Juan Terranova: “¿Cómo vamos a hablar con los robots cuando ellos nos digan que nos aman o nos odian?”

El autor argentina dialogó con Infobae Cultura sobre “Otra historia de amor”, en la que regresa al terreno de la pasión, pero esta vez desde una mirada distópica, con la relación amorosa entre un humano y una entidad mecánica

Juan Terranova

En su última novela Juan Terranova (Buenos Aires, 1975), Otra historia de amor, el autor insiste en escribir historias de amor -o escribir sobre lo que ama, que es casi lo mismo- sin que su literatura logre escapar de las redes insidiosas del odio.

Acaso en su tropezón el escritor muestre su intensidad, su empecinamiento, su disposición, en definitiva, a volver a fallar. El autor “fuertemente envenenado” recae en los sintagmas de cierta angustia contemporánea y deambula, como quien fue expulsado del paraíso, por el terreno de todo aquello que el amor no podrá salvar. Se trata, la suya, de una literatura catastrofista. Siendo ahora el terreno una palpable ciencia ficción, podría decirse distópica. Tal vez para la última creación de este prolífico escritor “ex promesa de la literatura de su país”, tal cual se describe en Twitter, no haya tantos lectores como lo mereciera, sumadas las inclemencias de la pandemia para la circulación del libro de papel. Pero es, justamente bajo el inevitable régimen de lectura del aislamiento social y virtualización de la comunicación humana, el momento exacto para que Otra historia de amor sea, quizá sin buscarlo -un texto sorprendido también por la pandemia- un ensayo extraordinario sobre el amor en la era de la reproductibilidad digital. Esta nouvelle habla de su tiempo escapando de él, en este caso hacia adelante.

La novela que publica valientemente la editorial Azul Francia es, en efecto, una de ciencia ficción: el narrador -que lleva el nombre y apellido del autor- se enamora de una androide. Juan, dueño de un tono intimista parco pero sincero, conoce por Tinder y queda extrañamente fascinado por María. Esa fascinación no es otra cosa que el comienzo de un enamoramiento que se expande sutil a lo largo del texto. María: ¿puede nacer del vientre de una robot el mesías que salve a esta humanidad mixta y relativizada?

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Ligado en su obra a extrañas formas de la religiosidad, la persistencia de Terranova en escribir sobre el amor tiene algo de acto de fe. Ahora avanza hacia un terreno extraño: la construcción de esa relación -algo tóxica, se podría adjetivar hoy- como un camino que el protagonista recorre para mirarse, cada vez más, en el espejo quebrado, difuso, de la máquina. Descubrirse hombre. El reencuentro del ser deseante pero mortal, sensible pero irremediablemente limitado: “La técnica no piensa, va hacia adelante. Ninguna técnica mira el presente o sus restos”, escribe Terranova y Juan comienza a sentirse un resto abandonado.

"Otra historia de amor" (Azul Francia), de Juan Terranova

-¿Por qué escribir otra historia de amor?

Una vez John Lennon dijo que Paul McCartney solamente podía hacer canciones tontas de amor. Y Paul, que ya estaba con los Wings, escribió “Silly Love Song” como respuesta, una canción muy linda, cuyo estribillo es “I love you”. “Silly Love Song” me gusta mucho. Aunque la historia de Johnn y Paul no sea cierta, la canción señala que sólo podemos cantar al amor o a la guerra, y a la hermana menor de la guerra, la política. Así que Otra historia de amor avisa eso mismo desde el título. Aunque también la otredad del título pueda referirse a que, esta vez, lo que se ama no es humano, es un androide, que comporta cierta otredad falsa o distorsionada en la novela. En esencia es la historia de un hombre que ama a una mujer y las cosas que les pasan con ese amor. Como cantó Coverdale con White Snake, here we go again.

-¿Es posible, finalmente, el amor entre María y Juan?

- Creo que el amor es posible por momentos. Desde luego, esos momentos cuando ocurren parecen eternos. Que sea eterno mientras dure, dijo Vinicius de Moraes.

Como en un estallido las comunicaciones virtuales en la cuarentena obligatoria aceleraron la irrupción telemática de fantasías largamente tramadas. Otra historia de amor encuentra a sus lectores experimentando una escena adelantada en sus tiempos. El cerebro de la androide María es Internet y los cerebros de los usuarios sus neuronas. Pero intrigada, en una operación fuera de cálculo, la androide sexual indaga en Juan los caracteres de lo humano. Encuentra la histeria, la estupidez, el miedo, el morbo… bajo la forma inexplorada del amor. La robot intuye la gramática humana. Le genera más dudas. No termina de comprometerse. “Las cosas bellas hay que cuidarlas, dije. Pero los hombres ven algo bello y lo destruyen, respondió ella. “Creo que esa es una de las tantas formas del amor”, arriesga él, y ella retruca; “A mí me suena a una forma de extinción”.

-El contexto obliga. Una novela que avanza en tus indagaciones previas sobre la relación entre la máquina y el humano -que se extiende hasta el binomio literatura e internet o nuevas tecnologías-, ¿qué nuevas lecturas, creés, aporta la exacerbación repentina de la comunicación virtual -que incluye, claro, a las pasiones-? ¿Qué aporta, acaso, Otra historia… en este sentido?

