Un grupo de vecinos de Usme que adaptó una loma del sur de Bogotá para jugar golf cada domingo, con palos, bolas de colores y recorridos que cambian según las condiciones del terreno, se hizo viral en redes sociales luego de retar a un encuentro al presidente de los Estados Unidos Donald Trump.
El grupo que se hace llamar los Golfistas del Sur, y que ha reunido a decenas de personas alrededor de una práctica que nació durante la pandemia, en este ocasión le envió un mensaje al mandatario norteamericano.
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Por medio de un video que publicaron en su grupo de Instagram el sábado 5 de septiembre de 2026, los deportistas aficionados le expresaron su deseo al jefe de Estado de poder enfrentarlo, dado que como es sabido, el golf es uno de los deportes preferidos por el presidente estadounidense.
“Compañeros, somos los Golfistas del Sur. Hoy estuvimos en un sitio espectacular. Vamos a hacer un mensaje en inglés para nuestros seguidores y más que todo para que este mensaje le llegue a nuestro partner, Donald Trump, y se anime a jugar contra los Golfistas del Sur”, inicia la declaración por parte de uno de sus integrantes.
“Sí, claro, compañeros. Aquí estamos con los Golfistas del Sur, ¿vale? Este es un mensaje especial para el señor Trump. Señor Trump, este es nuestro equipo. Ayer estuvimos en el complejo residencial de Santa Teresita. Y ahora mismo, hoy, esta tarde, por desgracia también hemos ganado. ¿De acuerdo? Así que le retamos. ¿Está listo para venir? Aquí estamos, en Colombia. O si quiere invitarnos a Estados Unidos, estaremos encantados de recibirle allí. ¿De acuerdo? Esto es solo para usted, señor Trump. Recuerde, estos son los Golfistas del Sur. Y aquí estamos».
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El escenario está ubicado en la calle 94 A sur con carrera 1 H este, detrás de la iglesia El Virrey, en la localidad de Usme. Fuera de los días de torneo, el lugar parece una loma con escombros, basura, perros y visitantes que aprovechan el paisaje hacia las montañas cercanas al páramo de Sumapaz.
Los jugadores llaman al sitio campo Poliamor. Allí no hay instalaciones de un club, pasto cortado ni zonas delimitadas con las características tradicionales del golf. La inclinación del terreno, los huecos, el viento y la vegetación alta hacen parte de las condiciones de juego.
Los organizadores definen cada domingo un recorrido de ocho o 10 hoyos. El par se mantiene en 69, mientras que las distancias varían entre 80 y 300 yardas, equivalentes a unos 73 y 274 metros, destacó un reportaje de Cambio.
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El primer hoyo se juega desde la calle hacia la parte alta de la loma
El primer punto del recorrido permanece fijo: los jugadores golpean la pelota desde la parte baja, junto a la calle, hacia la cima de la montaña. El resto de los hoyos cambia semana a semana, de acuerdo con la decisión de quienes organizan el torneo.
La irregularidad del suelo impone sus propias reglas. Los participantes deben caminar por pendientes, evitar huecos, buscar las bolas entre el pasto alto y estar atentos a los perros que recorren el sector. Las pelotas también pueden llegar a las tejas de la iglesia ubicada en la parte superior de la loma.
Ante cada golpe que puede alcanzar zonas transitadas, los jugadores gritan “fore”, la advertencia habitual en el golf. Hasta el momento, según contaron los organizadores a Cambio, no se han registrado accidentes graves.
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El campo carece de los elementos habituales de este deporte, como tees, fairways y greens. Por esa razón, el juego se adapta a las características del terreno, donde predominan las zonas de pasto alto y áreas con tierra suelta.
La práctica comenzó con semillas de pino durante la pandemia
La historia del grupo comenzó durante el confinamiento por la pandemia de covid-19. Richar Mendoza y su hermano Eduar Alfonso encontraron dos palos de madera en una finca y empezaron a jugar con semillas de pino como si fueran pelotas.
Con el tiempo, ambos mejoraron su técnica de manera empírica. Después buscaron la orientación de Eduardo Piñeros, un vecino de Usme que trabajó como caddie durante décadas en el Carmel Club, al norte de Bogotá.
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Piñeros les ayudó a practicar y a corregir movimientos. El grupo empezó a crecer con la llegada de vecinos interesados en probar el deporte. La cuenta de TikTok de los Golfistas del Sur amplificó esa convocatoria y llevó más espectadores a los torneos.
“Ahora somos 35 personas que, si no jugamos golf un fin de semana, nos sentimos mal”, dijo Richar Mendoza en declaraciones recogidas por Cambio. “Los torneos de los domingos se han vuelto una costumbre”, agregó.
Los participantes llegaron desde distintos barrios y oficios
Fabián Parada, contratista de mantenimiento y vecino del barrio 20 de Julio, es uno de los jugadores que se sumó a la práctica desde sus primeros momentos. Sus primeros golpes también ocurrieron en la finca de los hermanos Mendoza, con apoyo de videos disponibles en TikTok y YouTube.
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“El golf se ha convertido en una fiebre, en una adicción por cada vez perfeccionar los golpes”, señaló Parada al mismo medio. El jugador afirmó que ha conseguido un hoyo en uno y varios birdies en el campo de la montaña.
Las jornadas dominicales combinan el juego con encuentros entre los participantes. Por la mañana, cuentan, suelen tomar café o gaseosa. En horas de la tarde, algunos comparten cerveza o aguardiente, según relataron los integrantes del grupo.
Otro de los asistentes es Teófilo, conocido como el Profe Teo, quien lleva 26 años vinculado al mantenimiento del campo de golf del club Los Lagartos (ubicado en la localidad de Suba). Su primera motivación para entrar al juego de Usme fue comprobar si podía superar el golpe largo del primer hoyo.
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“Los golfistas del sur se han ido convirtiendo como en hermanos”, dijo. Su intención es enseñar las reglas formales del deporte sin modificar el carácter de la actividad en la loma. “Por nada del mundo hay que cambiar lo que pasa acá”, afirmó.
El campo Poliamor busca sostener su identidad de “golf de montaña”
Óscar, artista y jugador que vive en Ciudad Jardín, llegó al grupo después de encontrar sus videos en TikTok. Lleva una década jugando golf y busca combinar el deporte con proyectos artísticos.
“El que respira golf, lo juega en todas partes”, dijo frente a las pendientes del campo Poliamor al mismo portal.
Eduardo Piñeros, quien impulsó la formación de varios de los jugadores, fue fundador del campo público de golf de La Florida. Llegó al torneo con 180 bolas en su morral y señaló que tiene 25 alumnos en la zona.
El entrenador identificó las limitaciones del terreno. “Nos falta podar, nos falta maquinaria”, expresó al hablar de las condiciones para mejorar los espacios de juego. Aun así, mantiene la expectativa de que algunos de sus alumnos consoliden una técnica que les permita avanzar en el deporte, y que por supuesto, algún día se pueda materializar el sueño de tener allí al presidente Trump.
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