El amor de un padre no conoce fronteras. Para Máximo Merlo, ese sentimiento se ha convertido en un motor impulsado por el miedo y la esperanza. Las horas transcurren en una espera cargada de angustia, mientras este hombre nicaragüense prepara su viaje hacia Costa Rica con una única certeza: su hija, Junieysis Adely Merlo Espinoza, no desapareció por voluntad propia durante la Semana Santa.
Ocho días después de que se perdiera el rastro de la joven de 29 años en Salitral de Santa Ana, las versiones oficiales y familiares se enfrentan. En el centro de la escena queda un padre que busca respuestas y dos pequeñas gemelas de cuatro años, hoy bajo la custodia del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), que esperan el regreso de una madre que jamás las dejaba solas.
Para dimensionar la preocupación de la familia Merlo, es necesario volver al lunes Santo. Junieysis, muy activa en redes sociales y dedicada a sus hijas, mantenía contacto diario y constante con su familia en Nicaragua y España.
Aquella noche, alrededor de las 6:30 p.m., realizó una transmisión en vivo por TikTok, su principal canal de interacción. Poco después, llamó a su madre para pedirle la receta de los buñuelos, una tradición familiar para los días santos.
“Esa fue la última vez que escuchamos su voz con normalidad”, cuentan sus hermanas. Al día siguiente, un mensaje enviado por la mañana quedó sin respuesta en el teléfono de Maryuris, quien vive en España. La diferencia horaria ocultó inicialmente la gravedad del asunto. Sin embargo, cuando el novio de Junieysis, residente en Estados Unidos, comenzó a llamar con insistencia porque ella no respondía, la alarma se encendió.
Las hermanas lo afirman con claridad: Junieysis no era una mujer que desapareciera sin avisar. “Ella es muy reservada, no hace amistades fácilmente. La idea de que se fuera a la playa con desconocidos no tiene sentido”, señala Maryuris, rechazando la primera versión que recibieron del entorno más cercano a la joven.
La sombra de la duda y un celular prohibido
El viaje de Máximo Merlo a Costa Rica no es solo una muestra de apoyo familiar. Es una búsqueda de justicia. Sus sospechas se dirigen hacia la expareja de su hija, un hombre identificado como Gustavo. Aunque estaban separados desde hacía un año, ambos seguían viviendo bajo el mismo techo, aunque en cuartos diferentes, en un complejo de apartamentos propiedad de él.
La versión que Gustavo ofreció a la familia ha estado marcada por contradicciones. Primero, sostuvo que Junieysis se había ido con “amigos de TikTok” a grabar contenido a la playa. Más tarde, cambió su relato y dijo que ella salió con un bolso y que él la dejó frente a un supermercado en Santa Ana.
Pero el detalle que más inquieta a Máximo es el teléfono celular. Gustavo asegura que el aparato quedó en la casa porque le aconsejó a Junieysis no llevarlo, ya que era “muy caro y peligroso”. “¿Con qué iba a hacer esos videos si él dice que le quitó el teléfono?”, se pregunta el padre, con una lucidez marcada por el dolor. “Él mismo me dijo: ‘Yo le quité el teléfono para que no se lo llevara’. Eso no tiene lógica para alguien que supuestamente iba a trabajar en redes sociales”, expresó el padre a los medios costarricense.
Antecedentes de violencia
El padre también ha revelado antecedentes de violencia que aumentan su preocupación. Recordó que hace unos años existió una denuncia formal porque Gustavo presuntamente la amenazó con un arma de fuego. Esta historia de control y violencia previa es lo que impulsa a Máximo a cruzar la frontera. Teme que el ciclo de abuso haya tenido un desenlace fatal.
La desaparición de Junieysis no es solo una estadística más para las autoridades judiciales. Es la historia de una joven de 29 años, de una madre dedicada y de un padre dispuesto a remover cielo y tierra para encontrarla. Máximo Merlo llega a Costa Rica para acompañar a sus nietas y para exigir que la búsqueda de Junieysis no se detenga hasta conocer la verdad.