En medio de la campaña electoral de Colombia, la comunicación no verbal se posiciona como un factor determinante en la percepción de liderazgo, credibilidad y conexión emocional de los candidatos a la Presidencia en 2026.
Gestos, posturas y expresiones pueden impactar más que los discursos en la decisión de voto, especialmente en un contexto de alta polarización y emociones intensas.
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Especialistas sostienen que el modo en que los aspirantes a la presidencia se expresan sin palabras moldea la confianza y la cercanía que perciben los electores.
Aspectos como la gestualidad, el contacto visual, el tono de voz y la postura desencadenan respuestas automáticas en el cerebro del votante, activando emociones como seguridad, afinidad o rechazo. Estas señales pueden inclinar la balanza entre candidatos en un proceso electoral reñido.
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Infobae Colombia realizó una consulta a referentes en comunicación no verbal y emoción política para desentrañar los mecanismos detrás de la percepción de liderazgo en campañas presidenciales.
La influencia del lenguaje corporal en la percepción de liderazgo
Víctor Hugo Arango Pérez, experto en comunicación no verbal, explicó a Infobae Colombia que el contacto visual es fundamental para transmitir seguridad y autoridad como líder político.
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En su visión, una mirada directa focaliza la atención e intensifica la percepción de intención y confianza. La gestualidad, señala el experto, debe ubicarse en un punto intermedio: ni excesiva ni carente; el equilibrio apoya la claridad del mensaje y proyecta dinamismo.
“Un candidato a una Presidencia o a cualquier estamento de gobierno, obligatoriamente tiene que ser un buen comunicador y por eso tiene que ayudarse y complementar”, manifestó a este medio de comunicación.
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Para Hugo Lescano, especialista en análisis conductual y detección de mentiras, la “proxémica” —la ocupación del espacio físico— y los “gestos ilustradores” de las manos activan en el público una reacción de confianza o rechazo inmediato. Esos movimientos regulan la percepción de dominio y veracidad.
“La Comunicación No Verbal es la que permite al votante “sentir” si el candidato cree en lo que dice. Si hay una contradicción entre el discurso y el gesto, el cerebro del elector siempre le creerá al cuerpo”, indicó.
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Diego Canaval, conferencista, consultor y especialista en lenguaje no verbal científico, narró una experiencia personal donde, a partir del lenguaje corporal, pudo anticipar el ascenso de un candidato subestimado.
“En ese momento yo apenas comenzaba en este ámbito, y cuando lo comenté luego en una reunión de la campaña, se rieron de mí. Dijeron que ese candidato no tenía ninguna opción. Incluso creo que llegaron a dudar de mi idoneidad como asesor. Al final, contra todo pronóstico, ese candidato ganó la elección”, recordó
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En su relato, explicó que la forma en que una persona se mueve, se expande, mira, sonríe, toca, ocupa el espacio y la velocidad con que lo hace, envía señales constantes que generan confianza, afiliación o rechazo.
“De hecho, hay investigaciones que respaldan esto. Nalini Ambady y Robert Rosenthal mostraron que los juicios que formamos en apenas unos segundos a partir de información no verbal pueden coincidir con mucha precisión con las conclusiones de personas que han observado durante mucho más tiempo”, exclamó.
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Iván Cepeda: la postura y el reto de la cercanía emocional
En el caso de Iván Cepeda, Arango observa una postura encorvada y mirada baja, factores que configuran una percepción de desánimo y distancia. Este estilo corporal, según el experto, activa asociaciones inconscientes con figuras antagonistas y puede dificultar la acogida inicial por parte del público.
“Su postura agachada hace que lo veamos como falto de ánimo, lo asociemos como con una enfermedad de tipo mental, de tipo depresión, que no es así, por supuesto, pero esa es la impresión que termina dándonos a nosotros (...) cuando se dibuja a un antagonista, a un enemigo, a la persona mala, se la dibuja siempre con las cejas al estilo de Cepeda. Eso no le conviene porque muchas personas, de primera mano, lo pueden ver como el antagonista de las elecciones”, analizó.
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Al ser consultado sobre la alta preferencia de la ciudadanía al candidato del Pacto Histórico, tal como se revelaron en las encuestas recientes, Víctor Arango aseguró:
“En política hay algo que se llama el voto duro y es que, independiente de cómo tú te veas o cómo tú aparentes ser, siempre estará contigo. El voto duro de Iván Cepeda hace que esa línea de la izquierda o de la centro, que históricamente ha venido con el presidente Petro, siga los lineamientos de su heredero sin importar cómo sea, simplemente porque es Cepeda”.
