La reciente columna de opinión de la periodista Maritza Aristizábal, titulada Silenciemos a Petro, para La República, desencadenó un intenso debate público sobre la función de los medios y la pluralidad en el espacio democrático colombiano.
Aristizábal afirmó que “es hora de ‘silenciar’ a Petro. No censurarlo: ignorarlo”. Para la periodista, tras cuatro años de atención constante al presidente saliente, el país debería “bajarle el volumen a teorías, conspiraciones y paranoias”, argumentando que la sociedad estuvo en “modo alerta, tratando de entender, descifrar y encontrar lógica donde a veces ni siquiera había ortografía”.
Según Aristizábal, el momento actual exige “pasar la página y mirar hacia adelante, sin el eco de quien no acepta el final”.
Tras lo anterior, la representante a la Cámara Mafe Carrascal criticó la propuesta de Aristizábal y la ubicó en un contexto de exclusión política.
“Esto parece hacer parte de ese clima en el que algunos ya no solo quieren derrotarnos en las urnas, sino también sacarnos de la conversación pública: silenciarnos, borrarnos de las agendas”, señaló Carrascal.
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Para la congresista, el llamado a ignorar a Petro no puede leerse de manera inocente en un país donde la violencia política ha dejado profundas huellas. Además, recordó que “las palabras importan. También construyen climas políticos”.
Carrascal fue más allá y cuestionó la visión periodística planteada por Aristizábal. “Perdón que tenga que sugerirle cómo hacer buen periodismo, Maritza, pero el periodismo no consiste en decirle a la sociedad a quién debe escuchar o a quién debe silenciar. Consiste, justamente, en hacer lo contrario: escuchar, contrastar, verificar y contextualizar”, respondió la representante.
Para sustentar su postura, citó al teórico estadounidense Walter Lippmann, quien defendía que “la función del periodismo es ofrecer a la ciudadanía los elementos para comprender la realidad, no administrar qué voces merecen ser oídas”.
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Carrascal también mencionó a Bill Kovach y Tom Rosenstiel, autores de Los elementos del periodismo, quienes afirman que “la primera lealtad del periodismo es con la verdad y con los ciudadanos, no con una estrategia política para desgastar o invisibilizar a un gobernante”.
La representante del Pacto Histórico subrayó que la crítica y la vigilancia al poder son esenciales en democracia, pero advirtió sobre los riesgos de promover el silencio como respuesta a la diferencia política.
“Podemos discrepar profundamente del presidente Petro. Podemos controvertir cada una de sus decisiones, exigirle resultados y fiscalizar su gobierno con el mayor rigor. Eso es democracia”, señaló Carrascal. “Pero proponer que ‘silenciemos’ al presidente de la República —elegido por más de 11 millones de colombianos— no fortalece el debate democrático; lo empobrece”.
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Carrascal insistió en que “el papel del periodismo nunca ha sido decidir quién habla. Su responsabilidad es ayudar a que la ciudadanía pueda distinguir entre los hechos, la propaganda y la opinión”. Advirtió que cuando un periodista “propone el silencio como método, deja de confiar en la inteligencia de la sociedad y renuncia a la esencia misma de su oficio”.
Para la representante, “no necesitamos menos voces en democracia. Necesitamos más y mejor periodismo, más argumentos y más ciudadanía capaz de decidir por sí misma”.
Carrascal también llamó la atención sobre los peligros de fomentar exclusiones y legitimaciones de la violencia política. “Ojo: que esa ‘higiene mental’ no termine validando violencias ni alimentando un ambiente donde excluir al contradictor parezca aceptable”, alertó.
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En su respuesta, también afirmó: “Usted dice que está ‘agotada de intentar comprender’ al presidente. Tal vez ahí está el problema: cuando uno se cansa de comprender, deja de hacer periodismo y empieza a hacer militancia”.
Finalmente, la congresista recordó que “los micrófonos no pertenecen a los medios ni a los columnistas. La información es un derecho de la ciudadanía, no una concesión de quienes creen que pueden decidir quién merece ser escuchado”.
Según Carrascal, “los periodistas no están llamados a administrar el derecho a la palabra, sino a garantizar que el debate público esté sustentado en hechos, contexto y pluralidad. Porque en una democracia el antídoto contra las malas ideas nunca ha sido el silencio, sino mejores argumentos”.
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