La muerte de Alexander Avendaño en el embalse El Peñol-Guatapé durante un viaje en un planchón en el embalse El Peñol de Guatapé, en el departamento de Antioquia, ha provocado alarma pública en el país y ha centrado la atención en los protocolos de seguridad y limitaciones legales de las empresas de transporte fluvial.
Ante esta situación, varios sectores y testigos del hecho han manifestado su versión de los hechos. El turno fue para la empresa Inversiones Los Lagos de Guatapé, encargada de la embarcación donde se presentó el trágico deceso.
En un comunicado, la compañía defendió su actuación y señaló obstáculos para aplicar controles más estrictos a los pasajeros.
Inicialmente, la organización afirmó que la embarcación en la que falleció Avendaño el 24 de mayo de 2026, contaba con toda la documentación exigida por ley.
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“La embarcación contaba con todos los permisos y requisitos exigidos por la normatividad vigente, incluyendo certificados técnicos, pólizas, equipos de seguridad y protocolos de prevención para pasajeros y tripulación”, indicaron en el comunicado.
También recalcó que no tiene facultades legales para realizar requisas, practicar pruebas de alcoholemia ni llevar a cabo funciones reservadas para la policía o la autoridad portuaria.
Intimidaciones a la tripulación
Así mismo, Inversiones Los Lagos de Guatapé denunció que, durante el trayecto, la tripulación fue víctima de agresiones, intimidaciones y alteraciones del orden por parte de algunos pasajeros.
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“Nuestra tripulación también habría sido objeto de agresiones, intimidaciones y alteraciones del orden durante el desarrollo de los acontecimientos, situación que dificultó significativamente el ejercicio normal de sus funciones de supervisión, control y atención de los pasajeros en medio de una situación extraordinaria, inesperada y ajena al desarrollo ordinario de la operación de transporte”, aseguraron.
La empresa describió el ambiente como extraordinario e inesperado, ajeno a las operaciones habituales, y subrayó que la seguridad en la navegación depende tanto de la actuación de la tripulación como del comportamiento responsable de los pasajeros.
“Los usuarios deben atender las instrucciones impartidas por la tripulación, utilizar los elementos de protección exigidos y abstenerse de ejecutar conductas que puedan poner en riesgo su propia integridad o la de terceros”, complementaron.
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Finalmente, la empresa lamentó la tragedia, expresó condolencias a la familia de la víctima y aseguró que colabora plenamente con las autoridades judiciales, entregando toda la información requerida para el esclarecimiento del caso.
La versión de la compañía de la embarcación está siendo objeto de análisis por parte de las autoridades judiciales, que buscan determinar cómo influyó en el desarrollo de los hechos.
Así va la investigación
El 24 de mayo, Alexander Avendaño, un joven de veintidós años, cayó al agua durante un paseo turístico en el embalse El Peñol-Guatapé (Antioquia) luego de una disputa a bordo.
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Según las primeras investigaciones de las autoridades, Avendaño habría intentado huir de una agresión y desapareció en el embalse, sin saber nadar, lo que provocó su muerte por ahogamiento.
El cuerpo del joven de 22 años fue hallado cinco días después, el 30 de mayo, tras labores de búsqueda en las que participaron bomberos y familiares.
Sin embargo, un nuevo elemento apareció en la investigación cuando un grupo de jóvenes, que habrían estado presentes en el planchón, realizó una videollamada pública a través de TikTok, donde relataron detalles de los momentos previos al desenlace fatal.
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En la conversación, dos participantes aseguraron haber estado a bordo del bote y presenciado la situación. “Él le estaba metiendo cachetadas a la hermana porque ella andaba muy cansona atosigándolo. Como que eso le dio rabia y le metió la cachetada y ese chino de Sebastián se metió”, manifestó.
El mismo relato sostuvo que Avendaño estaba “mal por los efectos de la droga” y que eso habría alterado su comportamiento.
Incluso, ese testigo también afirmó que el joven estaba mostrando sus partes íntimas a las mujeres que se encontraban en el planchón, y que esa situación habría desatado golpes en su contra.
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“El pelao no se tiró solo, lo estaban atosigando, la otra diciendo que la ahogaran, él quedó con el miedo de que lo tiraran... el barco no podía detenerse porque seguía moviéndose en el agua”, mencionaba otro de los testigos en el filme.
La investigación judicial continúa activa e incluye el análisis de videos y testimonios para corroborar las circunstancias de la muerte. Entre las hipótesis bajo consideración figuran si Avendaño fue empujado, forzado o presionado por otras personas a lanzarse al agua, o si se trató de un acto voluntario en medio de amenazas.
Por ahora, las autoridades deben establecer si hay responsabilidad penal, administrativa o disciplinaria de individuos o de la empresa operadora, y no descartan futuras acciones si se verifica alguna omisión en los protocolos.
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Entre tanto, el Ministerio de Transporte reconoció que toda la documentación de la embarcación estaba en regla y adelantó una investigación para determinar si existieron fallos en los protocolos o en los controles de consumo de alcohol y sustancias.
Destacó que, aunque los operadores deben cumplir la normativa, la supervisión de los pasajeros está sujeta a limitaciones legales.