Entre tanto, Lescano describe a Cepeda como un candidato de “economía gestual absoluta” y tono de voz monótono, lo cual proyecta autoridad intelectual pero también marcado distanciamiento emocional. La baja intensidad de su presencia minimiza el margen de error, aunque resta vibración pasional.
“Al ser primero en encuestas, su cuerpo comunica que “ya ganó”, una estabilidad que da calma a sus seguidores pero que no termina de seducir a los indecisos que buscan vibración emocional”, recalcó.
Canaval sostiene que el líder progresista destaca por su convicción y control tanto en postura como en gestos, atributos que, según él, consolidan su seguridad sobre el escenario, aunque al mismo tiempo pueden interpretarse como hostilidad.
“Esa mirada es percibida universalmente como una señal de amenaza. No es casualidad que el expresidente Uribe, su principal adversario político, haya hecho referencia pública a su mirada penetrante y hostil. Que un rival lo señale por eso dice mucho sobre el impacto que genera”, aseguró.
Paloma Valencia: firmeza y estrategia femenina en escena
Víctor Arango destaca que Paloma Valencia ha logrado combinar eficazmente un discurso contundente con gestos y voz que refuerzan atributos de feminidad. Para el especialista, esta mezcla suaviza la dureza de los mensajes y proyecta una imagen fuerte pero accesible en un entorno político exigente.
“La mujer política tendrá que hablar duro, su mensaje tiene que ser fuerte. Su comunicación verbal tiene que ser absolutamente férreo, tajante. Ganarle una conversación es tremendamente duro. Tienes que estar tú muy bien preparado y muy bien argumentado y es lo que vemos en Paloma Valencia. Es una persona que combina bien la incongruencia de su comunicación verbal y no verbal”, detalló.
Lescano resalta la tensión en la mandíbula, el frecuente uso del dedo índice y la mirada penetrante de Valencia, elementos que subrayan confrontación y determinación.
Define su estrategia emocional dominante como “ira pedagógica”, dosificada para movilizar la base electoral y reforzar su credibilidad. “No es una ira descontrolada, sino una ‘ira pedagógica’ que busca movilizar la base electoral más dura”, recalcó.
Canaval reconoció que su seguridad y coherencia son reconocidas, pero el lazo emocional que establece con la audiencia depende, casi de forma exclusiva, de la afinidad ideológica y no de los recursos no verbales.
“En esta candidatura ha tendido a suavizarse, a mantenerse más en control. Esa decisión es estratégicamente inteligente, pero el reto es que ese control no se vea forzado, porque cuando la contención emocional parece actuada la gente lo percibe y suele ser objeto de rechazo”, explicó.
Abelardo de la Espriella: autoridad, gestos y dominancia
Víctor Arango señala que Abelardo de la Espriella muestra congruencia entre discurso y gestos, aunque advierte sobre el riesgo de exceso de dominancia. El uso de la barba, según el experto, contribuye a fortalecer una imagen madura y de autoridad.
Sin embargo, su tendencia a señalar con frecuencia y su actitud dominante pueden establecer barreras para la conexión emocional con el electorado.
“Abelardo es una persona que tiene una muy buena propuesta, que tiene una congruencia muy buena en su comunicación verbal y no verbal. Sin embargo, en ocasiones sus gestos se pasan del límite en términos de dominancia, y eso es lo que no cae bien en más de un elector”, recalcó el experto, agregando que su experiencia como abogado penalista le da un plus frente a otros aspirantes.
Lescano identifica en De la Espriella el gesto de “campanario” —yemas de los dedos unidas— como indicio de alta confianza y control escénico, una seguridad que impresiona pero reduce la espontaneidad, sobre todo ante votantes indecisos.
“Cada movimiento parece ensayado frente a un espejo, lo cual es muy efectivo en audiencias que buscan un ‘salvador’ fuerte, aunque puede restarle naturalidad”, precisó.
Canaval menciona que, aunque De la Espriella consigue proyectar seguridad ante cámara y auditorio, el excesivo control sobre su imagen, evidenciado en detalles como el peinado y la barba, así como una gestualidad calculada, resta credibilidad y genera dudas sobre su autenticidad ante los votantes.
Para el experto, la desconexión entre el esmero estético y el contenido de su discurso pone en tela de juicio la confianza, subrayando la necesidad de que el candidato relaje el control y muestre mayor naturalidad. Ante ello, el especialista advierte que este tipo de tensiones no se resuelven con oratoria, sino modificando la relación entre imagen pública y mensaje.
