La empresa Kimberly-Clark dio a conocer que durante el 2025 logró reciclar más de 2,100 toneladas métricas de residuos generados en su operación en Costa Rica, un resultado que refuerza su estrategia ambiental basada en la economía circular y la reducción del impacto industrial.
La cifra equivale a cerca de 140 camiones de basura completamente llenos y proviene, principalmente, de su planta de producción ubicada en Coris en la provincia de Cartago, una instalación que se ha convertido en referente regional en la gestión responsable de desechos.
Este desempeño no es aislado. La compañía mantiene desde hace siete años un sistema sostenido de aprovechamiento de residuos que le ha permitido alcanzar un hito poco común en la industria: reutilizar, reciclar o co-procesar el 100% de los desechos generados en sus operaciones en el país.
“La totalidad de los residuos que producimos en Costa Rica recibe algún tipo de tratamiento responsable. Esto nos permite avanzar hacia nuestras metas ambientales y reducir significativamente el impacto de nuestras operaciones”, explicó Jessica Astudillo, gerente de la planta en Coris.
La operación costarricense tiene un valor estratégico dentro de la compañía. De hecho, en 2019 se convirtió en la primera planta de la firma en América Latina en alcanzar el objetivo de “cero residuos”, una certificación que reconoce la eliminación del envío de desechos a rellenos sanitarios.
Inversión y gestión integral de residuos
Para sostener este modelo, la empresa destina anualmente alrededor de 160 millones de colones en la gestión interna de residuos, una inversión que incluye procesos de clasificación, tratamiento, reciclaje y alianzas con gestores especializados.
En la práctica, esto implica que materiales como papel, cartón, plástico y metal son reciclados, mientras que otros insumos, como la madera utilizada en tarimas, se reutilizan para la fabricación de nuevas estructuras. A su vez, residuos electrónicos, acrílicos y metales ingresan nuevamente a cadenas productivas en otras industrias.
Uno de los aspectos más relevantes del modelo es el tratamiento de residuos peligrosos, como aerosoles o sustancias químicas. Estos son sometidos a un proceso de co-procesamiento, que consiste en su destrucción a altas temperaturas en hornos cementeros, una técnica que permite su eliminación sin generar impactos negativos en el ambiente.
Este procedimiento se realiza en alianza con Geocycle, filial de Holcim, lo que garantiza un manejo seguro y conforme a estándares internacionales.
Además, la compañía trabaja con otras empresas especializadas para asegurar una gestión integral. Entre ellas se encuentran HC Recycle para materiales reciclables, Energías Biodegradables para aceites industriales y MPD para el tratamiento de residuos biológicos.
Cultura interna y compromiso ambiental
Más allá de la infraestructura y la inversión, el modelo de cero residuos también se apoya en la capacitación de los colaboradores. Según la empresa, el personal ha sido entrenado para realizar una correcta separación de desechos, reducir materiales no reciclables y aplicar prácticas como el compostaje interno.
Este enfoque ha permitido mejorar de forma sostenida los indicadores ambientales de la planta, al tiempo que optimiza el uso de recursos y reduce la huella ecológica del proceso productivo.
La estrategia se enmarca dentro de los objetivos globales de la compañía hacia 2030, que incluyen la reducción de emisiones, el uso eficiente de recursos y la promoción de modelos de producción más sostenibles.
Educación y alcance social
El impacto de la iniciativa no se limita al ámbito industrial. A través de su programa AmbientaDOS, la empresa ha impulsado durante 17 años la educación ambiental en Costa Rica, promoviendo prácticas de reciclaje entre la población.
Uno de los principales esfuerzos en esta línea es el Premio AmbientaDOS, un concurso dirigido a centros educativos que busca fomentar la conciencia ambiental desde edades tempranas. En su edición 2025, la iniciativa contó con la participación de 106 instituciones, tanto públicas como privadas, e involucró a más de 38,000 estudiantes.
Como resultado, se logró recolectar un récord de 76 toneladas de residuos valorizables, lo que evidencia el alcance y la efectividad del programa en la formación de hábitos sostenibles.
Este trabajo ha sido reconocido a nivel nacional. En 2024, el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) destacó la trayectoria del programa por su contribución a la educación ambiental y su impacto en la mitigación del cambio climático.
Un modelo replicable
El caso de Costa Rica se posiciona como un ejemplo dentro de las operaciones de la compañía a nivel global. La combinación de inversión, alianzas estratégicas, innovación en procesos y educación ambiental ha permitido construir un modelo que podría replicarse en otros países de la región.
En un contexto global donde la gestión de residuos se ha convertido en un desafío urgente, iniciativas como esta cobran relevancia no solo por su impacto ambiental, sino también por su capacidad de generar cambios culturales en torno al consumo y la producción.