Guarda en su estudio los múltiples premios que cosechó en sus 47 años de carrera e inauguró una estantería especial con los premios internacionales. Allí descansan la Copa Volpi del festival de Venecia, la Concha de Plata de San Sebastián, el premio de Málaga, el Platino y pronto llegará el Fénix que acaba de recibir por su actuación en El ciudadano ilustre.

Para Osca Martínez todos los premios son motivo de orgullo y alegría, pero el reconocimiento de ser elegido como académico de número por la Academia Argentina de Letras lo sorprendió: "Un premio en Venecia, un premio en Cannes, un Oscar, son premios difíciles para un actor sudamericano pero posibles. De hecho participé de dos películas que fueron al Oscar por Argentina, La tregua y Relatos salvajes. La distinción de la Academia de Letras no estaba en el menú"

El sillón que ocupará es el de Ventura de la Vega, un dramaturgo nacido aquí, que a los seis años emigró a España. "La Academia tiene un artículo en su estatuto por el cual habla de la importancia de que haya un dramaturgo o más de uno en el cuerpo académico. Por supuesto que no se deja de tener en cuenta el itinerario que tengo como profesional de la actuación, pero lo que se valora fundamentalmente son las tres obras escritas y el libro de ensayos sobre el trabajo del actor. También consideraron la mesura en mis declaraciones, la ecuanimidad o el poder expresar el disenso con serenidad" explica el autor de Ella en mi cabeza, Días contados, Pura ficción y Ensayo general. Apuntes sobre el trabajo del actor.

Oscar Martínez se llevó el premio a Mejor Actor en el Festival de Cine de Venecia 2016 por su rol en “El ciudadano ilustre”
Oscar Martínez se llevó el premio a Mejor Actor en el Festival de Cine de Venecia 2016 por su rol en “El ciudadano ilustre”

— El reconocimiento de la Academia Argentina de Letras no es una estatuilla, no lo podés poner en la repisa, ¿le armamos una cartulina?

— (Risas) Bueno, me dijo el presidente de la Academia que en aproximadamente tres meses me llegaba un certificado imperial, porque cuando el cuerpo académico de la Academia Argentina de Letras te nombra académico, automáticamente pasás a formar parte de la Real Academia Española, ahí le hacemos una foto y te lo muestro.

— ¿Todavía emocionan los premios?

— Sorprende y emociona. El Premio Fénix que acabo de recibir es un premio similar casi gemelo a los Premios Platino.

— Que ya lo has recibido también.

— Sí. Son esas cosas un tanto inexplicables porque en realidad de lo que se trata es de promover, fomentar e integrar toda la producción cinematográfica hispano parlante. Son ochocientas millones de personas, y es un mercado cultural muy importante con producciones de todo el mundo de habla hispana. Me parece muy bien que se haga, tenemos que fortalecernos en la búsqueda de acuerdos de integración de nuestras películas; pero preferiría que todo se concentrase en un solo premio y no que hubiera dos que de alguna manera celebran lo mismo. Espero que nadie se enoje por esto que estoy diciendo, pero tendríamos que aunar esfuerzos para tener una sola gran fiesta como es el Oscar.

Oscar Martínez en “El ciudadano ilustre” que le valió múltiples reconocimientos, el último fue el Premio Fenix.
Oscar Martínez en “El ciudadano ilustre” que le valió múltiples reconocimientos, el último fue el Premio Fenix.

— ¿Podemos hacer algún paralelismo con El ciudadano ilustre?

— Y, es curioso el poder de la ficción. Tal es así que tengo que preparar un discurso -para cuando sea el acto formal de mi integración a la Academia- sobre lo que yo quiera, y estaba pensando que podría escribir sobre el poder de la ficción, en función un poco de lo que encierra la pregunta que me hacés y porque además recordé otro hecho. Yo hice hace varios años una miniserie donde hacía un presidente, era un ministro que ganaba las elecciones presidenciales y que después ejercía la Presidencia de la Nación. En ese momento me llovieron propuestas muy altas para hacer política.

— ¿Qué cargo te ofrecieron?

— No lo voy a contar, nunca lo conté, pero era muy importante, muy alto. Mucho más que diputado y todo eso. Volviendo a tu pregunta anterior, lo cierto es que en lo íntimo, en lo personal, lo vivo casi como una recompensa, como una devolución del amor que tengo por la literatura y por la palabra. Siempre pensé que la palabra era la invención más refinada de la humanidad, la perla de la cultura. Porque pensar que una abstracción puede invocar y nombrar a todas las cosas, es decir: "Guau, que herramienta cultural inventó el hombre". Entonces pensé: "Qué afortunado que soy, que esta gente que respeto y admiro tanto haya tenido el desatino de convocarme como miembro de la Academia". Fue una emoción muy grande y si bien después me explicaron que tenía que ver con mi obra escrita y todo, no lo esperaba.

