El interés de los turistas por los postres colombianos ha crecido, especialmente por las mezclas de dulce y salado que sorprenden a muchos. Esta curiosidad llevó a la usuaria de TikTok Mai Japonesita a compartir su experiencia probando tres opciones tradicionales en un video que generó conversación.
Así empezó su video: “Hoy vamos a comer postres colombianos. El primero es breva con queso y arequipe. Entonces vamos a probarlo. Voy a tomar un pedacito de queso, pedacito de breva y arequipe”. Tras el primer intento, admitió con cara de desagrado: “Sí, a mí no me gusta esta breva”.
Luego, al probar la oblea, afirmó: “Esta oblea es gigante, tiene tres pisos. Trae arequipe, queso, fresa y crema. Vamos a probarlo. A mí me gusta, muy rico. Me gusta que pusieron quesos. Esto me gustó más. Ocho de diez”.
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El postre final fue la nata, sobre la cual expresó: “Yo no conocí este postre. No entiendo este líquido. Vamos a probarlo. Dulce. Tiene unos pedacitos, no sé qué es eso. Me gusta más de oblea”.
En los comentarios, colombianos reaccionaron, en especial, a la aversión a las brevas que mostró la extranjera: “Como colombiano puedo asegurar que gas las brevas”, pero también algunas personas defendieron esta combinación: “Como colombiana digo que las brevas son una chimbaaaa!! me gustan más con melao o almíbar”.
El contraste de sabores que ofrece el dulce de brevas lo ha convertido en un referente de la repostería colombiana. Este postre, servido frío, se distingue por el equilibrio entre el dulzor de la fruta cocida y el toque salado del queso fresco, a menudo acompañado por una generosa porción de arequipe.
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La preparación del dulce de brevas inicia con la selección de los frutos, que deben estar firmes pero maduros. Se cocinan lentamente en un almíbar espeso elaborado con panela, azúcar y especias como la canela y los clavos de olor. Durante la cocción, las brevas absorben el melado y adquieren una textura tierna y un brillo particular, características que las distinguen visualmente y en boca.
Las brevas se diferencian de los higos por ser la primera cosecha anual de la higuera (Ficus carica), árbol que posee una historia milenaria. Originario de la cuenca mediterránea, existen registros de su cultivo desde hace más de seis milenios. Civilizaciones como la egipcia y la griega ya apreciaban las brevas como un manjar reservado para ocasiones especiales.
El arribo de la higuera a Colombia se produjo durante la colonización española. El árbol encontró condiciones favorables en tierras de clima templado, prosperando especialmente en departamentos como Boyacá y Antioquia.
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La tradición europea de conservar frutas en azúcar se fusionó en el país con la caña y la panela, dando origen a un método de preservación que aportó identidad a los postres locales. Así, el dulce de brevas se consolidó como un símbolo gastronómico, presente en festividades y reuniones familiares.
Pese a su arraigo, el dulce de brevas no es del gusto de todos. La textura arenosa, debida a las diminutas semillas del fruto, puede resultar poco atractiva para algunos. Además, la menor dulzura de la breva, en comparación con el higo, y su ligera acidez, generan opiniones divididas sobre su sabor y consistencia.
En el universo de la repostería andina, otro clásico es el postre de natas, típico de regiones como Cundinamarca y Boyacá. Su elaboración requiere paciencia, ya que consiste en recolectar manualmente las capas de nata que se forman al hervir la leche. Estas se mezclan con almíbar, yemas de huevo y un toque de especias como la canela, la vainilla o el ron, logrando un postre de textura densa y sabor intenso.
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No todos disfrutan del postre de natas. Su textura espesa, resultado de la grasa láctea, y el dulzor concentrado pueden ser excesivos para ciertos paladares. Además, la preparación es laboriosa y puede resultar pesada, especialmente para quienes presentan intolerancia a los productos lácteos.