El avance del fenómeno de El Niño en Colombia causará una cadena de impactos que va mucho más allá de la falta de lluvias, pues esta temporada incrementa el riesgo de incendios forestales, reduce el agua disponible, presiona el precio de los alimentos y expone a la población a más enfermedades asociadas al calor y a vectores.
A ese panorama se suma un dato preocupante y es que la sequía, calor y menor caudal de ríos y humedales indica que el mismo fenómeno que deteriora los ecosistemas también golpea la vida diaria de los hogares, desde el abastecimiento de agua y comida hasta el costo de la energía y la exposición a situaciones relacionadas con la salud.
El calor extremo y los vectores amplían el impacto hacia la salud pública
En el plano sanitario, la primera amenaza es la exposición a temperaturas extremas. Liliana Rojas, médica y docente de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas, advirtió que un golpe de calor puede desencadenar deshidratación, agotamiento y descompensaciones, con mayor riesgo en personas que ya tienen enfermedades renales o cardíacas.
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La experta precisó además quiénes enfrentan la mayor vulnerabilidad frente a ese cuadro: “La deshidratación, en estos casos, puede agravar mucho más su estado de salud. Además, los grupos más vulnerables frente a este riesgo son los adultos mayores y los niños”.
El segundo riesgo para la salud proviene del cambio en las condiciones climáticas que favorecen la proliferación de insectos, lo que aumenta el riesgo de enfermedades transmitidas por vectores como dengue, chikungunya y zika, y agrega que en algunas regiones del país también puede incrementarse la malaria.
El aumento de incendios no solo favorece el deterioro ambiental, sino que afecta la salud
Por otro lado, Martha Melizza Ordoñez, directora del Programa de Ingeniería Ambiental de Uniagraria, explicó el daño en el medio ambiente: “Frente a sus consecuencias, una de las más visibles y graves es el aumento de los incendios forestales. Esto ocurre por la disminución de las lluvias y el incremento de las temperaturas, que secan la vegetación y la convierten en material altamente combustible, especialmente en zonas extensas y estratégicas, como los Cerros Orientales o los bosques de la región Caribe”.
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El efecto no se limita a la quema de cobertura vegetal, pues las llamas destruyen hábitats para la fauna silvestre, erosionan los suelos y reducen su capacidad de infiltrar y retener agua.
Cabe mencionar que la falta de lluvias también provoca estrés hídrico en la flora, caída prematura de hojas y menor crecimiento de árboles y plantas, con una reducción adicional en la capacidad de los ecosistemas para captar dióxido de carbono. Así, la calidad del aire se puede ver afectada ocasionando problemas de salud.
Menos agua implica menos oxígeno en los ecosistemas acuáticos y más contaminantes concentrados
En el componente hídrico, la caída de los caudales afecta ríos, quebradas, humedales y acuíferos. Ordoñez resumió ese impacto en una secuencia concreta: “Esto no solo afecta el volumen de agua disponible para el uso en las actividades cotidianas y productivas del ser humano, sino que, además, al haber menos caudal, disminuye el oxígeno disponible para los organismos que habitan los ecosistemas acuáticos y aumenta la concentración de contaminantes, porque se reduce la capacidad natural de dilución”.
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Esa alteración favorece la mortalidad de peces y otras especies acuáticas. El mismo proceso también puede impulsar la proliferación de algas y facilitar episodios de eutrofización.
En la fauna terrestre, el problema aparece por dos vías: menos agua y menos alimento, debido a que las especies deben recorrer mayores distancias para encontrar fuentes hídricas, mientras la reducción de lluvias afecta la floración, la fructificación y la disponibilidad de recursos alimenticios.
Esta situación altera la cadena alimenticia, incrementa la mortalidad animal, genera disputas entre especies por el acceso al agua y al alimento, y puede inducir migraciones en zonas donde no suelen producirse. La experta reiteró que el daño también llega a los humanos: “Los ecosistemas que sirven de hábitat para flora y fauna se ven profundamente afectados, y eso termina impactando también la calidad de vida de las personas”.
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El golpe al bolsillo por el fenómeno de El Niño
La presión económica sobre los hogares abre la puerta a un aumento en los precios, según Jhon Torres, economista y docente de la Uniagustiniana: “Esto implicaría una aceleración de la inflación. Los alimentos más expuestos serían el arroz, la papa y el plátano. El sector pecuario también enfrenta riesgo elevado en carne de res, leche y pescado”.
El antecedente que aportó el economista refuerza esa proyección. Durante el fenómeno de El Niño de 2015-2016, la inflación anual de alimentos alcanzó el 18,9%.
Cabe mencionar que dado el peso de la hidroelectricidad en la matriz eléctrica colombiana, una reducción sostenida del agua disponible obligaría a una mayor participación de plantas térmicas, con un costo superior que terminaría reflejándose en las tarifas de los servicios públicos.
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