A raíz de los dos sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudieron la región el miércoles 24 de junio de 2026, el programa ‘Bogotá cómo vamos’ publicó un análisis detallado sobre el nivel real de preparación de la capital colombiana ante una catástrofe natural.
El informe, basado en datos oficiales del Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger) y el componente de riesgo del Plan de Ordenamiento Teritorial (POT), plantea una pregunta clave para la ciudad: “¿está Bogotá lista para enfrentar un evento de gran magnitud como un terremoto?"
El diagnóstico: casi el 13% de la ciudad en amenaza alta
Según los estudios analizados, casi el 13% del área urbana de Bogotá presenta un nivel de amenaza alta por al menos un fenómeno natural.
El diagnóstico se realizó sobre un total de 41.381,7 hectáreas de área urbana, lo que evidencia que más de una de cada diez hectáreas habitadas en la ciudad está expuesta a riesgos significativos.
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El informe destaca que el riesgo está plenamente identificado, pero advierte que la amenaza no se distribuye de manera uniforme en la ciudad. Existen zonas específicas donde la vulnerabilidad es mayor y donde el impacto de un desastre podría ser devastador.
Tres amenazas concentran el mayor riesgo
El análisis de ‘Bogotá cómo vamos’ puntualizó que la ciudad se enfrenta principalmente a tres fenómenos:
- 3.714,2 hectáreas en riesgo de inundaciones
- 1.243,9 hectáreas expuestas a movimientos en masa (deslizamientos)
- 164,8 hectáreas amenazadas por avenidas torrenciales
Estas tres amenazas concentran la mayor parte del riesgo urbano y configuran un panorama complejo para la gestión del territorio y la planificación urbana.
El riesgo se concentra en zonas específicas
Los datos cartográficos presentados por el programa evidencian que el riesgo no afecta por igual a todos los habitantes de Bogotá.
Las localidades de Usme, Ciudad Bolívar y San Cristóbal (sur y suroriente de la capital) se identifican como las más propensas a deslizamientos, mientras que Suba (noroccidente), Bosa y Kennedy (suroccidente) figuran entre las zonas más vulnerables a inundaciones.
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Esta distribución desigual implica que cualquier estrategia de prevención o respuesta debe contemplar intervenciones focalizadas y recursos diferenciados según el tipo de amenaza y el territorio.
Bogotá ya ha vivido el impacto de los desastres naturales
El informe advierte que el riesgo no es solo teórico, sino que se traduce en números concretos y dolorosos para la ciudad.
Entre 2021 y 2025, los desastres naturales (inundaciones) dejaron en Bogotá:
- 70.490 personas afectadas
- 23.194 niños afectados
- 2.426 personas lesionadas
- 140 personas fallecidas
Esto debe tener una mochila de emergencia para enfrentar las primeras 72 horas ante una catástrofe natural
Tras los terremotos de 7,2 y 7,5 que sacudieron el norte de Venezuela el miércoles 24 de junio de 2026, organismos de prevención y cuentas de redes sociales comenzaron a difundir qué debe contener una mochila de supervivencia para las primeras 72 horas, un kit pensado para cubrir alimentación, abrigo, salud y seguridad en los tres días iniciales de una emergencia.
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La recomendación central es que cada familia prepare una mochila con ocho grupos de artículos y la adapte a las necesidades concretas del hogar. El criterio cambia si entre sus integrantes hay bebés, niños, mujeres embarazadas, adultos mayores o personas con discapacidad.
De acuerdo con la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres de Guatemala, la mochila debe servir para enfrentar el periodo más crítico después de un desastre.
Según el organismo, ese lapso exige prever agua, comida, ropa, elementos de higiene, botiquín, documentos, equipo básico de seguridad y herramientas.
El agua y los alimentos deben cubrir tres días completos
El agua es uno de los recursos más urgentes. Según el Proyecto Esfera, citado por Unicef Guatemala, se necesita un mínimo de 15 litros por persona al día durante al menos tres jornadas, y esa reserva debe almacenarse de forma segura.
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En el caso de los bebés menores de seis meses, la indicación es mantener la lactancia materna exclusiva, sin añadir agua ni otros líquidos. Para el resto del hogar, la provisión de alimentos debe alcanzar para tres días.
La recomendación es incluir productos enlatados y deshidratados, porque son más fáciles de almacenar, transportar y consumir. También se aconseja revisar y renovar de forma periódica la fecha de caducidad, e incorporar alimentación especial cuando algún integrante requiera dietas particulares.
La ropa debe incluir una muda completa por persona, además de frazadas, suéteres, prendas para protegerse del frío, gorros, guantes y ropa impermeable en caso de lluvia. Ese apartado también debe ajustarse a las necesidades específicas de menores, embarazadas, adultos mayores y personas con discapacidad.
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El botiquín, los documentos y las herramientas forman parte del plan básico
El bloque de aseo contempla jabón, pasta y cepillo dental, peine, champú, toalla y papel higiénico. Si hay bebés en casa, también deben sumarse pañales.
Dentro del botiquín familiar, la Conred incluye medicamentos personales, recetas, manual de primeros auxilios, alcohol o agua oxigenada, guantes de látex, termómetro, mascarillas desechables, gasas, vendas y paletas de madera.
Los documentos importantes también deben estar listos y protegidos. Para esto, desde la institución se aconseja guardar copias de la identificación personal, como cédula de ciudadanía o pasaporte, el acta de matrimonio, recetas médicas, teléfonos de emergencia, gafetes con datos de los familiares y las llaves del domicilio, todo dentro de una bolsa plástica hermética.
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El equipo básico de seguridad recomendado reúne linterna con baterías, radio portátil, silbato, lazo, fósforos guardados en bolsas herméticas y baterías de repuesto. A eso se suma una caja de herramientas con martillo, alicate, pala, lona impermeable o toldo plástico, destornillador, clavos, tornillos y tacos de expansión.