Luego de los comicios del 31 de mayo, en los que Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda obtuvieron la mayoría de votos y entre ellos se definirá quién será el próximo presidente de la República, se han planteado varias preguntas sobre las claves de la segunda vuelta del 21 de junio.
En diálogo con Infobae Colombia, el docente de la Facultad de Estudios Jurídicos, Políticos e Internacionales de la Universidad de La Sabana, Iván Unigarro, analizó varios aspectos que podrían ser claves para la definición de las elecciones presidenciales.
En primer lugar, debido a que Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo, que ocuparon la tercera posición en los comicios, representaban una idea de centro-derecha, una de las dudas que se ha generado es sobre el destino de los votos de esta fórmula, al respecto, el docente indicó que en este tipo de escenarios no se debe plantear una suma fácil o lineal.
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“Si algo nos enseñan las elecciones en Colombia es que sumar votos como quien suma figuritas del mundial no es ni acertado ni responsable. Dicho eso, la respuesta concreta es no. Los votos de Paloma Valencia son, en su mayoría, votos de opinión y particularmente votos que buscan proteger la institucionalidad. Aunque buena parte de ese caudal, probablemente el 80% se traslade a Abelardo de la Espriella, otra porción no menor puede terminar votando en blanco o, simplemente, quedándose en casa”.
En segundo lugar, teniendo en cuenta que los votos en blanco, no marcados y nulos fueron cerca de 700.000 en la primera vuelta, el experto mencionó que una de las claves para la segunda vuelta está en convencer a esos ciudadanos, aunque explicó que es un trabajo difícil y que habitualmente no se logra.
“Importan, sí, pero no tanto como suele asumirse. La historia electoral colombiana ayuda a poner esto en perspectiva. En las elecciones presidenciales celebradas desde la Constitución de 1991, solo en una, la de 2014, el segundo de la primera vuelta logró remontar y ganar el balotaje. En las demás, el ganador de la primera vuelta terminó siendo el presidente electo. En síntesis: desde que existe el balotaje en Colombia, quien gana la primera vuelta gana la elección en cinco de ocho ocasiones”.
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El docente espera que el porcentaje del voto en blanco aumente para la segunda vuelta y no que ese público termine decantándose por uno de los candidatos.
“Vale la pena anotar que la última vez que se registró un nivel de agotamiento electoral comparable al actual fue precisamente en 2014, y eso disparó el voto en blanco hasta el 5,9%. Bajo ese antecedente, es razonable esperar que el voto en blanco crezca del 1,55% actual a un máximo cercano al 4% en segunda vuelta. Será un movimiento relevante, pero difícilmente decisivo.
Al explicar por qué no se deben sumar directamente los votos de las campañas que quedaron relegadas a un candidato, el experto recordó que esto no ha servido para pronosticar comicios del pasado.
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“Hablar de ‘endosos’ de votos también merece cautela. Un buen ejemplo es la elección de 2010. En el balotaje entre Santos y Mockus, si uno aplicara la lógica del traslado automático, Mockus debió haber sumado cerca de 4.5 millones de votos, los suyos (3.1) más los de Petro (1.4), pero en realidad, solo obtuvo 3.5 millones, es decir, capturó menos de la mitad del voto de la izquierda tradicional de primera vuelta. El voto, aunque leal, no es automático”.
Para Iván Unigarro, la prioridad de los candidatos está en convencer a los ciudadanos que no votaron en la primera vuelta y de tratar que los que tienen dudas se decanten por su idea política y no terminen aumentando el porcentaje del voto en blanco o nulo.
“Con eso en mente, y considerando que se proyectan cerca de 25 millones de colombianos votando el próximo 21 de junio, conviene partir de un piso conocido: Abelardo de la Espriella arranca con una base de aproximadamente diez millones de votos, e Iván Cepeda con cerca de nueve millones. Ambas bases son, en la práctica, casi inamovibles. Descontado el voto en blanco, quedan en disputa unos cinco millones de votos y según las encuestas más recientes, la diferencia entre De la Espriella y Cepeda ronda los siete puntos”.
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El experto cree que en Colombia se debe comenzar a hablar de la importancia de las maquinarias políticas, que se decantarán, aunque el candidato no lo apruebe, en torno al aspirante que vean con más oportunidades de ganar.
“En síntesis: hoy el tablero electoral favorece a la campaña de Abelardo de la Espriella, pero como en política, al igual que en el fútbol, nada está escrito, una remontada sigue siendo posible. Improbable, pero posible”, puntualizó.