En Cuba, los cortes de electricidad que pueden extenderse durante más de 20 horas en La Habana y superar las 48 horas en otras provincias alteran la preparación y conservación de alimentos, reducen el transporte disponible y afectan el suministro de agua. A ese escenario se suma una inflación que reduce el poder adquisitivo de los salarios estatales y encarece productos esenciales de una semana a otra.
La red eléctrica del país acumula fallas desde 2024, cuando comenzaron a multiplicarse las averías en plantas termoeléctricas de antigua tecnología soviética. La falta de combustible profundizó el problema y convirtió los apagones prolongados en una parte habitual de la rutina para millones de cubanos.
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El periodista independiente Iván García, residente en La Habana y colaborador de Diario de las Américas, diario en español de Estados Unidos, explicó que la incertidumbre sobre los horarios obliga a reorganizar la vida familiar. “Ahora cortan la electricidad a las 6 de la mañana y no sabes cuándo volverá”, afirmó a Miami Herald. Según relató, el servicio puede regresar a la mañana siguiente o durante la madrugada.
Cuando vuelve la luz, los hogares concentran en poco tiempo tareas que antes podían distribuir a lo largo del día. Cocinar, lavar ropa, llenar recipientes con agua, cargar teléfonos celulares y otros dispositivos, además de conservar alimentos, se convierten en actividades urgentes.
La falta de refrigeración obliga a comprar comida para cada día
Los apagones limitan la posibilidad de refrigerar carne, lácteos, huevos y otros productos. Por esa razón, muchas personas compran alimentos para consumir el mismo día, aunque esa alternativa aumenta el gasto y exige recorrer mercados con frecuencia. El problema adquiere otra dimensión en un país donde la oferta es irregular y los precios se modifican de forma constante. García contó que un cartón de pollo importado, que costaba 6,700 pesos cubanos, pasó a valer entre 7,500 y 8,000 pesos en pocos días.
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“Los precios suben 1,000 pesos de un día para otro”, señaló el periodista. La variación ocurre en un contexto de menor disponibilidad de combustible, dificultades de abastecimiento y descenso del consumo en comercios privados. El carbón también se encareció porque muchas familias lo usan como reemplazo de las cocinas eléctricas. Una lata cuesta alrededor de 1,000 pesos, según Miami Herald. Quienes consiguen gas licuado enfrentan dificultades similares por la escasez y el costo del producto.
Algunos cubanos reciben desde el exterior paneles solares, baterías y estaciones de energía portátiles. Sin embargo, estos equipos tienen precios superiores a USD 1,000 y resultan inaccesibles para la mayoría de los hogares. Las estaciones EcoFlow, por ejemplo, se convirtieron en un artículo buscado en grupos de compraventa en redes sociales.
La inflación supera el aumento de los ingresos estatales
La Oficina Nacional de Estadística e Información informó una inflación interanual del 20.7% en julio, en comparación con el mismo mes de 2025. El Panel de Inflación de Steve Hanke, profesor de la Universidad Johns Hopkins, calculó una suba mucho mayor, de alrededor del 72% en el mismo período. La diferencia entre ambas estimaciones refleja las dificultades para medir el impacto de los precios en un mercado marcado por la escasez y por la importancia del tipo de cambio informal. Muchos productos de consumo cotidiano se venden fuera de los canales estatales o dependen de importaciones.
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El salario mínimo mensual de un trabajador estatal es de 3,210 pesos cubanos, equivalente a menos de cinco dólares (USD 4.76) en el mercado informal de divisas mencionado en la publicación del Miami Herald.
La combinación de apagones, falta de combustible y alzas de precios obliga a las familias a destinar una parte creciente de sus ingresos a resolver necesidades básicas, como cocinar, trasladarse, conseguir agua y comprar alimentos para el consumo inmediato.
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