El futuro del chimpancé Yoko se ha convertido en un motivo de alarma en Pereira tras las recientes declaraciones del gerente del bioparque Ukumarí, Raúl Murillo, ante el Concejo Municipal.
El funcionario denunció que el traslado del animal a Brasil en 2025 estuvo fundamentado en promesas que no se cumplieron y cuestionó la calidad del santuario donde reside ahora.
Ahora puede seguirnos en Facebook y en nuestro WhatsApp Channel
“Nos vendieron un ‘falso positivo’, diría yo, yo no estuve de acuerdo en que se lo llevaran”, afirmó Murillo ante el Concejo. Según su relato, los responsables prometieron a la ciudad que el chimpancé llegaría “a un hogar maravilloso, que iba a ser el chimpancé más feliz, que iba a convivir con otros 50 chimpancés y la verdad es que no”.
Al describir su destino actual, Murillo fue enfático: “Llegó a un sitio que se hace llamar un santuario en Brasil y la verdad parece una ‘favela de monos’, es una cosa encerrada, llena de concreto, no tiene ni siquiera una clínica buena, se lo llevaron de un estrato 6 a un estrato 2, lo de Yoko no ha sido positivo”.
La intervención de Murillo reavivó la controversia sobre la suerte del último gran simio que vivió en cautiverio en Colombia. El traslado ocurrió tras la muerte de sus compañeros Pancho y Chita, que fallecieron en 2023 durante un procedimiento de recaptura. Ese episodio motivó la decisión de buscar un nuevo hogar para el animal en el exterior.
Murillo aseguró que “iba a ser libre, pero vive en una jaula, no sale ni siquiera de la jaula porque su hábitat no tiene ni siquiera lo que le ofrecíamos aquí en Ukumarí”. De acuerdo con la legislación colombiana actual, no es posible retornar a Yoko, ya que está prohibido el ingreso de grandes simios al país.
El gerente sugirió que “lo que se puede hacer es una cruzada internacional para que Yoko se vaya a un sitio mejor o incluso a un bioparque donde lo puedan tener en mejores condiciones”.
El debate rápidamente escaló y encontró respuestas en el ámbito político. La senadora Andrea Padilla, quien defendió el traslado, sostuvo que: “Si tuviera que volver a mover cielo y tierra para salvar a Yoko, para sacarlo del parque Ukumarí de Pereira, lo haría sin pensarlo dos veces”. La congresista refutó las acusaciones recientes y criticó la falta de rigor en las declaraciones de Murillo y algunos concejales.
Padilla replicó: “Hoy salen irresponsablemente el director de Ukumarí y un concejal de Pereira a decir que Yoko está mal, sin ningún fundamento, sin rigor científico, de puros chismes o pareceres, quién sabe con qué intención”.
También citó informes de los directores del santuario en Brasil, quienes aseguran que “Yoko se muestra claramente alegre, que emite señales de satisfacción con vocalizaciones y siempre está animado llamando a los cuidadores para jugar, que se alimenta bien y que ya recorre todo el recinto, algo que antes no hacía”.
La senadora recordó que “no se supera en seis meses el violento fenómeno de humanización al que fue sometido Yoko durante más de 30 años”, y defendió a los profesionales a cargo en Brasil: “Ustedes no son ni biólogos ni primatólogos; en cambio, quienes están a cargo de Yoko sí lo son. No destruyan lo bueno que se hace en Colombia”.
El concejal Diego Agudelo Cardona calificó las denuncias de Murillo como “muy graves” y preguntó: “¿Qué va a pasar o qué podemos hacer nosotros como ciudad? Se puede retornar a Yoko, ¿qué hay que hacer?”.
Por su parte, el concejal Wilfor López Toro insistió: “Yoko no es solo un chimpancé, durante años hizo parte de nuestra historia, lo rescatamos, lo cuidamos y lo vimos recuperarse en el bioparque Ukumarí”.
La historia de Yoko, quien acostumbraba a “ver televisión, comer dulces, usó pañal por más de 25 años, montaba a caballo y en bicicleta, usaba ropa de marca, creció como un humano”, según el director de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda - Carder, Julio César Gómez, refleja la complejidad de gestionar el bienestar de animales humanizados.
En el pasado, Ukumarí implementó el proyecto Rafiki junto con la Universidad CES y el santuario de chimpancés Tacugama en África, con el reto de reunir a los grandes simios en cautiverio. Sin embargo, tras la muerte de otros ejemplares, solo Yoko permaneció en el país.
Desde el Concejo de Pereira, varios ediles han solicitado claridad y explicaciones a las autoridades implicadas en el traslado y cuestionan si se cumplieron los estándares internacionales prometidos.