El álbum Cachacoleto del cantante y productor Juan Pablo Vega, publicado en 2025, se presenta como un retrato musical de Bogotá, donde cada una de sus diez canciones funciona como una crónica de la ciudad y de la vida emocional del propio artista.
Con un enfoque que mezcla géneros y referencias de la memoria musical bogotana y latinoamericana, el disco captura la diversidad, el ritmo y las tensiones del entorno urbano (y el de Bogotá en particular), así como la evolución creativa de Vega hacia nuevos lenguajes más sonoros y festivos de los que acostumbraba su producción hasta el momento.
La experiencia de Cachacoleto se extiende al escenario con dos conciertos en el Estudio de la Piña, programados para el 24 y 25 de abril de 2026. Ambos shows están concebidos en un formato íntimo y cercano, con aforo limitado, en el que se interpretará el disco en su totalidad junto a una selección de canciones emblemáticas de la trayectoria de Vega. El artista apuesta así por un encuentro directo con el público, priorizando la autenticidad y el carácter colectivo de la música en vivo.
En esta entrevista exclusiva para Infobae Colombia, el artista repasa el proceso creativo de Cachacoleto, la inspiración de uno de los temas más destacados del LP, así como reflexiones sobre su trabajo con Feid como productor en los temas Que vuelta vox y Boleritoxx del EP EL GREEN PRINT: La Saga (Disc 1) – FEID VS FERXXO, la inteligencia artificial, o el presente de la música latinoamericana.
Va a presentar Cachacoleto en los Estudios La Piña. ¿qué le aporta un escenario como este a la experiencia y la percepción del disco?
Juan Pablo Vega: Estoy en este proceso como de desescalar un poquito , valga la redundancia, esta cuestión de tener que escalarde un lugar grande a otro más grande. Por lo menos, eso en este momento va en contravía de lo que quiero lograr con la música, y es justamente esa conexión con un público. Y creo que, mediante espacios pequeños, donde la gente también pueda estar parada, tomándose una cerveza y no estar en este rigor del teatro, que yo vengo de tocar mucho en teatros.
Me parece que este disco puntualmente, está en coincidencia con este tipo de venues. Entonces, en este punto, esa es mi premisa, volver a acercarme al público en lugares pequeños y de alguna manera generar una fiesta, ¿no? Una cosa que mi música nunca lo había podido hacer dado también el género, porque siempre ha sido una cuestión un poquito más melodramática. Pero, en esta oportunidad, Cachacoleto tiene salsas y varios ritmos afrocubanos e insulares. Entonces, yo creo que eso permite generar una fiesta.
¿Por qué Cachacoleto?
Pues primero era la palabra cachaco y coleto, que es una palabra más adjudicada a la Costa. Coleto es este costeño menos conservador o con otro tipo de intereses. No solamente costeño, hay gente que tiene otro tipo de inclinaciones, menos conservadoras. Y cachaco, pues siempre tiene varias connotaciones. Está la peyorativa, que quizás es la famosa de: “Ah, este cachaco aguacatado”, en fin. Y está la, la que me enteré recientemente que cachaco finalmente es camisa chaleco y corbatín.
Entonces, quise como unir esas, esas dos palabras que fonéticamente suenan atractivas, y generar ahí como una marca a través de eso.
¿Usted se considera Cachacoleto?
Sí, yo creo que sí. O sea, toda la vida de ser tradicional en cierta parte, por lo menos en términos de crianza moral judeocristiana, hace mucho tiempo que la dejé. Tuve otro tipo de intereses musicales. No me quise cerrar solamente a un género, sino a estudiar de manera muy respetuosa y dado al beneficio de crecer en una ciudad como Bogotá, que convergen tantos ritmos de diferentes regiones. Entonces, también es un privilegio ser Cachacoletto, de haber escuchado mucho reggae, poder ver a bandas como Los Cafres, los Wailers, Cultura Profética, Sly and Robbie. Por otro lado, también poder ver al Gran Combo de Puerto Rico... se me van todos los nombres, pero era ver muchísimas cosas que pasaban en Bogotá en cierto punto, ¿no?