— ¿Cómo te lo comunicaron?

— Primero un amigo que es miembro me contó que había algunas personas, entre las cuales estaban él y el presidente de la Academia, que me iban a proponer y eso fue una noticia, me dijo igual que bajara las expectativas porque después hay una reunión en la que se evalúa, y otra en la que se vota y no siempre el resultado es que esa persona termina formando parte de la Academia. Cuando fue presentada mi nominación supe que había tenido una buena acogida y que dos jueves después se reunían para votar. Y en un momento me sonó el teléfono, me pusieron en contacto con el presidente de la Academia que me dio la noticia, me dijo: "Te vamos a mandar un mail, vos contestalo a la brevedad aceptando y entonces nosotros lo damos a conocer". Y eso hice, colgué y a los dos minutos tenía el mail, lo acepté por supuesto muy honrado. Todavía estaba en shock.

—  ¿Cuál es el legado que quisieras dejar?

— Quiero dejar el testimonio de un compromiso muy grande con la actividad que elegí, que abracé y que me abrazó. Lo que tiene el cine a diferencia del teatro es que el teatro es extraordinario, es maravilloso, insustituible pero efímero, se volatiliza. En cambio el cine sí queda. Entonces a mí en los últimos años sí me importa dejar un testimonio de mi trabajo en el cine, porque es algo que se va a poder seguir viendo cuando yo no esté. Por esa cosa que tiene el ser humano de no aceptar la desaparición física.

— ¿Tenés miedo?

— No, miedo no, me da tristeza, pero miedo no.

— ¿El trabajo se sigue disfrutando igual que al principio?

— Sí. Yo disfruto mucho. He sido siempre muy afortunado, me sobra largamente una mano para recordar algo que yo haya hecho únicamente por sobrevivencia, en general siempre pude elegir entre varios proyectos y elegía el que más me gustaba. He tenido mucha fortuna en eso.

— ¿Los "no" son importantes en la carrera?

— En la vida son importantes, porque cada sí de algún modo incluye un no. En una profesión como la nuestra, en cualquier disciplina artística, son muchas más las veces que dije que no que las que dije que sí. Eso también construye un vínculo con la gente y una trayectoria, una carrera. Hay ciertas cosas con las que no se te puede identificar. Me refiero a algo de lo que tengas que avergonzarte. Dije mucho más que no que sí, en algunos momentos dudé porque pagué costos por eso. Dejé de ganar muchísimo dinero. Eran éxitos enormes de años en la televisión, y yo de golpe me encontraba en dificultades. Pero a la larga cuando mirás retrospectivamente donde estoy ahora digo: "Hice bien, está bien".

Oscar Martínez recibe el prestigioso Premio Platino por su rol en “El ciudadano ilustre”, que se llevó también la estatuilla a mejor película de ficción y mejor guión.
Oscar Martínez recibe el prestigioso Premio Platino por su rol en “El ciudadano ilustre”, que se llevó también la estatuilla a mejor película de ficción y mejor guión.

— ¿Como lector cómo te definís?

— Hay gente que es lectora de por sí, yo puedo leer solo aquello que me apasiona.  Empiezo a leer una novela o un libro de cuentos y, si no me atraviesa, por mejor escrito que esté no lo puedo seguir leyendo.

— Se puede dejar un libro.

— Sí, a mí me ha pasado. Incluso cosas que te recomiendan, cosas que son muy exitosas, y yo digo: "A mí no me ocurre esto con este material por lo tanto no lo voy a seguir leyendo".

— ¿Sos un lector constante?

— Sí, leo menos de lo que leía antes pero leo. Ahora estoy leyendo la última novela de Paul Auster, de quien leí muchísimo, no todo porque ha escrito una barbaridad pero creo que el ochenta o el noventa por ciento de su obra la leí. Los últimos libros editados eran buenos pero no estaban a la altura de las cosas que él había escrito en su esplendor y estuvo siete años sin escribir. Esta novela es maravillosa.

— ¿Vas a volver a escribir?

— No lo sé, supongo que sí porque es algo que me gusta mucho hacer. Pero también necesito mucho tiempo para eso. Cuando te digo mucho, es todo el tiempo. Necesito no tener límites, puedo estar doce horas, mi cabeza está muy ocupada por eso, me toma totalmente.

— ¿Cómo ves la situación actual de los actores?

— La industria está difícil en todo el mundo, yo soy muy afortunado, ahora me voy a España a protagonizar una película, tengo varias propuestas de cine para hacer acá y allá.

“Las grietas de Jara”, su próxima película, se estrena en la Argentina el 18 de Enero.
“Las grietas de Jara”, su próxima película, se estrena en la Argentina el 18 de Enero.

— ¿Cómo está el INCAA?

