La presión sobre las finanzas de Ecopetrol empezó a encender alertas dentro de la propia compañía. Desde los sindicatos advirtieron que, si no se ajusta el rumbo, la petrolera podría verse obligada a tomar decisiones de fondo, como desprenderse de activos, para poder cumplir con sus compromisos de inversión en los próximos años.
El llamado llegó en un momento particular, los precios internacionales del crudo se mantienen elevados por tensiones geopolíticas como el conflicto en Irán, un factor que, según los trabajadores, podría aliviar parcialmente el panorama. Aun así, insisten en que el problema de fondo no desaparece.
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Desde el sindicato advirtieron que la situación no es reciente ni coyuntural, sino el resultado de varios años de desgaste acumulado. Según la Asociación Sindical de Empleados de la Industria Energética (Asopetrol), la empresa viene arrastrando un deterioro progresivo en el rendimiento de sus campos desde 2019, un proceso que, pese a algunos intentos por contenerlo, no ha logrado revertirse.
En ese camino, hubo decisiones que permitieron aliviar parcialmente la presión operativa. Entre ellas, la terminación de contratos en zonas como el Piedemonte Llanero y Nare, así como la apuesta por fortalecer operaciones en el exterior, especialmente en la cuenca del Permian, en Estados Unidos. A esto se suman desarrollos como Caño Sur, que aportaron cierto dinamismo. Sin embargo, estos movimientos no son suficientes para frenar la caída en los niveles de productividad.
El problema, según el gremio, tiene un origen estructural, la disminución en las inversiones dirigidas a exploración. Esta reducción limita la capacidad de encontrar nuevas reservas y sostener la producción en el tiempo, generando un efecto directo sobre los costos de operación.
Esa presión ya se refleja en indicadores clave. El costo de levantamiento por barril que mide cuánto cuesta extraer petróleo y gas sin incluir otros gastos asociados al yacimiento pasó de 8,6 dólares a 12,2 dólares. El aumento no es menor y, para los trabajadores, evidencia un encarecimiento sostenido de la operación que termina afectando la rentabilidad.
A este panorama se suma el impacto de decisiones estratégicas adoptadas en los últimos años. La adquisición del 51,4% de ISA en 2021 marcó un punto de inflexión en la estructura financiera de la compañía. Junto con el desarrollo de activos como Sirius, Orca, CPO-09, el mismo Permian y Caño Sur, se elevó de manera significativa el nivel de inversión.
No obstante, ese impulso también trajo consigo un mayor endeudamiento. Desde la perspectiva sindical, esta combinación, más inversión acompañada de más deuda, termina ejerciendo presión sobre las utilidades, reduciendo el margen de maniobra en un contexto ya desafiante.
Las cifras refuerzan esa lectura. El precio de equilibrio, es decir, el valor mínimo que debe tener el barril para cubrir los costos, pasó de 31 dólares en 2022 a una proyección de 52 dólares para 2025. Este incremento muestra que sostener la operación resulta cada vez más costoso.
Aunque la producción registra incrementos en ciertos periodos, el balance general deja ver una empresa que necesita destinar más recursos para mantener su nivel operativo. En la práctica, esto se traduce en mayores requerimientos de financiamiento y en una estructura más exigente desde el punto de vista financiero. Ante este escenario, Asopetrol plantea la necesidad de tomar decisiones de fondo. La recomendación principal apunta a fortalecer la disciplina financiera y replantear las prioridades estratégicas de la compañía.
Dentro de esas propuestas, el sindicato incluso sugiere evaluar la venta de activos que no se consideren esenciales. Entre ellos menciona a ISA, con la idea de liberar recursos y concentrar los esfuerzos en el núcleo del negocio, la producción de hidrocarburos y la incorporación de nuevas reservas a través de la exploración.