El deporte extremo colombiano alcanzó una nueva cima tras la proeza de Diego Alejandro Molano, que estableció un récord mundial sin precedentes en el slackline.
El atleta completó una caminata de 3.254 metros con los ojos vendados, sin sufrir ninguna caída, sobre el imponente cañón del Chicamocha en Santander. El hecho fue certificado por la International Slackline Association y difundido en las redes sociales de la misma.
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La prueba se realizó sobre una cinta de nailon de 1.302 metros de longitud, suspendida a una altura de 300 metros en uno de los paisajes más exigentes del país. Nunca antes un deportista había logrado recorrer semejante distancia en estas condiciones, lo que convierte el hecho en un parteaguas para la disciplina y marca un nuevo estándar de exigencia para el highline a nivel mundial.
Exigencia física y dominio mental en el slackline
Lograr semejante estabilidad sin visión representó un trabajo de años de preparación técnica y psicológica. Caminar sin ver implica “confiar en la memoria corporal, en la respiración y en el trabajo previo que se ha construido durante años”, expresó el propio Molano en sus redes sociales. La hazaña fue posible gracias al control total del cuerpo, la mente y las emociones, según explicó el deportista.
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En un párrafo publicado tras su récord, el colombiano destacó: “Romper un récord mundial no es solo un logro deportivo, es el resultado de años de disciplina, preparación técnica y confianza absoluta en el proceso”.
Un trabajo en equipo detrás del récord mundial
El éxito del intento no habría sido posible sin la labor de un equipo humano altamente especializado. Más de quince profesionales, entre expertos en seguridad, rescatistas y técnicos en montaje, colaboraron para instalar la línea cumpliendo estándares internacionales. La complejidad técnica del montaje constituyó un reto en sí mismo y fue fundamental para la seguridad del atleta.
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Molano reconoció el papel de su equipo: “Nada de esto habría sido posible sin el equipo rigger, un grupo de profesionales comprometidos y apasionados que hicieron posible la instalación de la línea más larga sobre el segundo cañón más grande del mundo”. El agradecimiento se extendió a su esposa, a quien describió como “un pilar fundamental en este proceso”, y a Brayan Clavijo, un amigo fallecido que estuvo presente en el recuerdo del deportista durante la travesía.
La prueba quedó registrada por un equipo audiovisual especializado, cuyo material servirá de base para un documental. El objetivo es preservar la magnitud de este logro y, a la vez, inspirar a nuevas generaciones de deportistas colombianos a desafiar sus propios límites.
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Colombia como escenario de deportes extremos
El impacto del récord trasciende la marca personal de Molano. La elección del Cañón del Chicamocha como escenario resalta el potencial de Colombia para organizar eventos de alto impacto en deportes de aventura. El país se consolida así como destino para el turismo especializado y la inversión en actividades deportivas de riesgo.
Diego Alejandro Molano insistió en el significado del logro para el país: “Este récord no es solo mío, es por Colombia y para Colombia. Nace con la intención de inspirar a todas las personas que creen que sus sueños son imposibles”. La hazaña no solo eleva la disciplina del slackline, sino que fortalece la comunidad colombiana dedicada a los deportes extremos.
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Slackline: precisión y desafío
El slackline, conocido como cinta floja, exige caminar, saltar o ejecutar acrobacias sobre una cinta plana de nailon o poliéster de 5 centímetros de ancho, tensada entre dos puntos fijos. A diferencia de la cuerda floja tradicional, la cinta es elástica y se balancea, lo que representa un reto adicional para la estabilidad y el control corporal.