Cada 01 de agosto, creyentes de Costa Rica y otros países recorren desde unos pocos kilómetros hasta cientos de ellos para llegar caminando a la Basílica de los Ángeles, una tradición con casi cuatro siglos de historia que combina religión, cultura, identidad nacional y uno de los mayores operativos de seguridad del país.
Hay pocos acontecimientos capaces de detener el ritmo cotidiano de un país entero. En Costa Rica, uno de ellos ocurre cada año durante los últimos días de julio y las primeras horas del 2 de agosto, cuando carreteras, pueblos y ciudades se llenan de personas que caminan con un mismo destino: la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, en Cartago.
La tradición recibe el nombre de Romería, una peregrinación religiosa que para los costarricenses representa mucho más que una caminata.
Es una manifestación de fe, agradecimiento, esperanza y promesas cumplidas que reúne a millones de personas y que es considerada la mayor peregrinación de Centroamérica. Cada año participan más de dos millones de romeros, aunque algunas estimaciones elevan esa cifra hasta los 2.5 millones de visitantes durante toda la festividad.
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Una historia que comenzó hace casi 400 años
El origen de esta tradición se remonta al 2 de agosto de 1635, cuando, según la tradición católica, una joven mulata llamada Juana Pereira encontró una pequeña imagen de piedra de la Virgen María con el Niño Jesús sobre una roca, cerca de un manantial, en lo que entonces era conocido como la Puebla de los Pardos, en Cartago.
La leyenda cuenta que cada vez que la joven llevaba la imagen a su casa, esta reaparecía misteriosamente sobre la misma roca. El hecho fue interpretado por las autoridades religiosas como una señal de que la Virgen deseaba que en ese lugar se levantara un templo.
Con el paso de los siglos, el sitio se transformó en la actual Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, el santuario católico más importante del país. En 1824, el Congreso Constituyente declaró oficialmente a la Virgen de los Ángeles como Patrona de Costa Rica, consolidando una devoción que continúa vigente dos siglos después.
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¿Por qué caminan tantos kilómetros?
Las motivaciones son tan diversas como los propios peregrinos.
Algunos recorren apenas unos kilómetros desde Cartago. Otros parten desde San José, en un trayecto de aproximadamente 22 kilómetros atravesando el cerro de Ochomogo. También hay quienes emprenden caminatas de más de 250 kilómetros desde Guanacaste, la Zona Sur o Limón.
Muchos realizan la Romería para agradecer una recuperación médica, el nacimiento de un hijo, un empleo o cualquier favor que atribuyen a la intercesión de “La Negrita”, como popularmente llaman los costarricenses a la imagen debido al color oscuro de la piedra con la que fue elaborada.
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Otros acuden para pedir salud, protección o fortaleza ante situaciones personales difíciles. Incluso personas que no profesan la religión católica participan por tradición familiar, motivos culturales o como una experiencia personal.
Uno de los momentos más simbólicos ocurre al llegar a la Basílica, cuando miles de fieles recorren de rodillas los últimos metros hasta el altar principal como acto de penitencia o agradecimiento. Después descienden a la cripta, donde se conserva la roca en la que, según la tradición, apareció la imagen hace casi cuatro siglos, y visitan el manantial cuya agua muchos consideran un símbolo de bendición y esperanza.
Una imagen pequeña con un enorme significado
La imagen de la Virgen sorprende por su tamaño. Mide apenas unos 20 centímetros y está elaborada con una mezcla de jade, grafito y piedra volcánica, materiales poco comunes en las representaciones religiosas europeas.
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Sus rasgos indígenas y el color oscuro de la piedra le dieron el sobrenombre de “La Negrita”, una figura que para muchos historiadores simboliza el mestizaje que dio origen a la sociedad costarricense y la unión entre distintas culturas presentes durante la época colonial.
Mucho más que un evento religioso
Aunque la Romería tiene un profundo significado espiritual para los católicos, también representa uno de los acontecimientos culturales y sociales más importantes del país.
Durante varios días, hoteles, restaurantes, comercios y transportistas reciben un importante impulso económico gracias a la llegada masiva de visitantes.
La ciudad de Cartago adapta buena parte de su funcionamiento para atender a los peregrinos, mientras cientos de voluntarios ofrecen agua, alimentos, café, asistencia médica e incluso lugares para descansar.
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La peregrinación también reúne a familias completas, grupos de amigos, deportistas, adultos mayores y personas con discapacidad, convirtiéndose en una expresión de solidaridad poco común. Es frecuente observar vecinos instalando puestos gratuitos para entregar fruta, bebidas calientes o brindar primeros auxilios a quienes recorren largas distancias.
Peregrinos de otros países
Aunque la inmensa mayoría de los romeros son costarricenses, cada año llegan también visitantes procedentes de Nicaragua, Panamá, Honduras, Guatemala, El Salvador, Estados Unidos, Canadá y distintos países europeos, además de extranjeros residentes en Costa Rica que deciden sumarse a la experiencia.
Para muchos turistas, la Romería representa una oportunidad para conocer una de las tradiciones religiosas más importantes de América Latina y experimentar de cerca la hospitalidad costarricense.
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Un operativo nacional para proteger a millones
La magnitud del evento obliga al Estado costarricense a desplegar uno de los mayores operativos logísticos y de seguridad del año.
Para la edición 2026 participan instituciones como la Fuerza Pública, Policía de Tránsito, Cruz Roja Costarricense, Cuerpo de Bomberos, Caja Costarricense de Seguro Social, Comisión Nacional de Emergencias, municipalidades y voluntarios.
Las autoridades instalaron cientos de cámaras de vigilancia, puestos médicos, controles de tránsito y cierres parciales de carreteras para facilitar el paso seguro de los romeros. Solo la Policía de Tránsito moviliza alrededor de 150 oficiales para regular la circulación vehicular, mientras la Fuerza Pública despliega cerca de 500 policías en los días de mayor afluencia. La Cruz Roja, por su parte, habilita cientos de socorristas, decenas de ambulancias y puestos de atención distribuidos a lo largo de la ruta hacia Cartago.
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Las recomendaciones incluyen utilizar ropa cómoda, calzado adecuado, mantenerse hidratado, portar documentos de identificación, evitar caminar utilizando audífonos y seguir siempre las indicaciones de los cuerpos de emergencia.
Una tradición que trasciende la religión
La Romería ha sobrevivido a terremotos, crisis económicas y pandemias. Solamente fue suspendida de manera presencial en contadas ocasiones recientes por razones sanitarias, como ocurrió durante la pandemia de COVID-19, para luego regresar con miles de fieles a las carreteras del país.
Más allá de las creencias individuales, esta peregrinación representa una de las expresiones culturales más importantes de Costa Rica. Durante unas horas desaparecen las diferencias sociales, políticas o económicas y millones de personas avanzan por el mismo camino con una intención común.
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Para quien visita el país por primera vez, la Romería ofrece una ventana privilegiada para comprender la identidad costarricense. No es únicamente una celebración religiosa: es un fenómeno social que mezcla historia, tradición, solidaridad y esperanza, y que cada año convierte a Cartago en el corazón espiritual de Costa Rica.