“Antes de esta candidatura, su perfil era notablemente más confrontativo. Lo que vemos hoy es un candidato que ha moderado ese registro y se muestra fundamentalmente técnico (...) el problema es que esa misma disciplina corporal, llevada al extremo, se convierte en su talón de Aquiles. Se ve demasiado construido, demasiado pulido. Y cuando algo se ve demasiado trabajado, deja de verse auténtico”, añadió.
Claudia López: energía cinética y conexión emocional
Víctor Arango describe a Claudia López como una candidata de congruencia verbal y no verbal, con un estilo más asociado al liderazgo masculino. Sus gestos intensos, movimiento corporal amplio y ceño fruncido dan cuenta de vehemencia y propensión al debate. Aspectos como el corte de cabello consolidan su perfil.
“La campana de Gauss nos dice que los cortes cortos son predominantes en mujeres que alcanzan la primera magistratura o el primer mandato de alguna nación. Claudia tiene un ceño fruncido permanentemente. Incluso, hay una frase que dice que ‘después de los cuarenta años todos tenemos la cara que nos merecemos’”, complementó.
Lescano subraya la condición “hiper-kinésica” de López; su energía y movimientos viscerales proyectan autenticidad. El manejo de microexpresiones claras facilita el “efecto espejo”, incentivando la identificación emocional de sus seguidores.
“Sus gestos son tan viscerales que transmiten autenticidad, incluso cuando se equivoca. Esa falta de filtro corporal es su mayor activo y, a la vez, su mayor riesgo”, complementó.
Canaval manifestó que, aunque la contundencia de su expresión corporal fortalece su imagen de autoridad, su presencia física también puede proyectar una “sensación de regaño o dureza” que limita notablemente su capacidad de conectar afectivamente con el público, convirtiéndose así, entre los analizados, en la figura con menor alcance emocional detectado.
“Sus movimientos son contundentes y congruentes con su discurso, levanta las cejas en los momentos clave y gesticula con claridad y energía. Hay una coherencia entre lo que dice y cómo lo dice que pocos candidatos logran. Pero la velocidad de sus movimientos a veces se acelera, y eso genera una lectura de menor control (...) Claudia López no necesita más autenticidad, ya la tiene. Lo que necesita es un poco de regulación”, remarcó.
Sergio Fajardo: serenidad, dudas y los riesgos de la moderación
Víctor Arango indica que Sergio Fajardo suele entrecerrar los ojos, mostrar el cuello y adoptar posturas de súplica, gestos que el subconsciente suele asociar con vulnerabilidad. Para el experto, esta falta de contacto visual puede sembrar dudas sobre la confianza, y la rigidez gestual, aunque congruente con su rol de profesor, limita la proyección de poder.
“Cuando tú te diriges a un país tratando de concentrarte, porque yo me imagino que él está concentrándose, cuando la gente no te ve los ojos, la gente entra inmediatamente a un grado de desconfiar y eso es algo que urgentemente tiene que corregir (...) se ve débil exhibiendo su cuello y el el de tener las manos permanentemente como si estuvieras ahí mendigando, como si estuviese pidiendo o rogando, algo que para nada es efectivo en la búsqueda del poder”, apuntó.
Para Lescano, Fajardo evidencia gestos de “fuga” y una sonrisa asimétrica bajo presión, señales que los votantes pueden percibir como incomodidad o arrogancia, y su actitud moderada frecuentemente se interpreta como tibieza en contextos de incertidumbre.
“Tiende a la rigidez. Cuando el entorno se vuelve hostil, su sonrisa suele volverse asimétrica (desdén o incomodidad), lo que el público percibe como arrogancia intelectual”, agregó.
Por último, Canaval describe que Fajardo despliega menos seguridad física en comparación con sus rivales y que ciertos gestos, como la repetida “mano en piña”, introducen ambigüedad en su mensaje. Sin embargo, se distingue por intentar y lograr una mayor conexión emocional que el resto, valiéndose de la variabilidad de su voz, la espontaneidad de su sonrisa y una expresividad facial marcada.
Aunque esa búsqueda del vínculo emocional representa una fortaleza reconocida por Canaval, los momentos de ambigüedad en su lenguaje corporal pueden debilitar la claridad de sus exposiciones y erosionar la percepción de liderazgo.
En definitiva, los expertos coinciden en que la emoción predomina sobre la razón en la decisión de voto. En elecciones tan ajustadas como las que se perfilan en Colombia, la conexión emocional sincera que logre establecer cada candidato a través de su cuerpo puede ser el elemento decisivo para conquistar la confianza —y el voto— del electorado indeciso.