Integrantes de las disidencias responsables del atentado en Cajibío acudieron a comunidades rurales del Cauca para ofrecer a familiares de las víctimas supuestas sumas de dinero en concepto de reparación.
El hecho generó un rechazo absoluto y reacciones de indignación colectiva tras el ataque que dejó 21 muertos y más de 30 heridos el 25 de abril, aumentando la tensión en la región, según datos oficiales de Medicina Legal y las autoridades militares.
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Miembros de la estructura Jaime Martínez, perteneciente a las disidencias del Estado Mayor Central, intentaron acercarse a los familiares de las personas asesinadas en la vereda Alto Grande y en el corregimiento La Pedregosa, proponiendo pagos económicos cuyo monto no fue revelado.
Los allegados de las víctimas rechazaron la oferta de inmediato, calificando la propuesta como indigna y reafirmando que no aceptarán ningún intento de ponerle un precio a la vida de sus seres queridos.
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Rechazo de las familias y dignidad ante el ofrecimiento de dinero
De acuerdo con la información citada por Semana, los enviados de la organización ilegal presentaron su propuesta de reparación ante las familias, quienes percibieron el gesto como un intento de “compra del dolor”.
Un familiar relató que entregar dinero “es como colocarle un precio a la vida de la persona que se fue”. Debido a este sentimiento, los sobrevivientes y parientes decidieron cerrar la puerta a los emisarios, manteniéndose firmes en su rechazo.
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El dolor y la indignación se expresaron tanto en declaraciones privadas como en la decisión colectiva de no permitir que la tragedia fuera “resarcida” de manera económica, tal como constata el medio mencionado.
Perfil de las víctimas y contexto rural del ataque en Cajibío
Las víctimas eran principalmente campesinos de Cajibío dedicados al cultivo de café, caña y hortalizas, quienes viajaban hacia Piendamó para vender productos o abastecer sus hogares.
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Entre los fallecidos se contaron nueve adultos mayores: sus muertes afectaron gravemente a la población rural de Cajibío, municipio situado a 30 kilómetros de Popayán.
Una de las figuras más recordadas fue Ciro Valencia, conductor del bus escalera atacado, considerado por su comunidad como símbolo de humildad y trabajo.
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Tras su muerte, se suspendieron actividades escolares y se organizaron oraciones colectivas en Cajibío y Popayán por la recuperación de los heridos, varios de ellos en estado crítico y hospitalizados en Popayán y Cali, según reportó Semana.
Respuesta social y política: homenajes, pronunciamientos y resistencia
El atentado desencadenó actos de solidaridad y múltiples homenajes, incluido el evento realizado en el Parque Francisco José de Caldas en Popayán. En ese escenario, cientos de ciudadanos, líderes sociales, instituciones y servidores públicos vestidos de blanco rindieron tributo a las 21 víctimas con velas, flores y oraciones.
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El gobernador del Cauca Octavio Guzmán dirigió palabras de aliento durante la ceremonia: “Hoy el Cauca no se arrodilla, está de pie, abrazando a sus víctimas... cada prenda blanca, cada flor y cada luz simbolizan las vidas que nos fueron arrebatadas, pero también la esperanza que nos negamos a perder”, expresó el mandatario, aludiendo a la unidad de 1.6 millones de caucanos.
Liderazgos sociales y religiosos presentes en el acto invocaron la defensa de la vida, la memoria y la solidaridad como respuesta colectiva frente a la violencia.
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Al honrar y nombrar a quienes perdieron la vida, la comunidad de Cajibío y del Cauca reivindica el valor de cada existencia, rechazando el olvido y reafirmando, en medio de la adversidad, su dignidad y resistencia.