— La verdad que no estoy al tanto.  Tengo dos películas, y las dos ya tienen resuelto su tema con el Instituto. El Instituto necesitó un tiempo de reorganización, todos sabemos las cosas que han pasado y,  lamentablemente, como en muchos otros departamentos del Estado ha habido corrupción, y no de los últimos años, de muchísimos años. Desde que estoy en esto escuché que había distintos grados de corrupción en el Instituto. Ha pasado un tiempo prudencial como para que estén ordenadas las cosas y el Instituto empiece a funcionar como debe. Porque si bien no te garantiza el costo de una película, es cierto que sin el apoyo del Instituto es imposible hacerla.

— ¿Qué te generó el alejamiento de Luis Brandoni de la Asociación Argentina de Actores?

— Coincido mucho con Beto. Más allá de la medida, que es más simbólica que otra cosa porque en definitiva como él aclaró hay que seguir cobrando y haciendo los aportes correspondientes, yo tampoco me siento representado por la Asociación Argentina de Actores desde hace muchos años. Nunca se partidizó tanto como en los últimos años, que era prácticamente un apéndice de las decisiones del gobierno anterior. Apoyo con toda mi solidaridad lo que Beto hizo y lo que Beto dijo.

— ¿Lo sentiste personalmente?

— Nunca dije esto y no lo digo con rencor sino como algo que me parece significativo. No importa, o sí, que sea yo, fue la primera vez que un actor no solo argentino, un actor latinoamericano, gana un premio en Venecia, que es el festival más antiguo de Europa. Y soy el segundo actor de habla hispana que lo tiene porque en España el único que lo tiene es Javier Bardem. Y no recibí ninguna felicitación de la Asociación Argentina de Actores. Como no la recibí tampoco por los Platino, no la recibí por el nombramiento de la Academia. No por tratarse de mí sino que es la primera vez que hay un actor asociado a la Asociación Argentina de Actores al que la Academia pone en su cuerpo académico. Me parece que, más allá de mí, eso prestigia a la profesión. Y, sin embargo, yo no recibí ninguna clase de salutación, de felicitación. Me parecen cosas que no están bien. Después se ocupan de que a un periodista una empresa privada decidió bajarle el programa, parece que no, que tenía que estar abonado de por vida. Cómo puede ser que se ocupen de eso y que no tengan en cuenta a un asociado. A lo mejor es porque yo expresé mi antikirchnerismo durante los últimos años. Eso no está bien.

“Se me discrimina por mi manera de pensar” dice en esta charla el prestigioso actor, en la que cuenta que durante los últimos años la Asociación Argentina de Actores nunca lo felicitó por sus múltiples premios.
“Se me discrimina por mi manera de pensar” dice en esta charla el prestigioso actor, en la que cuenta que durante los últimos años la Asociación Argentina de Actores nunca lo felicitó por sus múltiples premios.

— En este mundo blanco o negro que estamos viviendo los argentinos haber expresado tu antikirchnerismo, ¿no te impide ver cuando algo está mal del macrismo?

— A mí en absoluto. Por eso yo no soy militante político, porque quiero ser libre para pensar. No quiero que me digan cómo tengo pensar y qué es lo que tengo que decir. Y en toda organización política de algún modo te dicen lo que tenés que decir, tenés que comerte sapos. Yo prefiero ser un modestísimo librepensador y decir lo que pienso siempre, más allá de que adhiera. Por ejemplo adherí mucho al gobierno del doctor Alfonsín, es más, después lo fui valorando cada vez más, pero me invitaban al Salón Blanco y no iba. ¿Por qué? Para poder decir después las cosas que, cuando no estuve de acuerdo, pude decir. Para no ser utilizado también.

— Poder tomar distancia.

— No digo esto que estoy diciendo con un afán antikirchnerista, digo esto que estoy diciendo porque independientemente de cómo yo piense o cómo piensen los compañeros a quienes les tocó en suerte estar en la dirección del gremio, las cosas son como son. Yo no los juzgo por su manera de pensar y siento que a mí se me discrimina por mi manera de pensar. Me pareció horroroso el comunicado posterior a la renuncia de Brandoni, era mejor no decir nada o en todo caso bueno, si querían pronunciarse no hacerlo con esa virulencia. No apruebo nada de todo eso. Si yo estoy en una entidad no soy yo el que envía un saludo o una felicitación, es la entidad. Entonces yo no puedo decidir que la entidad discrimine por ideología política o ni siquiera, por simpatías personales, me pueden detestar, no es ese el problema, estoy hablando de otra cosa. Así que como te digo estoy de acuerdo con Brandoni, a mí tampoco me representa. Y me consta que lo que dijo Beto de que son muchísimos los actores que piensan igual, es verdad.

— Ente tantos reconocimientos ¿El de la Academia es el bronce?

— Es un reconocimiento sí, muy especial. Emocionalmente lo tengo en un altar.

— ¿Qué se puede esperar después?

— No sé, a mí me gusta pensar siempre que lo mejor todavía no lo hice, que no me pasó.

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