El sistema financiero costarricense mantiene condiciones adecuadas de solvencia y liquidez, pero detrás de esa estabilidad se esconden señales que podrían impactar directamente el bolsillo de la población, especialmente en un contexto de mayor endeudamiento y riesgos emergentes.
Así lo revela el Informe Anual de Estabilidad Financiera 2025 publicado por el Banco Central de Costa Rica (BCCR), que analiza el comportamiento del sistema bancario y sus principales vulnerabilidades.
Aunque el documento destaca la capacidad del sistema para resistir escenarios adversos, también advierte sobre tendencias que podrían afectar a los hogares en el corto y mediano plazo.
En términos generales, el Sistema Financiero Nacional ha logrado mantenerse sólido pese a los efectos acumulados de la pandemia, el aumento de las tasas de interés en 2022, la resolución de entidades como Coopeservidores y Desyfin en 2024, así como la incertidumbre internacional derivada de conflictos geopolíticos y tensiones comerciales.
Sin embargo, uno de los elementos más relevantes para la población es el comportamiento del crédito. Durante 2025 se registró una desaceleración en el crecimiento del crédito al sector privado, pero con un cambio importante en su composición: aumentaron los préstamos de consumo y tarjetas de crédito, lo que refleja una mayor dependencia de los hogares del financiamiento para cubrir gastos.
Este fenómeno tiene implicaciones directas. Por un lado, más personas acceden a crédito, pero por otro, crece el riesgo de sobreendeudamiento. El informe señala que el deterioro en algunos indicadores de morosidad, particularmente en colones, podría estar relacionado precisamente con dificultades de pago en estos segmentos.
En concreto, el indicador de mora amplia del sistema se ha mantenido alrededor del 11%, mientras que los créditos con atrasos mayores a 90 días rondan el 2% del total. Aunque estas cifras son consideradas estables desde una perspectiva técnica, reflejan que una parte de la población ya enfrenta problemas para cumplir con sus obligaciones financieras.
Este escenario se vuelve más relevante si se considera que, en los últimos años, las condiciones macroeconómicas han sido relativamente favorables: inflación baja, reducción de tasas de interés, mejora en el empleo y aumento de ingresos reales. A pesar de ello, los problemas de pago persisten en algunos sectores, lo que refuerza la hipótesis de un sobreendeudamiento creciente en los hogares.
Otro aspecto que impacta directamente a la población es el cambio en las condiciones de los créditos. El informe señala que los préstamos de consumo han extendido sus plazos, lo que implica cuotas más bajas en el corto plazo, pero también deudas más largas y, en muchos casos, un mayor costo financiero total.
Además, el crédito en moneda extranjera, aunque sigue siendo relevante, ha desacelerado su crecimiento, en parte porque el financiamiento en colones se ha vuelto relativamente más atractivo. Este cambio puede reducir algunos riesgos asociados al tipo de cambio, pero también refleja ajustes en el comportamiento de los deudores y del sistema financiero.
A pesar de estas señales, el Banco Central asegura que el sistema mantiene una “capacidad aceptable” para enfrentar choques adversos, según las pruebas de estrés realizadas. Esto significa que, ante escenarios como crisis económicas, aumentos en tasas de interés o caídas en el empleo, las entidades financieras tendrían margen para resistir.
No obstante, el informe también advierte sobre riesgos emergentes que podrían tener efectos en la población. Entre ellos destacan los ciberataques, que podrían afectar servicios financieros, y los eventos climáticos extremos, que pueden impactar sectores productivos y la capacidad de pago de las personas.
Asimismo, se identifican debilidades en la estructura del financiamiento, como el aumento de captaciones de muy corto plazo y ciertos desbalances entre los recursos disponibles y los requeridos por el sistema. Estos elementos, aunque técnicos, pueden traducirse en restricciones de crédito o cambios en las condiciones de financiamiento para los usuarios.
Ante este panorama, las autoridades han impulsado reformas y ajustes regulatorios para fortalecer la estabilidad del sistema, incluyendo mejoras en los mecanismos de garantía de depósitos y en la supervisión financiera.
Para la población costarricense, el mensaje es doble: por un lado, el sistema financiero sigue siendo estable y capaz de enfrentar crisis; pero por otro, las condiciones actuales reflejan una mayor presión sobre los hogares.
En un contexto de incertidumbre global y cambios en el comportamiento financiero, la evolución de estos indicadores será clave para determinar si la estabilidad del sistema se traduce también en bienestar sostenible para las familias.