Costa Rica confirmó la presencia de Leishmania infantum en ocho perros que nunca salieron del país, un hallazgo que prueba la transmisión local del parásito y le permite fortalecer el diagnóstico temprano, la vigilancia epidemiológica y la prevención de una infección que también puede afectar a humanos, según la Universidad de Costa Rica.
A escala mundial, cerca de 15 millones de perros están infectados con Leishmania infantum y solo 2,5 millones desarrollan la enfermedad, de acuerdo con el doctor Víctor Montenegro, médico veterinario del Laboratorio de Parasitología de la Universidad Nacional de Costa Rica e investigador del estudio. Montenegro añadió que cerca del 60 % de los perros infectados no presenta signos clínicos y puede actuar como transmisor silencioso, mientras que los animales enfermos, alrededor del 30 %, constituyen una fuente mayor de parásitos.
La confirmación oficial se realizó con trabajo conjunto de la Universidad de Costa Rica, la Universidad Nacional de Costa Rica y la Escuela de Medicina y Cirugía Veterinaria San Francisco de Asís, con un colaborador del Instituto Costarricense de Investigación y Enseñanza en Nutrición y Salud, además de laboratorios y clínicas veterinarias privadas del país y centros científicos de Brasil y Alemania. La evidencia fue publicada en la revista científica Frontiers in Veterinary Science.
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La doctora Alicia Rojas Araya, microbióloga de la Universidad de Costa Rica y una de las científicas que participó en la detección formal señaló: “Anteriormente, ya existían reportes aislados de Leishmania infantum en humanos, perros importados de otros países y fauna silvestre en Costa Rica, pero nunca se habían documentado casos autóctonos confirmados de leishmaniasis visceral canina en el país; es decir, casos que se originaron en Costa Rica y no son importados. Con el estudio comprobamos que hay casos circulando y que los perros pueden ser un reservorio del parásito. Eso sí, los perros no van a contagiar a las personas directamente con el parásito. Para esto se requiere del flebótomo —mosquito— que lo transmita de un hospedero a otro”.
El parásito puede causar una enfermedad grave en perros y en humanos
La relevancia sanitaria del hallazgo se concentra en tres puntos. El primero es que el parásito puede causar leishmaniasis visceral canina, una enfermedad distinta del papalomoyo, que también es provocada por otra especie de Leishmania, y que puede llevar a la muerte del animal si no recibe diagnóstico y tratamiento a tiempo.
El segundo es que Leishmania infantum puede transmitirse de animales a personas a través del flebótomo, conocido popularmente como mosquito ariblanco. En humanos provoca leishmaniasis visceral, una enfermedad que afecta sobre todo el hígado, el bazo y la médula ósea, y que puede ser mortal sin atención oportuna.
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El tercer punto es que su detección resulta más difícil que la de otros parásitos de preocupación sanitaria. Esa condición vuelve más valioso el hallazgo porque redefine el panorama de circulación del microorganismo en el país y permite orientar medidas de control con base científica.
Rojas pidió evitar respuestas basadas en el miedo tras la confirmación de los casos. La microbióloga de la UCR afirmó: “Lo primero que debemos de transmitirle a las personas es calma y responsabilidad con la tenencia de mascotas. El detectar el parásito no significa que tengamos una emergencia fuera de control, ni que los perros deban ser violentados o abandonados, porque ya está comprobado que esto no logra disminuir la circulación del parásito. Debemos evitar reacciones basadas en el miedo y en la desinformación. Lo ideal es siempre consultar al médico veterinario, porque hay tratamientos disponibles, y siempre cuidar a nuestras mascotas”.
La prevención depende del control del flebótomo y del cuidado de las mascotas
El contagio no ocurre por contacto directo entre perros ni entre personas, sino mediante el flebótomo o mosquito ariblanco. Esa es la respuesta central sobre el riesgo de transmisión: el perro no infecta de forma directa a un humano; el parásito necesita ese vector para pasar de un hospedero a otro.
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Montenegro indicó que la expansión de la enfermedad se asocia al desplazamiento de perros infectados y a cambios en condiciones favorables para el vector. También recomendó reducir la exposición de las mascotas durante las horas de actividad del insecto, entre la tarde y la noche, y usar productos repelentes como collares, pipetas, vacunas con antígeno recombinante y controles adecuados para el traslado de animales.
El siguiente paso en Costa Rica será reforzar la vigilancia epidemiológica, a partir de los datos obtenidos por el estudio. Las y los investigadores también plantearon un llamado a la ciudadanía para proteger a los perros, evitar abandonos y realizar pruebas rutinarias.
Rojas sostuvo que la detección temprana permite diseñar respuestas más eficaces desde la medicina y la salud pública. La investigadora de la Universidad de Costa Rica concluyó: “En la medicina y la salud pública, detectar un problema a tiempo significa que podemos diseñar estrategias de prevención más apropiadas. Con este estudio, tenemos la oportunidad de que Costa Rica actúe con información científica y de manera preventiva, siempre en resguardo de los animales y la salud pública”.
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