El fenómeno del candidato a la presidencia de Colombia para el periodo 2026 -2030 Abelardo de la Espriella se centra en un concepto que ha tomado relevancia en los últimos años, una tendencia que viene al alza en los procesos democráticos a nivel mundial.
Me refiero a la figura del outsider, un término muy utilizado en los últimos tiempos pero que aún presenta claroscuros. Para empezar, es conveniente definir qué es: desde la Ciencia Política un outsider se define como alguien que viene de fuera del entorno político, ajeno a las prácticas y costumbres de la política tradicional, algo así como la figura de un “antipolítico”; sin embargo, existe una clasificación más sofisticada, en la cual se habla de, al menos, tres clases de figuras de este tipo.
En primer lugar están aquellos que han hecho carrera dentro de la política tradicional, pero han tenido diferencias con su base de partido y deciden presentarse como ajenos al mundo político; el segundo tipo de “outsider” es el que, efectivamente, nunca ha estado dentro del mundo político, y el tercero, aquel que fue antipolítico y dejó de serlo para asumir un cargo público.
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Javier Milei, Nayib Bukele y Abelardo de la Espriella hacen parte de la “nueva derecha” populista y “antipolítica” de América Latina. A pesar de que su postura se presenta como similar, con evidentes puntos en común, sustentada en un discurso antisistema y con una estrategia mediática de alto impacto, basada en propuestas disruptivas, con una baja elaboración ideológica y sustentadas en eslóganes de altísima recordación; aun así, existen diferencias en sus propuestas que deben ser tomadas en cuenta:
El actual presidente argentino, Javier Milei, basa su plataforma política en la reforma absoluta de la economía y de la estructura del Estado, con una propuesta que autodenomina libertaria y anarcocapitalista. Su propuesta está basada en una reducción drástica del gasto gubernamental (sustentada en el símbolo de la motosierra), la desregulación total de la economía y la reducción agresiva del tamaño del Estado. Una de las particularidades vistas en el discurso de Milei es la clasificación de lo que llama “la casta”, la clase política tradicional, de la que busca alejarse y es la base de su propuesta “outsider”.
En El Salvador, el presidente Nayib Bukele sustenta su propuesta en la seguridad nacional, el orden público y la modernización institucional, por medio de la implementación de medidas de “mano dura”, como el Régimen de Excepción, que le ha brindado facultades excepcionales a la fuerza pública para su acción en contra de la delincuencia, en ocasiones, saltándose el “debido proceso”. Aunque esta política ha tenido impacto en la reducción de las tasas de criminalidad en el país, ha ocasionado numerosos hechos de violaciones a los Derechos Humanos; asimismo, ha centralizado el poder institucional alrededor de su figura, teniendo un control absoluto de las comunicaciones estatales por medio del uso intensivo de redes sociales y tecnología.
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Así pues, Abelardo de la Espriella toma elementos presentes dentro de las propuestas de Milei y Bukele, apoyándose en valores tradicionales de la derecha conservadora del país como la restauración del orden y apropiación de los símbolos patrios como su base ideológica, que funciona como la bisagra en la cual se apoya para ir en contra de las ideas, las acciones y las políticas públicas de izquierda representada en el actual gobierno. De esta forma, el candito toma de Bukele la política de “mano dura” contra la delincuencia sobre una propuesta de recuperación del orden y la seguridad, perdidas con el actual gobierno, por otra parte, de Milei se apropia del discurso de reducción del tamaño del Estado y en la desregulación de la economía. Sin embargo, es fundamental hacer énfasis en que su propuesta se centra más en valores tradicionales y conservadores de la sociedad.
Este abogado, que se comporta más como una figura mediática, ha basado su campaña en una narrativa con altísima carga emocional que apela a los miedos e incertidumbres de grandes sectores de la población y se muestra como una alternativa lejana del mundo político tradicional, del que la población está hastiada, y desde donde aprovecha para lanzarse en contra de toda la estructura política tradicional del país.
Es así como los tres buscan ser percibidos como outsiders, usando la comunicación directa por medio de mensajes simples y de fácil recordación que establecen una comunicación directa que apela al descontento ciudadano. De igual manera, comparten un discurso en directa confrontación contra la izquierda o el progresismo.
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El cuestionamiento a estos tres modelos radica principalmente en que buscan dotar al Estado de una cualidad moral que no tiene por sí mismo. Es decir, si el Estado se transforma en el discurso del poseedor de “lo bueno, lo correcto y lo moralmente aceptable”, entonces se descallifica todo lo que busque un control sobre los abusos y excesos que estas “propuestas correctas” plantean.
Las defensas institucionales que tiene el Estado contra la opresión de las libertades, los pesos y contrapesos, el imperio de la ley, la aceptación de diferencias, las organizaciones sociales independientes, los derechos humanos individuales y colectivos e incluso el pluralismo empiezan un deterioro irreversible y en extremo peligroso que terminaría a mediano o largo plazo en la reducción de las libertades y la capacidad del estado para garantizar la democracia y el bienestar de la totalidad de los ciudadanos. Es una reflexión necesaria.