La emoción de un espectáculo que prometía adrenalina terminó en tragedia. El pasado domingo 3 de mayo de 2026, en Popayán, una exhibición de ‘monster trucks’ dejó una escena que nadie esperaba: una conductora perdió el control del vehículo y terminó arrollando a decenas de personas que estaban como público.
El balance es doloroso: tres personas fallecidas —dos de ellas menores de edad— y más de 50 heridos. Lo que debía ser un plan familiar y llamativo se convirtió en un hecho que hoy tiene a toda la ciudad, y al país, hablando de seguridad, controles y responsabilidades en este tipo de eventos.
El accidente ocurrió durante el evento Monster Truck 2026, realizado en el lote conocido como Bulevar Rose. Según testigos, todo pasó en cuestión de segundos.
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El vehículo, diseñado para hacer maniobras extremas, se salió de control y terminó impactando contra la zona donde estaban los asistentes. Videos grabados por el público empezaron a circular rápidamente en redes sociales, mostrando el caos del momento y la desesperación de quienes intentaban ayudar.
Uno de los puntos que más ha generado preocupación es la logística del evento. Se habla de cerca de 1.000 asistentes, pero apenas cinco socorristas disponibles.
Esa desproporción ha encendido las alarmas sobre la preparación para atender emergencias en espectáculos de alto riesgo. Porque sí, aunque estos shows son llamativos, también implican peligros importantes si no se manejan con protocolos estrictos.
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Ahora bien, detrás de todo esto hay otro tema clave que ha salido a la conversación: el costo y la complejidad de estos vehículos. No se trata de carros comunes ni de modificaciones simples. Un ‘monster truck’ es prácticamente una máquina diseñada desde cero para resistir impactos, saltos y acrobacias extremas.
Para que se haga una idea, construir uno de estos vehículos puede costar alrededor de USD 300.000, es decir, aproximadamente 1.200 millones de pesos colombianos.
Solo el motor puede valer entre USD 40.000 y USD 75.000 (unos 160 a 300 millones de pesos), y las llantas —que pueden medir hasta 66 pulgadas— rondan los USD 12.000 por juego (cerca de 48 millones de pesos). Es decir, cada parte está pensada para soportar condiciones muy exigentes, pero también implica una inversión altísima.
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Y eso no es todo. Mantener un ‘monster truck’ en condiciones óptimas puede costar hasta USD 250.000 al año, lo que equivale a cerca de 1.000 millones de pesos colombianos. Esto incluye reparaciones constantes, cambio de piezas, combustible especializado como metanol, transporte en tráileres especiales y personal técnico capacitado. No es solo tener el vehículo, es sostener toda una operación alrededor.
En países como Estados Unidos, donde estos espectáculos llevan décadas realizándose, existe toda una industria organizada con normas claras, certificaciones técnicas y equipos profesionales altamente entrenados. Pero en Colombia, este tipo de eventos apenas está creciendo, y ahí es donde surgen los retos.
En los últimos años, los shows de ‘monster trucks’ han ganado popularidad en el país. Se han visto giras nacionales, eventos en grandes escenarios y combinaciones con otros espectáculos como BMX o acrobacias en moto.
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Para muchas personas, es una experiencia nueva, emocionante y diferente. Sin embargo, el accidente en Popayán deja claro que el crecimiento de este tipo de entretenimiento debe ir de la mano con regulaciones más fuertes.
La empresa organizadora, DB Entretenimiento, emitió un comunicado al día siguiente del incidente. En él expresó su dolor por lo ocurrido y su solidaridad con las víctimas y sus familias. También aseguró que está colaborando con las autoridades para esclarecer las causas del accidente.
Además, aclararon que el evento era de carácter privado y que el municipio no tuvo participación en su financiación ni en la organización.
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Más allá de las responsabilidades específicas, lo ocurrido abre una conversación necesaria. ¿Están preparados estos eventos para manejar riesgos reales? ¿Se están cumpliendo estándares internacionales? ¿Hay suficiente control por parte de las autoridades? Son preguntas que hoy muchas personas se están haciendo.
Y es que no se trata de satanizar este tipo de espectáculos, sino de entender que requieren un nivel de organización muy alto. No es lo mismo montar un concierto o una feria que un show con vehículos de varias toneladas haciendo maniobras extremas.