La contaminación por microplásticos dejó de ser una amenaza distante en Costa Rica: partículas microscópicas de plástico ya se detectan en la Isla del Coco, en animales marinos y en el cuerpo humano. Esto demuestra que la polución plástica no se limita a las costas y logra alcanzar incluso los ecosistemas más remotos.
En 2022, la generación de residuos plásticos domésticos llegó a 229,000 toneladas en el país, pero solo 28,000 toneladas se reciclaron. El resto queda enterrado, abandonado o arrastrado por ríos hasta el mar, donde se fragmenta en microplásticos. Cuando alcanzan el tamaño microscópico, su recuperación resulta casi imposible, advierte CRhoy.
De dónde provienen los microplásticos y cómo llegan al mar
Una parte sustancial de los microplásticos procede de residuos plásticos que se degradan por acción del sol, el agua o el desgaste. Sin embargo, existen fuentes menos visibles: las fibras sintéticas que se desprenden al lavar ropa de poliéster o nylon, el desgaste de llantas de vehículos, los pellets industriales utilizados en la fabricación de productos plásticos, pinturas y recubrimientos, así como cosméticos y productos de cuidado personal con micropartículas añadidas.
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Según Magie Rodríguez, de MarViva, una proporción importante de estos contaminantes termina en el mar. Los residuos plásticos mal gestionados son arrastrados por lluvias, alcantarillas, quebradas y ríos hacia las zonas costeras. Además, las conocidas artes de pesca fantasma —redes, cuerdas y equipos abandonados o perdidos en el mar— continúan degradándose durante años y liberando partículas plásticas.
Microplásticos en los ecosistemas: del océano a la cadena alimentaria
Las investigaciones muestran que más del 70% de las muestras analizadas en playas, fondos marinos, peces, moluscos, crustáceos, ganado, aves de corral y en la Isla del Coco contienen microplásticos. Allí, incluso en zonas altas y ríos de difícil acceso, se han hallado partículas, lo que evidencia que ni los lugares más protegidos están libres de esta contaminación.
El impacto comienza en la base de la cadena alimentaria. Los organismos más pequeños confunden los microplásticos con alimento, y las partículas van pasando de especie en especie. Un pez pequeño puede ingerirlas y, al ser comido por uno mayor, este último acumula una mayor cantidad.
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En los animales marinos y terrestres, los microplásticos pueden provocar desnutrición, sensación de saciedad falsa, inflamación, obstrucciones e incluso asfixia. Además, funcionan como vehículos para otros contaminantes: pueden absorber hidrocarburos, plaguicidas y otros compuestos peligrosos, y servir de hábitat para microorganismos, lo que añade riesgos químicos, biológicos y ecológicos a la amenaza inicial.
Efectos en la salud humana y vacíos normativos
En Costa Rica, estudios recientes citados por CRhoy evidencian microplásticos en sangre, leche materna, placenta, cerebro, semen y tejidos reproductivos femeninos. Esta contaminación, que durante años preocupó solo por su efecto en la fauna, alcanza ahora a las personas. Los expertos advierten que estas partículas pueden asociarse con alteraciones endocrinas, problemas de fertilidad, inflamación y otros posibles efectos en la salud, aunque aún faltan estudios que precisen los riesgos a largo plazo y los niveles de exposición perjudiciales.
A pesar de la magnitud del problema, Costa Rica carece de normativas integrales sobre los microplásticos. La legislación actual solo regula parcialmente productos como bolsas y botellas, sin abordar otras fuentes como microplásticos añadidos en productos, pellets industriales, textiles sintéticos y desgaste de llantas. Rodríguez, de MarViva, resume: “Todo es un vacío normativo en este momento”.
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La preocupación incluye también a productos comercializados como biodegradables. Pruebas de MarViva y el Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología demostraron que, tras ser sometidos a compostaje, muchos de estos materiales permanecieron casi intactos. La razón: requieren condiciones muy específicas para degradarse, que no suelen darse fuera de laboratorios.
La evidencia científica todavía no responde todas las preguntas sobre los efectos a largo plazo ni sobre el destino final de materiales supuestamente biodegradables, pero los expertos consideran que la información disponible ya justifica la adopción de medidas preventivas, según CRhoy.
El mayor desafío es que, cuando el plástico se convierte en microplástico, el país pierde la capacidad de control. Esto transforma la contaminación en un problema más costoso, complejo y difícil de revertir, que exige respuestas urgentes desde la política, la ciencia y la gestión ambiental.
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