El inicio de la guerra, de los cuales 438 están registrados como desaparecidos en combate, una cifra que encendió las alarmas sobre la magnitud del reclutamiento de ciudadanos colombianos en conflictos armados en el exterior.
El anuncio fue hecho por la canciller Rosa Yolanda Villavicencio durante una sesión en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Representantes, donde advirtió sobre el crecimiento del fenómeno y las dificultades para dar respuesta a las familias afectadas.
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La funcionaria también confirmó que el Estado colombiano ha identificado entre 1.500 y 2.500 ciudadanos vinculados a conflictos armados en Ucrania, Rusia, Sudán, Somalia y la República Democrática del Congo. En ese universo, al menos 131 han muerto y existen ocho procesos de repatriación en curso, mientras que más de un centenar de familias han solicitado ayuda formal para ubicar a sus allegados.
El dato de los 438 desaparecidos en Ucrania representa uno de los indicadores más críticos dentro del seguimiento consular, al evidenciar el nivel de incertidumbre sobre el paradero de los combatientes.
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El fenómeno no se limita a un solo bando del conflicto. De acuerdo con reportes de la Federación Internacional de los Derechos Humanos (Fidh), en Rusia se han confirmado seis colombianos fallecidos, dos condenados por mercenarismo y más de 100 solicitudes de asistencia de familias de desaparecidos.
La canciller Villavicencio señaló que estos casos hacen parte de un patrón más amplio de reclutamiento transnacional que involucra redes privadas, intermediarios y campañas digitales que operan sin control suficiente en varios países.
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En el caso de Ucrania, una investigación del medio ucraniano NV, retomada por France 24, estima que más de 7.000 colombianos han participado en las fuerzas armadas ucranianas desde 2022, muchos de ellos integrados tras convocatorias abiertas impulsadas por el gobierno de Volodímir Zelenski.
Según ese mismo reporte, los colombianos representarían cerca del 40 % de los combatientes extranjeros en territorio ucraniano, una proporción que ha llamado la atención de organizaciones internacionales por su magnitud.
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La Fidh, en un informe citado también por El País de España, advierte que este flujo responde a una combinación de factores económicos, redes de reclutamiento y vacíos de regulación internacional.
En su análisis, la organización sostiene que tanto Ucrania como Rusia han recurrido a combatientes extranjeros para suplir necesidades militares, en algunos casos mediante contratos directos o intermediación de empresas privadas. En este contexto, Colombia aparece como uno de los principales países de origen de estos combatientes.
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La canciller Villavicencio explicó ante el Congreso que el Gobierno colombiano ha creado un grupo interinstitucional sobre mercenarismo, encargado de coordinar la atención consular, el seguimiento de casos y el diseño de estrategias de prevención.
Esta instancia articula acciones entre la Cancillería, el Ministerio de Defensa y la Dirección de Derechos Humanos, con el objetivo de responder a la creciente demanda de información de familiares que, en muchos casos, no tienen certeza sobre la ubicación o el estado de sus allegados.
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Sin embargo, las autoridades reconocen que el acceso a información sigue siendo uno de los principales obstáculos.
En particular, los casos de desaparecidos en zonas controladas por fuerzas rusas presentan mayores dificultades para su verificación, debido a la limitada cooperación internacional y a la ausencia de registros claros sobre combatientes extranjeros. Esto ha generado una brecha de información que afecta directamente a cientos de familias colombianas.
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De acuerdo con la Fidh, el reclutamiento de colombianos se concentra en redes que operan principalmente a través de internet y contactos informales. Estas redes ofrecen salarios elevados, promesas de estabilidad económica o incluso experiencias de combate como incentivo.
En algunos casos, los reclutados firman contratos directamente con fuerzas armadas extranjeras, lo que los expone a condiciones de alta peligrosidad sin garantías claras de protección consular.
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En Bogotá, según el informe citado por El País, también operan intermediarios que facilitan la salida de exmilitares hacia zonas de conflicto, especialmente hacia Rusia.
Estas estructuras aprovechan vacíos legales y la vulnerabilidad económica de algunos sectores de la población, en particular de exintegrantes de la Fuerza Pública que no han logrado reinsertarse plenamente en el mercado laboral tras su servicio.
Las motivaciones detrás de este fenómeno son múltiples. Investigaciones de France 24 señalan que muchos de los colombianos que se enlistan en conflictos internacionales lo hacen por razones económicas, ante la posibilidad de obtener ingresos significativamente superiores a los disponibles en el país.
Otros lo hacen por búsqueda de aventura, formación militar o la falta de oportunidades tras el proceso de paz de 2016, que dejó a varios excombatientes o exmilitares en situación de vulnerabilidad laboral.
En paralelo, el Gobierno colombiano ha intensificado campañas de prevención en regiones donde se ha identificado mayor incidencia de reclutamiento, como el Valle del Cauca y otras zonas con alta presencia de población exmilitar.
Estas campañas buscan advertir sobre los riesgos legales y humanitarios de participar en conflictos armados extranjeros, así como sobre la posibilidad de ser procesados por mercenarismo al regresar al país.