La salud ginecológica no es tomada en serio por algunas mujeres, puesto que los síntomas de dolor menstrual se confunden con situaciones normales. Sin embargo, los especialistas recomiendan prestar atención a cualquier incomodidad, así como a las infecciones urinarias y los cambios de la menopausia que pueden afectar el bienestar diario y, cuando se intensifican, deben ser tomados como señales de enfermedades que requieren diagnóstico y seguimiento médico.
Aunque es común que las mujeres experimenten dolor menstrual, la alerta se enciende cuando este se vuelve incapacitante o empeora con el tiempo, lo que puede indicar patologías no diagnosticadas.
En Colombia, millones de mujeres conviven a diario con molestias ginecológicas que han aprendido a normalizar. El dolor intenso durante la menstruación, las infecciones urinarias recurrentes y los cambios asociados a la menopausia figuran entre las más frecuentes.
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Uno de los casos más comunes es el de los cólicos menstruales. Se estima que cerca del 73% de las mujeres colombianas los padece; sin embargo, es necesario tener en cuenta que detrás de los síntomas incapacitantes pueden existir condiciones como la endometriosis, una enfermedad que puede tardar años en detectarse y que afecta la salud física, la calidad de vida y el bienestar emocional.
Hay otra etapa clave en la vida de las mujeres que también debe tratarse en compañía de expertos: la menopausia, que más allá del fin de la vida reproductiva, se entiende como una transición.
La falta de información y el estigma aún hacen que muchas mujeres enfrenten solas síntomas como sofocos, cambios en el estado de ánimo o alteraciones del sueño. Según la Organización Mundial de la Salud, promover el acompañamiento médico y el acceso a información clara resulta determinante para transformar la experiencia de esta etapa.
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Las infecciones urinarias suelen subestimarse
Estas continúan entre las principales causas de consulta en mujeres y su frecuencia se asocia a factores anatómicos y hormonales, lo que incrementa el riesgo de padecimiento en comparación con los hombres. Entre los síntomas se encuentran ardor al orinar, necesidad frecuente de ir al baño o molestias pélvicas, aunque estos muchas veces se ignoran o se tratan de forma tardía lo que puede agravar el diagnóstico.
Ante este panorama, se recomienda la prevención, a través de hábitos como una adecuada hidratación, higiene íntima y controles médicos, lo que resulta determinante para reducir su impacto y evitar complicaciones.
El rol del ginecólogo
Frente a este panorama, el mensaje de los especialistas es que el ginecólogo no debe ser un médico de consulta ocasional, pues su rol es acompañarlas en cada etapa de su vida, desde la adolescencia hasta la menopausia, con foco en la prevención, el diagnóstico temprano y una mejor relación con la salud.
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Y es que las revisiones periódicas no solo permiten detectar condiciones a tiempo, sino que abren espacios de conversación sobre temas que se silencian por miedo, desinformación o normalización cultural.
“Muchas mujeres solo visitan al ginecólogo cuando algo les preocupa, pero la consulta anual es clave, incluso sin síntomas. El ginecólogo no solo atiende la salud reproductiva, también puede detectar a tiempo riesgos cardiovasculares, metabólicos, alteraciones hormonales y distintos tipos de cáncer, incluidos el de cuello uterino y el de mama. Además, orienta sobre planificación familiar, cambios durante el embarazo, la menopausia y la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Cuidarse no debería ser una reacción ante la enfermedad, sino un hábito”, señaló la ginecóloga, epidemióloga y vocera de Heel Colombia, Natascha Ortiz.
Este llamado se realiza, teniendo en cuenta que el Día del Gineco-Obstetra se conmemora el 28 de mayo, por lo que los especialistas reiteran que escuchar el cuerpo no es opcional y reconocer las señales, consultar a tiempo y dejar de normalizar el malestar puede ocasionar una diferencia en la vida de millones de mujeres.
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