La belleza del día: “El beso", de Auguste Rodin

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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“El beso" (1881) de Auguste Rodin (Foto: Museo Rodín)

Entre todas las historias de amor que se contaban en la Edad Media y se siguen contando hoy, está la de Paolo Malatesta y Francesca da Rimini. Ella era hija de Guido da Polenta, príncipe de Ravena y se casó con Gianciotto Malatesta por razones políticas pero nunca estuvo enamorada. Un día conoció a su cuñado, el hermano de Gianciotto, y su corazón comenzó a latir con fuerza.

Comenzaron hablando regularmente y mirándose con algo más que mera atracción hasta que asumieron lo que sentían y se volvieron amantes. Su amor fue intenso, pero duró poco. Tal vez Gianciotto sospechaba, pero no lo podía creer. Entonces los vio. Fue una tarde. Paolo y Francesca estaban desnudos besándose. Los mató a los dos. El asesinato ocurrió entre 1283 y 1286.

Auguste Rodin se inspiró en esta histórica escena para construir su escultura de 1881. Lleva por título El beso y hoy permanece en el Museo Rodin en París. Rodin era un gran lector y quedó maravillado con La Divina Comedia, el poema de Dante Alighieri de principios del siglo XIV. En el infierno dantesco Paolo y Francesca están en el círculo de los lujuriosos.

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“El beso" (1881) de Auguste Rodin (Foto: Museo Rodín)

Es interesante la decisión de Rodin de representarlos en el momento en que se besan con una pasión íntima y universal. Para los especialistas, la fuerza de esta escultura reside en su lenguaje universal, pero también en que sea la mujer la que abraza al hombre, como quien instiga la pasión, era algo muy poco común. Eso muestra un quiebre cultural incluso.

La pieza original mide 86 centímetros. Rodin sacrificó la exactitud anatómica para valorizar la expresividad. No hay una búsqueda precisa de las medidas fisiológicas humanas sino, por el contrario, una necesidad de acentuar el romance, el momento del adulterio, de la trampa, del encuentro furtivo, del “aquí y ahora” del amor, justo antes de que Gianciotto los vea y los asesine.

Rodin hizo el diseño en el proceso creativo de La Puerta del Infierno, pero en un momento entendió que debería ser una pieza autónoma. Formó parte de esa gran obra que da cuenta del infierno dantesco pero decidió quitarla. Quizás por su dulzura. Fue exhibida por primera vez en 1887 en París con el título Francesca da Rimini. El público la rebautizó como El beso.

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Auguste Rodin (1840-1917)

Debido al éxito de la escultura, el Estado francés le encargó dos versiones ampliadas en mármol. Un problema con el tallador Jean Turcan hizo que, en vez de tardar un año (habían acordado para develarla en la Exposición Universal de 1889), demorara diez. En 1898 se expusieron en el Salón de la Sociedad Nacional de las Bellas Artes.

Pero Rodin no la consideraba su mejor obra. En absoluto. Decía que era demasiado académica tanto en su plástica como en el contenido. En la gran exposición de 1900 en el Pabellón del Alma decidió no incluirla. Pero al público le encantaba, entonces firmó un contrato de veinte años con la casa fundidora Gustave Leblanc-Barbedienne para que la reproduzca en varios tamaños en bronce.

Muchas versiones realizadas por esta casa fundidora se encuentran en la Galería Nacional de Arte de Washington, el Centro de Arte Cantor de la Universidad de Stanford, el Museo Soumaya y el Museo de la Legión de Honor en San Francisco, entre otros. También hay muchas versiones en yeso que hizo el artista; una de ellas está en el Museo de Bellas Artes de Buenos Aires.

“El beso" (1881) de Auguste Rodin (Foto: Museo Rodín)

En mármol, Rodin hizo tres. La primera, que fue encargada por el gobierno francés, está en el Museo Rodin. La segunda, un pedido de Edward Perry Warren, se encuentra en la colección de la galería Tate en Londres. Y la tercera, que pidió el coleccionista danés Carl Jacobsen, está en Ny Carlsberg Glyptotek de Copenhague. Hay una cuarta: la hizo Henri Greber, tras la muerte del artista, para el Museo Rodin de Filadelfia.

Auguste Rodin nació en París el 12 de noviembre de 1840. Se lo considera el padre de la escultura moderna ya que su obra rompe con el canon académico que dominaba en el siglo XIX donde la escultura se limitaba a imitar la naturaleza. Con Rodin, el objetivo comenzó a ser otro: amplificar la naturaleza, exagerarla, estetizarla. Murió en Meudon, Francia, en 1917, a los 77 años.

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