El legado de Kurt Van Dyke permanece vivo en la memoria de Puerto Viejo de Talamanca, donde su historia personal se entrelazó durante décadas con la evolución del surf y la vida comunitaria en el Caribe de Costa Rica.
Van Dyke, nacido en Santa Cruz, California, creció en el seno de una familia que dejó huella en la cultura surfista de la costa oeste estadounidense. Su padre, Gene Van Dyke, fue uno de los impulsores de este deporte en el norte de California, mientras que su madre, Betty Ann Van Dyke, hija de inmigrantes croatas, integró un grupo pionero de mujeres surfistas, según el obituario citado por el San Francisco Chronicle.
Desde los siete años, Van Dyke mostró destreza en el mar y, en 1983, llegó por primera vez a Limón para desafiar Salsa Brava, una ola reconocida por su tamaño y peligrosidad. Su pasión por el surf lo condujo a establecerse en Puerto Viejo en los años 80, donde fundó el Hotel Puerto Viejo y se involucró en proyectos inmobiliarios.
De acuerdo con el Daily Mail, su apodo en la comunidad local, “Rey”, reflejaba su dominio de las olas y su capacidad de liderazgo, pero también su disposición a apoyar a quien lo necesitara. “Mi hermano era una persona muy generosa y solidaria que ayudaba prácticamente a cualquiera”, escribió Peter Van Dyke en declaraciones recogidas por el San Francisco Chronicle.
La noticia de su muerte ha impactado de forma profunda a familiares y amigos. Peter Van Dyke destacó que su hermano nunca tuvo enemigos y que su vida estuvo marcada por la empatía y el compromiso con los demás.
Sus hijos y allegados recordaron que Kurt fue mentor y figura de referencia para surfistas jóvenes, además de sostén para muchos residentes y trabajadores del Caribe costarricense. La familia expresó su dolor y subrayó la ausencia de motivos personales que expliquen el crimen.
Un crimen que refleja el avance de la violencia en el Caribe costarricense
La madrugada del sábado, Van Dyke fue hallado sin vida bajo su cama en su vivienda de Hone Creek, con signos de asfixia y heridas de arma blanca. Su pareja, una mujer de 31 años, fue atacada por los agresores, quienes irrumpieron armados en el domicilio y huyeron en el vehículo de la pareja.
Hasta el momento, las autoridades mantienen abierta la investigación, sin hipótesis descartadas ni sospechosos detenidos. Por su parte, la familia de Van Dyke atribuye el crimen al contexto de inseguridad que afecta actualmente a la región.
Peter Van Dyke denunció que el Caribe de Costa Rica “se ha convertido en un corredor para el narcotráfico” y que la violencia ha ido en aumento. “Kurt nunca lastimaría a nadie y siempre estaba cuando lo necesitabas. Todos los que lo conocían sabían eso de él”, reiteró.
Ola de violencia y temor en un destino que pierde su antigua tranquilidad
Costa Rica enfrenta una crisis de seguridad sin precedentes: hasta 2021, el país promediaba menos de 600 homicidios anuales, pero en los últimos años la cifra se estabilizó alrededor de los 900. Esta ola de violencia afecta tanto a residentes locales como a extranjeros y turistas en zonas que tradicionalmente se percibían como seguras.
La preocupación se multiplica entre los habitantes de Puerto Viejo. Muchos advierten que la espiral de crímenes impacta la vida cotidiana y la economía basada en el turismo.
El Daily Mail recogió testimonios de viajeros y vecinos que han sufrido robos, acoso y un clima de inseguridad en aumento. El Departamento de Estado de Estados Unidos mantiene la alerta de viaje nivel 2 para Costa Rica, recomendando “mayor precaución” por delitos comunes y crímenes violentos, incluidos robos a mano armada y homicidios.