Estaba Bomba Estéreo, claro, Liliana es de Santa Marta, pero digamos que se desarrolló acá. Por otro lado, Monsieur Periné, inclusive Cata es de Cali, pero pues converge acá. Lucio Feuillet desde Pasto, pero también como que vive acá. Briela Ojeda igualmente. Así como muchísimos artistas que, generosamente, hacen su paso por Bogotá y dejan también parte de su cultura.
En Cachacoleto las canciones funcionan a veces como instantáneas de cosas que a ciertos niveles solo podrían pasar en Bogotá, y en otros son realidades de cualquier ciudad de Latinoamérica entera. ¿Qué tan consciente fue usted, de que ese enfoque era el adecuado ?
No racionalizo a tal punto como “esto es adecuado”, o “esto no”. Es sencillamente un ejercicio con un poco de desparpajo, de no calcular a veces el impacto de las palabras que uno dice. Sencillamente como obedecer al momento, ¿no?
Hay muchas canciones que colindan un poco con algo social. Quise también desescalar un poquito la misma narrativa que venía repitiendo y que no es que no me guste, sino que ya venía un poquito cansado, y es la cuestión melodramática de: “Te echo de menos, me haces falta”. Canciones de amor que me encantan, pero dije “bueno, es el momento de hablar otro tipo de cosas”.
Hay una canción que se llama El atravesado, que es una canción dedicada a un gran amigo mío con el que toqué muchísimos años en un proyecto. Habla de un tipo que me sorprendía lo atravesado que era y su manera de arreglar las cosas, más o menos como una especie de guerrero callejero. Y yo nada, simplemente lo observaba, me contaba de mi amigo y de aquí escribí una canción sobre eso. También el término atravesado fue acuñado, digamos, de Andrés Caicedo, del libro El Atravesado, precisamente.
También hay otra que es Nada que me pagan, que es una canción que padecí también como músico de barra y es la cantidad de trámites burocráticos que hay para que a uno le paguen. Es el sistema de: “Hay planilla, después pagamos”. Pero a veces pasaba el mes y no le pagaban a uno porque no entregó la planilla.
No le paré muchas bolas a las consecuencias. Obedecí un poquito al momento. No quise calcular tanto.
¿Cómo es para usted lidiar con ese dilema que tiene todo artista en determinado punto de dar por terminada una canción o seguirla arreglando, o haciendo ajustes, y lidiar con los tiempos de entrega? ¿Cómo lo manejó en Cachacoleto?
Afortunadamente, Cachacoleto es un disco que sale absolutamente independiente. Entonces no obedece un poco como a esa prontitud, que de pronto estando en una disquera sí siempre se está de afán.
Con este disco sí fue justamente como que me tomé el tiempo de obedecer mis prioridades, esculpir lo más posible el concepto del disco. Me tomé el tiempo de desarrollar un concepto, porque no quería que el Cachacoleto recayera en esta idea tan preceptiva de: “Entonces voy a sacar un disco que tiene ritmos tropicales y me voy a poner una camisa de flores”. Era todo lo contrario que quería. Era presentarme tal y como me presento, un man con un capul, que lo primero que pensaría la gente es como: “Ah, este man... Oasis o los Beatles”.
Entonces, era justamente combatir eso, crear una nueva identidad alrededor de lo que concebimos como Caribe y como salsa. Es como: “No, yo soy bogotano y soy cachacoleto y me gusta esta música porque me interesa y la respeto”, pero nunca queriendo adecuarme al preset de: “Ah, entonces es Caribe, entonces es tal cosa”. Eso es también muy importante de Cachacoleto.
Usted es cantante, es instrumentista, es compositor, es productor y asume todos los roles en sus discos. ¿Cómo ha evolucionado ese entendimiento de la creación y la producción en todos estos años? ¿Qué siente que alcanzó en Cachacoleto que en otro momentono había alcanzado?
