Joven de 18 años rescatada en Barú definió su experiencia como un segundo nacimiento: “Viví dos de los días más inexplicables de toda mi vida”

La búsqueda, liderada por la Armada Nacional y con apoyo de la Policía y pescadores, ubicó a Luciana Dangond Farah y a Gerónimo Ibarra Cavalli en la isla de Barú tras ser reportados como desaparecidos

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Luciana Dangond Farah y Gerónimo Ibarra Cavalli fueron rescatados con vida cerca de Cartagena tras pasar casi 20 horas a la deriva en una moto acuática - crédito Armada/lucianadangond/IG

La Armada Nacional de Colombia desplegó un extenso operativo de búsqueda frente a las costas de Cartagena después de que Luciana Dangond Farah, de 18 años, y Gerónimo Ibarra Cavalli, de 20, fueran reportados como desaparecidos tras alquilar una moto acuática que quedó a la deriva.

Ambos jóvenes sobrevivieron casi 20 horas en el mar antes de ser hallados en la isla de Barú. El incidente ocurrió el domingo 28 de junio, cuando la embarcación que habían alquilado se quedó sin combustible, alejándose progresivamente de la costa. La comunidad, junto a la Policía y pescadores locales, colaboró activamente en la búsqueda, sumando esfuerzos para lograr el rescate.

Los jóvenes fueron localizados con vida tras casi un día en el agua, poniendo fin a la angustia de sus familiares y allegados.

La moto acuática que Luciana Dangond Farah y Gerónimo Ibarra Cavalli habían alquilado se quedó sin combustible y comenzó a alejarse de la costa de Cartagena- crédito Policía Nacional

Detalles del naufragio

Desde su cuenta de Instagram, Luciana Dangond compartió cuatro imágenes: una de la panorámica del lugar donde naufragó, de su rosario y fotos religiosas que la acompañaron.

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Además, de un mensaje en el que describe la experiencia vivida. “Ayer, 28 de junio, tomé la primera foto sin imaginar todo lo que vendría después. Hoy, 29 de junio, volví a nacer. Y puedo decir que viví dos de los días más inexplicables, duros y trascendentales de toda mi vida”, escribió la joven.

En su publicación, Luciana narró que las horas en el mar estuvieron marcadas por “miedo, incertidumbre, preguntas sin respuesta, lágrimas que el mar escondía, pensamientos que jamás imaginé tener y una mezcla de emociones imposible de describir con palabras”.

La joven detalló: “Hubo momentos en los que sentí que ya no podía más. Pero también hubo otros en los que, en medio de la inmensidad del mar, sentí la presencia de Dios más cerca que nunca. Cuando humanamente todo parecía imposible, Él seguía sosteniéndonos”.

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Luciana confesó que llegó a imaginar lo peor: “Sentía que las posibilidades de volver se desvanecían con cada hora que pasaba. Pensé en mi familia, en las personas que amo, en todos los sueños que aún anhelaba cumplir y en la posibilidad de no volver a abrazarlos. Pero, incluso cuando el miedo intentaba apoderarse de mi corazón, había una voz muy dentro de mí que me repetía que Dios aún no había terminado de escribir nuestra historia”.

Después del rescate en Cartagena, Luciana Dangond Farah publicó en Instagram cuatro imágenes sobre la deriva y definió la experiencia como un segundo nacimiento - crédito lucianadangond/Instagram

En los momentos más difíciles, Luciana buscó refugio en la memoria de su abuela. “En los momentos más difíciles también le hablé a mi abuela, a mi Abi, como siempre le decía. Desde el mar hasta el cielo. Una y otra vez le repetía: ‘Mi Abi, no me dejes sola. Cuídame, ayúdame a volver a casa, con todas las personas que me aman.’ Nunca había sentido el cielo tan cerca”.

La joven expresó su convicción de que su abuela “estaba intercediendo por mí ante Dios”. Esa idea, según relató, le dio fuerzas para resistir cuando sentía que ya no podía más.

Al ser rescatada y atendida por los médicos, Luciana vivió un episodio que interpretó como señal de protección. “Un ángel llegó hasta mí y puso este regalo en mis manos. Lo increíble es que Clau Marmolejo le tomó esta foto 1 hora antes de rescatarnos. Lloré al recibirlo, porque entendí que no era solo un detalle; era un mensaje. Era Dios diciéndome: ‘Nunca te solté’”

Más detalles

La travesía de los jóvenes tomó un giro inesperado cuando, apenas saliendo de la bahía, la alarma de la moto acuática comenzó a sonar. “La moto estaba como pitando, tenía una alarma”, recordó Gerónimo al describir el primer indicio de que algo no andaba bien.

Las autoridades reportaron que los jóvenes fueron hallados con vida y trasladados a un centro asistencial para recibir valoración médica - crédito Policía Nacional / X

Consultó entonces al responsable de la moto, quien le respondió: “‘Sí, sí, pero relajado, que te dura’”. Sin embargo, la promesa no se cumplió. “A los 10 minutos, no duró”, relató Ibarra Cavalli, quien aseguró que quedaron varados a unos dos kilómetros de la orilla.

A partir de ese momento, su único recurso fue intentar nadar, pero el fuerte oleaje frustró cualquier avance. “Quedamos batallando… 6 horas para llegar a la orilla. No pudimos llegar, imposible”, sostuvo el joven, quien remarcó que la llegada de la noche complicó aún más la situación.

Durante la madrugada, notaron el despliegue de las autoridades: “Llegaron todas las lanchas de policías, los helicópteros, los drones”, describió Ibarra Cavalli en rueda de prensa. Las luces y el ruido de los operativos aumentaron la esperanza de ser rescatados, pero también la ansiedad ante la espera.

Para soportar el frío y evitar consecuencias mayores, idearon un método de supervivencia improvisado. “Nos amarramos los chalecos, nos cruzamos de piernas… Si no nos cruzamos de piernas, nos da hipotermia”, explicó el joven, resaltando la importancia de mantenerse unidos y alerta en plena noche.

En ese contexto adverso, Ibarra Cavalli destacó la necesidad de conservar la calma: “Toca manejar la tranquilidad”. El cansancio se hizo evidente con el paso de las horas, hasta que, según sus palabras, “ya ahí a las, yo no sé, 12:00 a. m., 1:00 a. m., Luciana y yo estamos cansados (...) Cuando nos despertamos. El único plan era nadar. Nadar, nadar, nadar, nadar”.

El rescate llegó tras una larga espera y un esfuerzo ininterrumpido. “Y desde las 6:00 a. m. hasta que nos recogieron a las 10:00 a. m. pasado 11:00 a. m., nadando”, relató, recordando la tenacidad y el instinto de supervivencia que los sostuvo hasta el final.