-Estoy convencido de que con Internet y sobre todo con las redes sociales pasamos a un estadío humano en el cual las relaciones, amorosas, sexuales, laborales, familiares, ya no son posibles sin el intermediario digital. No hablo solo del sexo a distancia o de la video llamada a tus amigos. Es algo más arraigado. Internet es hoy nuestra naturaleza libidinal, somos protagonistas, paisaje, escenario y escenografía, todo al mismo tiempo. Conocés una chica por Ok Cupid o Happn, le pasás tu Instagram, hablas por Whtassap, compartís música por Spotify, o material audiovisual por YouTube, las espiás por Facebook, leés sobre sus gustos en Twitter, arreglás para verla en un bar que encontrás por Google Maps, te sacás fotos fornicando... Todas estas aplicaciones no son herramientas estériles. Bueno, ninguna herramienta es estéril. Pero, a lo que voy, es que cuando finalmente tu cuerpo choca contra otro cuerpo, tu neurosis del siglo XXI ya está cargada con toda esa nutrida interacción digital. Lo sabemos: el órgano sexual más potente es el cerebro. Y hoy está digitalizado. Pero todo pasa y todo cambia muy rápido. En mi novela los protagonistas se conocen por Tinder, lo cual demuestra, por ejemplo, que yo ya estoy viejo.

María es hermosa e ingenua. La robot intuye la gramática humana. Le genera más dudas. No termina de comprometerse. Pero en su transición humana es idealista y serena, como la joven del cuadro de Murillo -que Terranova usa como una silueta para trazar sus ideas-, que mira hacia el futuro, pero acompañada de una vieja que ríe. Que descree. Ese es Juan. El ya viejo humano, que sabe a hombre, que no predica una moral de superhéroe rodeado de androides revolucionarios (encabezados por Vladimir y Mark), sino una ética medianamente digna -es decir, llena de deseos sin explorar- para el individuo anónimo sometido al azar y las presiones sociales. Como en Séneca: el poder del yo, solitario y libre. “Quiero llegar a casa y dormir la siesta con vos, dije. La ansiedad, el sentimiento más humano, me corrigió María. ¿El único? Pregunté. Ustedes son la ansiedad, respondió, nosotros somos la nada, por eso te gusta cogerme”.

El amor que siente Juan por María es de los que ya no gustan. Intenso, su contracara es un collage de sensaciones, que van de la frustración al odio. Un amor que se vuelve deseo inoperante, en estado puro, irrefrenable. Por eso también Otra historia de amor recoge los escombros abandonados por los buenos modales literarios contemporáneos, la presencia fatídica, cansadora, de un amor posesivo, celoso, consensuadamente violento… romántico. Ensayo de prosa operativa y económica, casi twittera, el último libro de Terranova se extiende sobre afirmaciones anteriores, en un tejido teórico que absorbe su literatura y es parte de su formación, de su estilo y su manera de pensar. Dijo, alguna vez: “Las pulsiones, lo sabemos, esa parte reptil de nuestro cerebro, no pueden triunfar. Si triunfa la pulsión, lo que triunfa es la iguana comiéndose a sus hijos, es la Skynet de Terminator. Y eso implica un grado de violencia, un grado de desorden, un grado de caos”. Pulsiones, robots, violencia y caos se enfilan sin orden en las reflexiones breves que Otra historia de amor expone con dicción filosófica.

(@juanterranova)

-Hay cierta, sino reivindicación, indagación de un tipo de amor hoy más bien cuestionado. Pasional, pulsional, siempre resbaladizo entre la inocencia y la muerte. Y no sólo en esta novela, por recordar la reciente La piel. ¿Por qué? Sería un poco absurdo, como se ha insinuado más de una vez, pensar en una provocación contracultural.

-¿Quién cuestiona la pasión y la pulsión hoy? Caminamos siempre entre la inocencia y la muerte, ¿por dónde vamos a caminar si no? Todas las épocas sufren la moral que ellas mismas generan. Las historias que vale el esfuerzo leer, las mejores historias, son las que contradicen esa moral, la examinan, la desarman. Me gustan las historias que proponen una ética contra la moral y el status quo, las que exponen las contradicciones de cuerpo y alma, las que tienen vocación dialéctica. ¿Cuál es el amor que hoy no se cuestiona? ¿El amor literal? ¿El amor pasivo? ¿El amor filial? Las formas del amor siempre nos muerden la cara.

- Por su tono, por sus temas, por la gravedad parca de sus reflexiones, Otra historia… parece también un ensayo sobre las relaciones complejas entre el humano y las tecnologías, sus efectos mutuos. ¿Coincidís con esta percepción? ¿Cuál sería, si la hubiera, su hipótesis?

- Sí, ojalá sea leída así. Sería el otro costado de la novela. Pero es una novela, no es un ensayo. Esta vez las hipótesis quedan a cargo del lector. Por otra parte, yo solo puedo opinar agua sucia sobre mis propios esfuerzos.

- Desde el telerabajo o el estallido de las Apps de delivery al conflicto entre Mercado Libre y Camioneros. Hay un mundo que se agita al calor de un mercado laboral que parece ir más lento que el desarrollo de los medios productivos y las tecnologías. ¿Es pesimista tu caracterización sobre ese porvenir?

- Lo digital va muy rápido. Nos deja un poco perplejos pero ¿más que al primer peatón que vio pasar un auto por primera vez? Creo que sí, creo que la velocidad hoy no es una anécdota. Nos atraviesa y, desde luego, como de costumbre con la tecnología, alivia a algunos pero, en general, castiga a los que menos tienen. La respuesta, ya lo sabemos, está en la política. Tenemos que empezar a pensar a la tecnología en relación a la política. Si lo hacemos, vamos a tener chances de continuar como especie. Si la política falla, y hay ejemplos de que eso puede suceder, es muy posible que el homo sapiens se extinga. Mueren las ciudades, mueren las estrellas, la muerte es una garantía desde el primer momento de existencia. La novela también trata ese tema. ¿Cómo vamos a hablar con los robots cuando ellos nos digan que nos aman o nos odian? La respuesta que demos va a ser, sin duda, una respuesta política.

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