En respuesta a la lluvia de críticas sobre su postura de sacar de los debates a los aspirantes de centro, el senador Iván Cepeda, candidato presidencial del Pacto Histórico, defendió en la plenaria del Senado del martes 21 de abril su decisión de debatir solo con sectores de la extrema derecha en Colombia, al señalar que sus diferencias de fondo son el modelo autoritario, representado según él por la corriente uribista.
La intervención del aspirante se produjo en medio de acusaciones sobre presuntas presiones armadas en los territorios a favor de la coalición oficialista, que Cepeda calificó de “calumnias” sin pruebas. Y a la molestia expuesta por la senadora Angélica Lozano, del partido Alianza Verde, que le recriminó al congresista que no quiera incluir en las discusiones a figuras de la contienda como su esposa, la candidata Claudia López.
Cepeda sostuvo que los debates constructivos pueden darse con la franja del centro, pero que la discusión es contra los que “han querido un modelo de nación autoritaria” y cuando “es delito hablar de paz y construir sistemas de justicia transicional para resolver los derechos de las víctimas”. Su cuestionamiento, dirigido a su contendora, Paloma Valencia, buscó zanjar la controversia por promover un debate con condiciones.
Y argumentó que ese sector político “utiliza y manosea a la fuerza pública para que cometa toda clase de violaciones de derechos humanos” y después se exime de responsabilidad. La confrontación escaló cuando Lozano cuestionó la postura del senador por excluir del debate a otros sectores, en una etapa en la que está en juego la democracia y se tiene que brindar a los ciudadanos las herramientas para elegir sin presiones.
“Ustedes no pueden excluir a los colombianos, quitarles acceso a información”, afirmó la congresista en el recinto parlamentario, cuando pidió que los debates incluyan a todos los aspirantes, independientemente de su tendencia ideológica o experiencia en el Gobierno. Y advirtió sobre el riesgo de limitar de forma deliberada el acceso a la confrontación de propuestas, al compararlo con el ultraderechista Abelardo de la Espriella.
“Es muy fácil que usted diga: ‘Debato solo con los de cierta tendencia ideológica’. ¿Y por qué no debatir con la gente que sí tiene agenda social, que sí tiene ejecutorias, que no tiene ninguna tacha, ni moral ni en materia de defensa?”, insistió Lozano sobre la exclusión de parte de Cepeda de posibles rivales con experiencia o reconocimiento en la gestión pública, en lo que sería una práctica que coartaría la democracia.
Cepeda acaloró el debate: “La discusión central es entre modelos opuestos de nación”
Ante esto, en la plenaria, Cepeda sostuvo que los sectores uribistas “son especialistas en la retórica que intenta agasajar a las Fuerzas Militares y de Policía, pero nunca han hecho un esfuerzo por democratizar y atender realmente la situación de los soldados y policías”. Y expresó que esa contradicción se refleja en la actitud histórica de exaltar la labor militar al tiempo que desatienden sus condiciones laborales.
En su exposición, asoció esa actitud con las políticas defendidas tradicionalmente por el uribismo, que a su juicio han “estructurado una situación de miseria y pobreza como la que hoy tenemos en muchos territorios del país”. Todo este parangón lo hizo para reforzar la idea de que la discusión no es con sectores con los que puede tener cierta afinidad, sino con lo que representa el polo opuesto del proyecto progresista.
“Nuestro debate de fondo es con una concepción distinta de nación, que es la que representa la extrema derecha de este país, cuya concepción está clara ante el país”, insistió el senador, que también se defendió de las informaciones que darían cuenta, según él, de denuncias infundadas sobre alianzas con grupos ilegales para obtener respaldos al proyecto político que representa, como lo han insinuado sus contradictores.
“Son afirmaciones absolutamente calumniosas que no tienen ningún sustento. Solo son calumnias que se sostienen para ganar los votos que no han podido ganar en los territorios convenciendo a la gente”, remarcó el congresista durante la plenaria, que quiso hacer énfasis la definición de los límites legítimos del debate público, aunque con ello alimentó la tensión por los que, a su juicio son considerados interlocutores legítimos.