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¿Quién es el diablo? El criminal más buscado de Costa Rica y capturado hoy tras una cacería internacional

La cacería contra el criminal más buscado de Costa Rica llegó a su fin. Alejandro Arias Monge, alias “Diablo”, fue capturado en horas de la madrugada de este viernes 24 de julio, tras un operativo que ha puesto fin a más de una década de impunidad y violencia en la región

Alejandro Arias Monge, alias “Diablo” se mostraba en redes sociales amenazando a funcionarios o presumiendo sus crímenes

En un operativo de alcance transnacional que marca un hito en la lucha contra el crimen organizado en Centroamérica, las autoridades han logrado la captura de Alejandro Arias Monge, conocido popularmente como alias Diablo.

Durante más de una década, este individuo se convirtió en la prioridad número uno para los cuerpos de seguridad de Costa Rica y en un objetivo de alto valor para las agencias internacionales antidrogas.

Su arresto pone fin a una compleja trayectoria delictiva que desafió abiertamente la institucionalidad costarricense y quebrantó la paz social en diversas comunidades de la región.

La detención de Arias Monge se concreta tras meses de intensa presión operativa y de inteligencia compartida entre el Organismo de Investigación Judicial de Costa Rica y la Administración de Control de Drogas de los Estados Unidos.

La búsqueda se había intensificado en los últimos tiempos luego de que la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua lanzara una alerta sobre su posible paradero en la Reserva Biológica Indio Maíz, un área selvática e inhóspita cercana al río San Juan que sirvió durante años como refugio estratégico y frontera natural para evadir los controles policiales.

Para incentivar la colaboración ciudadana, el Departamento de Estado norteamericano había oficializado una recompensa de hasta quinientos mil dólares por información certera sobre su ubicación.

El OIJ de Costa Rica confirmó la detención de Arias Monge, alias "Diablo", en un operativo liderado por la Oficina Contra el Crimen Organizado./ (OIJ)

El perfil del enemigo público número uno y su trayectoria delictiva

Alejandro Arias Monge nació el 19 de septiembre de 1984 en la localidad de Guápiles, ubicada en el cantón de Pococí, provincia de Limón. A simple vista, Arias Monge proyectaba el aspecto de un ciudadano común, sin los rasgos extravagantes ni la estética ostentosa que habitualmente se asocian con los líderes del narcotráfico.

Sin embargo, detrás de esa fachada aparente se ocultaba una de las mentes criminales más sanguinarias y calculadoras de la historia reciente del país. Su carrera en el mundo delictivo comenzó a la temprana edad de diecinueve años, ejecutando robos simples en viviendas de su comunidad natal.

Con el paso del tiempo, el joven asaltante ascendió con rapidez en la jerarquía del crimen organizado regional. Consolidó un dominio absoluto en el cantón de Pococí y extendió su influencia operativa a zonas vecinas como Guácimo, Sarapiquí, Pocora y San Carlos.

Su organización criminal evolucionó hasta convertirse en una red transnacional con células activas en las siete provincias del territorio costarricense. Las investigaciones de las agencias antidrogas internacionales vincularon directamente su estructura con el tráfico de grandes cargamentos de cocaína que viajaban desde Colombia, atravesaban Centroamérica y México, y tenían como destino final los mercados de consumo en los Estados Unidos.

Captura de El Diablo, el criminal más buscado de Costa Rica (Cortesía OIJ)

Un historial marcado por la violencia extrema y los negocios ilícitos

El apodo de Diablo no fue asignado al azar, sino que respondió a la ferocidad de los métodos empleados por su organización para someter a rivales y aterrorizar a la población. El historial judicial de Arias Monge acumula expedientes por narcotráfico, robo con violencia, lavado de activos y múltiples homicidios agravados.

Entre las ejecuciones emblemáticas atribuidas a su grupo destaca el asesinato de Ademar Jiménez Gómez en enero de 2015, cuyo cuerpo fue localizado con signos extremos de violencia en un bananal de Cariari de Pococí tras un conflicto relacionado con la pérdida de droga y dinero.

Pocos meses después, en marzo del mismo año, su banda ejecutó a Pablo Castro Barrantes en presencia de su sobrino menor de edad, en un crimen por encargo motivado por rencillas delictivas.

Además del tráfico de sustancias ilícitas, la red de Arias Monge diversificó sus ingresos hacia otras actividades criminales para sostener la logística de su fuga. En noviembre de 2023, la policía judicial lo vinculó directamente con la explotación de la lotería clandestina conocida como Tiempos Clandestinos en Limón, donde empleó la coacción para apoderarse de los puntos de venta.

Asimismo, las autoridades identificaron que utilizaba recursos del narcotráfico para financiar la minería ilegal de oro a cielo abierto en zonas fronterizas.

El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) invita a la población a dar pistas sobre el paradero del del buscado delincuente

El desafío directos a las instituciones y las megaoperaciones policiales

La figura de Arias Monge adquirió una dimensión aún más peligrosa cuando comenzó a utilizar las redes sociales como plataforma de intimidación, publicando imágenes de armamento pesado y videos explícitos de agresiones.

El punto culminante de su desafiante postura ocurrió con la filtración de un mensaje de audio donde amenazó abiertamente a las autoridades policiales. Al estilo de los antiguos capos sudamericanos, ofreció sumas millonarias por la vida de oficiales de seguridad, declarando que nunca sería capturado y que mantenía el control absoluto en sus zonas de influencia.

Frente a esta amenaza constante, el aparato de seguridad desplegó estrategias de gran escala para asfixiar su financiamiento. Destaca el Caso Colorado, ejecutado a finales de 2023 con más de seiscientos funcionarios policiales y más de cuarenta allanamientos simultáneos en todo el país.

La estrategia oficial consistió en desmantelar la estructura logística y económica que rodeaba al fugitivo para arrebatarle los recursos que le permitían esconderse en parajes remotos. Finalmente, la combinación del cerco económico, la cooperación internacional y el incentivo de la recompensa facilitaron el operativo que concluyó con su detención, cerrando así un oscuro capítulo de violencia en la región.

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