En Cachacoleto quizás pedí más ayuda, dado que pues no es mi área de experticia ni la salsa, ni el suk, ni el yambú... Entonces, hay varias canciones que son coproducidas. Justamente, Nada Que Me Pagan es junto con Miguel Rico, que es uno de mis grandes amigos, igualmente que El Atravesado.
Conté con la participación de percusionistas que me ayudaron. Para mí fue muy importante el paso de Fabio Ortiz, un percusionista increíble de Pasto, para entender muchísimas cosas que no tenía. Fue un proceso muy bonito para mí, de hacer preguntas a muchos colegas.
Hay una canción que es instrumental que se llama 1985,. Lastimosamente buscando la raíz bogotana, pues yo no fui muy consultador de la raíz bogotana como tal del pasillo y toda esta cuestión. Pero sí tenía alguna iidea remota de haber escuchado algo así en casa de mis abuelos.
Entonces, le pregunté a muchísimos amigos. Me acuerdo que le pregunté a Nicolás Ospina, gran músico, como: “Oiga, ¿esto a qué le suena? Es un bambuco, un pasillo, no sé qué”. Entonces, como que yo sin saber muchas cosas, muchos amigos: “Ah, esto me suena a mí más como pasillo”. Entonces: “Ah, entonces esto es un pasillo”. En el caso de una canción que se llama Teresa, que es un suk, yo la produje pensando que era un suk, pero ya después hablando con, no sé, Alexis Play o con Elkin Robinson, que quizás Elkin es una potestad, digamos, en términos de música insular. Y me dijo: “Ah, Juanpi, esto no es un suk, esto es un compa haitiano”. Y yo no tenía mucha idea de esa variación del compa.
Por eso es tan esencialmente Cachacoleto, ¿no? La pregunta a todos los entes de la música colombiana y no solamente colombiana, sino de muchos lugares. Preguntar, seguir preguntando y hacer un disco con una apertura y reconocimiento y reivindicación a todos esos golpes que han entrado acá en Bogotá y que hacen lo que es esta ciudad.
Cachacoleto y estas interacciones entre músicos salen justo en un mundo que no va para allá, que de hecho es más ensimismado, y al que ahora toca sumarle la inteligencia artificial como un hecho impactante en la industria y la creación musical. ¿Cómo se maneja con esa situación?
Pues vea que, últimamente, estoy viéndolo con un aire más... no sé si sería como positivista, pero sí positivo o, por lo menos, a los músicos o productores como yo, que trae todo este componente purista y de grabación y de proyectos colectivos.
Ahorita este año arrancó yo produciendo a Feid, uno de los artistas yo creo que más exitosos en términos de números y con una influencia del público gigantesca. Y me llamó la atención muchísimo es que Feid me escribe. Somos amigos desde hace un tiempo, porque Feid antes de ser Feid es un excelente compositor y lo hacía para otros artistas.
Me escriben y dicen: “Oiga, nos encantaría ir a su estudio a que produzcamos”. Y yo: “Claro que sí, con todo el gusto del mundo”. Entonces, el hecho que un artista como Feid, que yo creo que tiene un roster o un portafolio de productores del laptop, de prontitud y de inmediatez y de utilizar todas esas herramientas de inteligencia artificial, que yo no las satanizo para nada, sino que amo el rito de grabar, no me interesan tanto; me llamó la atención que ellos vinieran hasta Bogotá, con todo lo que implica trasladar una producción de Feid hasta acá.
Las conclusione son mías, personalmente, habría que preguntarle a Salomón. Pero sí hay una búsqueda como de narrativa, que eso no lo otorga la inteligencia artificial. Entrega resultados increíbles, sorprendentes, que yo creo que ya es igual a los humanos. Yo ya escucho cosas hechas por IA y digo: “Qué putería, me encantaría haberlo producido de esa manera”. Lo único que nos hace diferentes es la cuestión de la narrativa, del viaje, desplazamiento de Puerto Rico a Bogotá, llegar, grabar, hacer un arreglo en colectivo, qué se nos ocurre, escuchar las ideas de Salo, escuchar las ideas del equipo de Feid, de Wain, de todos ahí aportando. Eso es lo que finalmente va a ser una diferencia de la IA, del momento, de lo que surge, el cansancio en estudio, de parar, tomarse un café y estar contando toda esa historia, ¿no? Yo creo que eso es lo que veo ahorita que está pasando.
