El precio del euro en Colombia cerró la jornada del 6 de mayo de 2026 en un promedio de $4.358,03, lo que representó una caída de 0,87 frente al día anterior, equivalente a una variación diaria de -0,02. Durante la sesión, la divisa europea alcanzó un máximo de $4.398,44 y un mínimo de $4.331,96, reflejando una volatilidad moderada en el cruce EUR/COP.
Si bien no se registraron máximos históricos, el alza en su valor responde a una combinación de factores internacionales, como las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos y la inestabilidad en los mercados globales, junto con elementos locales que influyen en la oferta y demanda de divisas. En las casas de cambio, el euro se cotizó en un rango de $4.360 para la compra y $4.530 para la venta.
En la última semana, el euro registró un avance del 2,99%, aunque su variación interanual muestra una caída del 7,5%.
El euro ha mostrado una tendencia positiva frente al peso colombiano durante los últimos tres días, reflejando un aumento en la confianza del mercado. La volatilidad actual del tipo de cambio se sitúa en 21,07%, superando la volatilidad de referencia del 17,06%, lo que indica un periodo de inestabilidad en el mercado cambiario.
PUBLICIDAD
Análisis de mercado
Los movimientos recientes del mercado cambiario muestran que el euro y el peso colombiano siguen atrapados en un escenario internacional marcado por presiones inflacionarias, desaceleración económica y alta sensibilidad frente al costo de la energía. Aunque en las últimas jornadas disminuyó parcialmente la tensión geopolítica entre Estados Unidos e Irán, el alivio para Europa es limitado debido a que el choque de precios energéticos continúa golpeando la actividad productiva y el consumo dentro del bloque.
La moneda europea enfrenta un contexto especialmente complejo. Los datos más recientes evidencian un deterioro importante en la dinámica económica de la eurozona, donde el aumento de los costos industriales está empezando a trasladarse con mayor fuerza a empresas y consumidores. El Índice de Precios al Productor registró un salto mensual impulsado principalmente por la energía, situación que confirma que la inflación importada sigue siendo uno de los principales riesgos para el Banco Central Europeo. A esto se suma una pérdida de dinamismo en sectores clave, particularmente en servicios y manufactura, donde los indicadores PMI ya se ubican en zona contractiva.
En Alemania, considerada el motor industrial europeo, la desaceleración es todavía más visible. La caída sostenida en el empleo dentro del sector servicios refleja que las compañías están ajustando costos ante la menor demanda y el debilitamiento del consumo interno. Este deterioro económico reduce el margen de recuperación del euro frente a otras monedas fuertes y mantiene al mercado apostando por nuevas subidas de tasas por parte del BCE durante los próximos meses.
PUBLICIDAD
Pese a la debilidad económica del continente, el euro logra conservar cierta estabilidad relativa gracias a la expectativa de que la autoridad monetaria europea mantendrá una política restrictiva por más tiempo. Sin embargo, el endurecimiento monetario podría terminar profundizando el riesgo de estanflación, especialmente si persisten los elevados precios de la energía y la pérdida de competitividad industrial. En ese entorno, la moneda común europea continuará expuesta a episodios de volatilidad frente al dólar y también frente a divisas emergentes.
Para el peso colombiano, el panorama es mixto. Por un lado, la reducción parcial de la aversión global al riesgo y la moderación temporal en las tensiones de Medio Oriente permitieron cierta estabilidad cambiaria. Además, los altos precios internacionales del petróleo siguen funcionando como un soporte estructural para la moneda local, dado el peso que tienen las exportaciones de hidrocarburos sobre el ingreso de divisas del país.
No obstante, el frente interno sigue generando inquietud entre inversionistas y agentes financieros. La caída del recaudo tributario y la reducción de los ingresos provenientes del sector petrolero han incrementado las dudas sobre la sostenibilidad fiscal de Colombia. La menor participación de los hidrocarburos dentro de los ingresos del Estado limita el margen de maniobra presupuestal y aumenta la dependencia del endeudamiento público en un contexto de tasas de interés todavía elevadas.
PUBLICIDAD
A esto se suma la divergencia entre las expectativas del mercado y la postura del Banco de la República. Mientras los inversionistas anticipan que las tasas permanecerán altas durante un periodo prolongado, el emisor mantiene un discurso enfocado en devolver la inflación hacia la meta del 3%. Sin embargo, riesgos como El Niño, las presiones salariales y los mayores costos energéticos podrían retrasar ese proceso y obligar a una política monetaria más restrictiva de lo esperado.
La reciente modificación en las reglas para las subastas de TES refleja precisamente la necesidad del Gobierno de asegurar liquidez y aprovechar la demanda por deuda local. Aunque esta estrategia puede aliviar presiones inmediatas de financiamiento, también deja claro que el mercado seguirá atento al comportamiento de las cuentas fiscales y a la capacidad del Ejecutivo para estabilizar la deuda pública.
En paralelo, China se consolida como un factor determinante para el equilibrio global. La aceleración de su actividad manufacturera y de servicios evidencia que la demanda interna mantiene cierta fortaleza, incluso en medio del aumento de costos internacionales. Ese dinamismo favorece parcialmente a economías exportadoras de materias primas, incluida Colombia, aunque también impulsa nuevamente los precios de la energía y de insumos industriales.
PUBLICIDAD