimt, como también puede apreciarse en Retrato de Adele Bloch-Bauer I.

Hagamos algo de historia: Klimt comenzó su Etapa dorada tras un viaje a Italia en 1903, cuando visitó los mosaicos bizantinos de la iglesia de San Vital, en Rávena, y, por otro lado, el material no le era para nada ajeno, ya que su padre trabajaba con éste como grabador itinerante. En ese sentido, las láminas se ajustaban a su estilo sin perspectiva, ya que otorgaban esa sensación de profundidad de la que carecían.

"El beso"
"El beso"

El cuadro simbolista muestra el momento íntimo de una pareja, que parecen flotar ajenos a lo que sucede; ella, con los ojos cerrados niega la presencia del público y se encuentra casi al borde de un precipicio, mientras que la cabeza de él se encuentra cerca de la parte superior, rompiendo con las tradiciones, también absorto de su entorno. La obra, influenciada por el ukiyo-e, tiene dos tonalidades de dorados que separan el fondo de esa especie de aura que se genera cuando sus cuerpos se unen.

Llamada primero Los amantes, se desconoce quién fue la modelo, aunque hay dos teorías. Una es que representaría su relación con Emilie Flöge, su única pareja y con quien nunca se casó. Flöge no solo fue su compañera, sino que brilló con luz propia.

Retraro de Emilie Flöge por Klimt de 1902 y una fotografía de ambos de alrededor de 1910, donde se nota la impronta de la modista en la vestimenta del pintor
Retraro de Emilie Flöge por Klimt de 1902 y una fotografía de ambos de alrededor de 1910, donde se nota la impronta de la modista en la vestimenta del pintor

Toda una personalidad de la bohemia vienesa, fue una destacadísima diseñadora y empresaria de modas, junto a su hermana Helene, que llegó a tener un taller con 80 costureras. Por otro lado, influenció en la imagen de Klimt, a quien vistió, y en la composición estética de los ropajes de muchas obras del pintor. Lamentablemente, cuando el nazismo incendió el castillo de Immendorf no solo se perdieron obras del artista, sino también su colección de ropa. Antes de morir, las últimas palabras de Klimt fueron “llamen a Emile”. Ella no llegó a despedirse a tiempo.

La otra apunta a la modelo Hilda Roth, conocida como Red Hilda, quien aparece en varias pinturas como Peces dorados (1901/1902), la hipersensualizada Dánae (1907/1908) y Dama con sombrero y boa de plumas (1909), su única obra impresionista. También se apunta que durante el tiempo que trabajaron juntos podrían haber sido amantes, eso hasta 1914 cuando ella se mudó a Kiel, Alemania.

"Peces dorados" (abajo), "Dánae" y "Dama con sombrero y boa de plumas", tienen como protagonista a Hilda Roth
"Peces dorados" (abajo), "Dánae" y "Dama con sombrero y boa de plumas", tienen como protagonista a Hilda Roth

Algunos críticos del arte argumentaron que la pieza representa el momento en que Apolo besa a Dafne, siguiendo la narrativa de las Metamorfosis de Ovidio, o la historia de Orfeo y Eurídice, mostrando el instante exacto en el que personaje de la mitología griega se da la vuelta para acariciar a Eurídice y pierde su amor para siempre.

A Klimt no le interesaba nada explicar sus obras, ni tampoco documentar sus procesos y menos escribir en exceso sobre su vida en cuadernos; lo que sabemos sobre su privacidad proviene en su mayoría de cartas. Se cree que para muchos de sus cuadros utilizaba el rostro de una modelo y partes del cuerpo de otras, por lo que, a día de hoy, resulta imposible asegurar tanto quiénes fueron las modelos o si, a nivel personal, fueron realmente sus amantes. Incluso, en ese sentido, hay teorías que aseguran que jamás intimidó con Flöge y que solo habrían sido amigos; así de misterioso era el hombre.

La manera en que representó los cuerpos yuxtapuestos no era novedosa en su obra, ya que lo había hecho como parte de dos producciones mucho más grandes: en el Friso de Beethoven (1902), que se encuentra en el Pabellón de la Secesión, y en el Friso del Palacio Stoclet de Bruselas (1905-1911). Tampoco lo fue el beso, como tema, que había sido representado de manera bastante diferente antes de unirse al sececionismo, aunque también con el concepto de vacío alrededor, como en Amor (1895), que se encuentra en el Museo de Historia del Arte de Viena.

Detalle del "Friso de Beethoven" y  del "Friso Stoclet", y "Amor"
Detalle del "Friso de Beethoven" y del "Friso Stoclet", y "Amor"

A diferencia de otras piezas, El beso fue aceptada por la crítica de manera inmediata y encontró comprador aún antes de ser terminada, ya que Klimt hizo varios retoques una vez que fue adquirida por la Galería Belvedere, donde aún se encuentra. Hasta ese año, lo máximo que se había pagado por una obra en Austria habían sido 500 coronas, pero El beso alcanzó los 25 mil (alrededor de USD 240 mil actuales). Una modelo, por su parte, cobraba hasta 5 coronas por hora de trabajo.

“Quien quiera saber algo sobre mí, como artista, lo único destacable, debe mirar detenidamente mis cuadros y tratar de ver en ellos lo que soy y lo que quiero hacer”, escribió Klimt, el pintor que creó un mundo con forma de mujer.

Gustav Klimt y su "Arte de la vida" (1909) detrás
Gustav Klimt y su "Arte de la vida" (1909) detrás

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