Ya que hablamos del momento de la música latinoamericana, da la impresión que en 2025 hubo un punto de quiebre en algo. Escuchar a Bad Bunny haciendo todos los ritmos vinculados con la salsa que pudo, Karol G haciendo casi que un revivalismo de la música de telenovelas, Rauw Alejandro, el mismo Feid, Ca7riel y Paco Amoroso... ¿En qué situación estamos?
Es que de alguna manera yo siempre lo he hecho, en el sentido en que tengo un interés de muchísimas cosas. No lo hago, digamos, detrás de una agenda comercial como: “Hagamos ahorita bachata, o lo que está pegando”. Siempre he intentado como ampliar, aprender y también me lo permite ser productor, ¿no? Entonces, he explorado mucho con el reggae, he explorado mucho con el soul, he explorado mucho con el bolero, con el jazz, con el R&B.
Ahorita, que justamente está esta coyuntura que usted dice de la salsa, que es también un tema no solamente Bad Bunny o Camilo o Rauw Alejandro... Me parece interesante, realmente. Por fin estamos viendo, mirando hacia nosotros. Esto que le contaba ahorita de que se me dificulta mucho encontrar mis raíces como bogotano, es porque fui absolutamente agringado con todos los contenidos. Era como imposible no serlo, ¿no? Yo crecí con MTV, con Guns N’ Roses, Metallica, el metal, yo crecí con toda esa vaina y muy rara vez volteé a mirar como: “Bueno, ¿qué está pasando hasta ahorita?”, hasta, hasta que comencé a hacer música.
Me parece como que es un gesto lindo, mirar para nosotros, para mirar acá a nuestros adentros. Los artistas independientes siempre han hecho eso. O sea, ahorita se volvió “marketero”, digamos, porque Karol G y Bad Bunny lo hicieron. Yo veo gente como Alexis Play o Elkin Robinson, o veo a Briela Ojeda, o veo a Lucio Feuillet...
La misma Laura Pérez, ahora que lo menciona...
Laura Pérez también desarrolló una especie como de dialéctica rola con su público y también mete palabras que no eran tan usuales, pero que sí nos reconocemos cuando las escuchamos, así sean como solamente en Bogotá, pero eso también es un gestomuy lindo.
Entonces, como que siempre lo he visto como a través de los artistas alternativos. Y pues llega un punto que es lo que usted decía, como una coyuntura donde, yo siempre digo eso, los artistas mainstream se la pillan, qué está pasando en las calles y con los artistas independientes, lo enlatan y sacan la bandera.
No tengo ningún problema contra Bad Bunny, pero yo sí lo comentaba con unos salseros que llevan dándole mucho tiempo a esta vaina y me decían: “Pues está una chimba que el man cante salsa ahorita, pero pues nosotros llevamos acá dándole a esta vaina y tocando puertas y tenía que pasar esto para que dijeran: ‘Ah, marica, acá está este man que lleva haciendo salsa veinte años y bueno...’” Entonces, creo que eso es algo que se repite, es un loop, un bucle. Algo sistemático.
Para terminar, ¿Qué pueden esperar los que vayan a verlo en la, en La Piña en estas dos fechas?
Pues yo creo que mucha intimidad, una especie de fiesta, un espacio tranquilo, donde van a poder escuchar mi música. Son nueve músicos en escena, tocando una buena parte del Cachacoleto, pero también tocar las canciones de siempre. Y es algo que no se va a repetir, pues dado que son nueve músicos, los arreglos, tocar salsa, hay que tener un formato. Y yo no voy a ser esa persona que va a salir a tocar salsa con una pista. No va a pasar (risas).
Entonces, por eso son estas dos fechas. Vamos a ver si de pronto hay más adelante, pero por lo pronto son esas dos fechas nomás para tocar Cachacoleto.