El Gobierno costarricense anunció este miércoles que el país centroamericano produjo el 98.6% de su electricidad a partir de fuentes limpias durante el año 2025, reafirmando su posición como referente global en sostenibilidad.
El anuncio fue realizado en una conferencia de prensa conjunta por el actual mandatario, Rodrigo Chaves, y la presidenta electa, Laura Fernández, quienes destacaron que este hito no solo representa un triunfo ambiental, sino también una victoria para la estabilidad económica del país.
La cifra del 98,6% marca el fin de un periodo crítico para el Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Según datos del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), la generación se apoyó en un modelo diversificado que incluye:
- Hidroelectricidad: La principal fuente del país.
- Geotermia: Aprovechamiento del calor de los volcanes.
- Energía Eólica: Generación a través de parques de viento.
- Biomasa y Solar: Complementos clave en la red nacional.
Esta recuperación es especialmente significativa tras los baches operativos de los años anteriores. En 2023, la generación limpia cayó al 91.3%, y en 2024 la situación se agravó alcanzando apenas un 89.4%, niveles inusualmente bajos para un país que acostumbra superar el umbral del 98%.
De acuerdo con reportes de la agencia AFP, especialistas han señalado anteriormente que estos descensos estuvieron directamente ligados al fenómeno de El Niño, que redujo drásticamente el caudal de los embalses, obligando al país a recurrir a la quema de combustibles fósiles para evitar racionamientos.
Estabilidad tarifaria y resiliencia climática
El presidente del ICE, Marco Acuña, subrayó que la solidez del sistema permitió proteger el bolsillo de los ciudadanos. “La administración y operación de recursos limpios permitió garantizar tarifas estables para todos los sectores de consumo”, afirmó Acuña en un comunicado oficial.
Para los analistas internacionales, el caso de Costa Rica es un laboratorio viviente sobre cómo una nación en vías de desarrollo puede descarbonizar su red eléctrica. No obstante, el reto ahora es la adaptabilidad. Con el cambio climático alterando los ciclos de lluvia, la dependencia de las represas se ha vuelto una vulnerabilidad que el gobierno busca mitigar mediante la diversificación.
“El porcentaje confirma la solidez del SEN y el compromiso con una matriz basada en fuentes sostenibles ante los retos climáticos y operativos”, añadió Acuña.
Rumbo a 2030: Una expansión de 600 MW
Lejos de caer en la complacencia, la administración saliente y la entrante han trazado una hoja de ruta para blindar el sistema antes del final de la década. Costa Rica planea fortalecer su capacidad instalada con la incorporación de 600 megavatios (MW) adicionales para el año 2030.
Este ambicioso plan de expansión no recaerá exclusivamente en el Estado. El desarrollo de nuevas plantas solares, eólicas y geotérmicas contará con la participación del ICE y de generadores privados, una apertura que busca agilizar la inversión en infraestructura.
Verny Rojas, gerente de Electricidad del ICE, enfatizó que estos proyectos son vitales para responder al crecimiento sostenido de la demanda eléctrica, impulsada en parte por la creciente flota de vehículos eléctricos en el país. “Los proyectos nuevos permitirán reforzar la seguridad energética y adaptarnos con mayor eficiencia a la variabilidad climática”, señaló Rojas.
Con este resultado, Costa Rica envía un mensaje contundente a la comunidad internacional: la transición energética es posible, incluso frente a las adversidades climáticas, siempre que exista una planificación a largo plazo y una infraestructura resiliente.