En medio de uno de los mayores choques energéticos de las últimas décadas, provocado por el cierre del estrecho de Ormuz en el contexto del conflicto con Irán, Colombia logró destacarse por su resiliencia financiera.
Según un análisis del medio inglés Financial Times, el país no solo evitó el contagio que históricamente afectaba a América Latina en crisis externas, sino que registró un desempeño positivo en sus bonos soberanos.
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Durante el primer trimestre de 2024, los títulos de deuda colombianos en moneda local subieron 4,2%, en contraste con caídas significativas en otros mercados emergentes como Tailandia e India.
Este comportamiento se explica, en parte, por un cambio estructural en la región: la reducción de la dependencia de deuda en dólares y una mayor emisión en moneda local, lo que limita la exposición a choques cambiarios.
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Un blindaje parcial frente al dólar
El informe destaca que América Latina —incluida Colombia— ha comenzado a superar el histórico “pecado original”, es decir, la incapacidad de financiarse en su propia moneda.
Este avance ha permitido que, incluso en un contexto de fortalecimiento global del dólar, los países de la región mantengan estabilidad en sus indicadores de riesgo.
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Además, el aumento en los precios de la energía, derivado del conflicto en Medio Oriente, benefició a economías exportadoras de materias primas. Aunque Colombia no lidera las exportaciones como Brasil, sí se vio favorecida por mayores ingresos externos, lo que ayudó a sostener su desempeño financiero.
Advertencia: la disciplina fiscal será clave
A pesar de los resultados positivos, el Financial Times advierte que el buen momento podría ser transitorio si no se mantienen políticas fiscales responsables.
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El medio subraya que, aunque varios países de la región han adoptado reglas fiscales más estrictas, los riesgos políticos y el aumento del gasto público siguen siendo factores de vulnerabilidad.
Según la fuente citada, Colombia enfrenta el desafío de consolidar su estabilidad macroeconómica.
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La sostenibilidad de la deuda y la credibilidad institucional serán determinantes para mantener la confianza de los inversionistas internacionales, especialmente si persisten las tensiones geopolíticas y la volatilidad en los precios de la energía.
Sin embargo, en paralelo a este panorama positivo en los mercados, han surgido señales de alerta sobre el comportamiento de la deuda pública del país bajo la administración del presidente Gustavo Petro.
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Analistas económicos advirtieron que el costo del endeudamiento se ha incrementado de forma sostenida, impulsado por una emisión acelerada de Títulos de Deuda Pública (TES) por parte del Ministerio de Hacienda.
De acuerdo con estimaciones divulgadas por expertos y recogidas por el diario económico Portafolio, Colombia estaría adquiriendo deuda a tasas cercanas al 13% anual, con vencimientos que se extienden hasta 2058. Este nivel de tasas representa una carga significativa para las finanzas públicas en el mediano y largo plazo.
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El economista Germán Machado señaló que el ritmo de endeudamiento es particularmente alto.
Según sus cálculos, la deuda del país ha venido aumentando en aproximadamente $319.000 millones diarios desde el inicio del actual gobierno, lo que equivale a cerca de $222 millones por minuto. Estas cifras reflejan la magnitud del desafío fiscal que enfrenta el país.
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Por su parte, el Gobierno ha defendido su estrategia. El presidente Petro ha afirmado que no recurrirá a nuevos créditos con el Fondo Monetario Internacional, argumentando la necesidad de preservar la soberanía económica.
Asimismo, ha destacado que las obligaciones previas con este organismo han sido saldadas conforme a los acuerdos heredados de administraciones anteriores, como la de Iván Duque.
No obstante, persisten cuestionamientos desde distintos sectores académicos y financieros.
El profesor Jorge Restrepo ha advertido sobre el impacto fiscal de las decisiones recientes, mientras que Andrés Pardo, estratega macroeconómico para América Latina, ha señalado inconsistencias entre el discurso oficial y la composición real de la deuda, especialmente por la emisión de bonos externos con vencimientos de corto plazo.
A esto se suma un incremento en las subastas de TES durante 2026, con colocaciones que han oscilado entre $250.000 millones y $1,5 billones, a tasas que en algunos casos superan el 13%.
Estas operaciones han sido clave para financiar el presupuesto nacional, pero también han elevado el costo del servicio de la deuda.
El Gobierno ha implementado una estrategia de recompras de deuda en dólares, alcanzando cerca de USD 4.400 millones, con el objetivo de reducir la exposición externa.
Esta medida ha sido vista como un intento de mejorar el perfil de vencimientos, aunque no elimina los riesgos asociados al elevado nivel de endeudamiento.