Una insólita escena fue registrada en video en el centro de Bogotá: un hombre fue sorprendido después de ingerir una piedra preciosa con la aparente intención de robarla.
En las imágenes, una mujer que trabaja en el local denuncia ante la policía: “Se llevó la piedra. Sí, la verdad, está grabado en la cámara. Él la metió a la boca y ahí“.
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Un creador de contenido que presenció el incidente agrega: “Ay robando las joyerías de acá del sector. ¡Ay! bueno, en contexto, el señor se comió una esmeralda valorada más o menos en 45 millones de pesos. Pero ahora yo me pregunto: ¿y ahí qué?“.
Las primeras reacciones tras la publicación del video en redes sociales incluyeron comentarios que mezclaron humor y sorpresa ante lo ocurrido. Algunos usuarios hicieron referencias a series populares, como cuando uno escribió: “Escenas perdidas de Lupin”, mientras que otro añadió: “Esa parte nunca salió en los Peaky Blinders”. Estas comparaciones resaltaron el tono jocoso del hecho poco usual.
Por otro lado, no faltaron quienes enfocaron su atención en la figura de la comerciante. Entre los mensajes, una persona relató su propia experiencia y afirmó: “Yo ayer fui a la tienda de la chica, ella es súper buena gente”.
En el centro de Bogotá, la compraventa de esmeraldas configura un entramado donde convergen la historia, el riesgo y la identidad local.
Este mercado, cuya vigencia supera los 40 años, se ha consolidado como un espacio ritual para cientos de personas dedicadas al comercio de piedras preciosas. El epicentro de la actividad se localiza en la Plaza del Rosario, junto a la Carrera 6 y la Calle Jiménez, donde la cotidianidad del centro de la ciudad se transforma desde las primeras horas del día.
La plaza se convierte en un escenario de negociación abierto, donde se estima que alrededor de 300 esmeralderos participan diariamente. Estos comerciantes y compradores ocupan las aceras y espacios públicos, estableciendo un flujo constante de transacciones que involucran tanto piedras como sumas significativas de dinero en efectivo. El trabajo gira casi siempre en torno a esmeraldas en bruto, preferidas por su potencial de valorización tras el proceso de talla.
El paso siguiente, después de la adquisición, suele darse en los laboratorios ubicados en el mismo sector. Allí, la intervención profesional puede multiplicar el valor de la piedra si el corte favorece el color, la pureza y el tamaño. Sin embargo, el riesgo nunca desaparece: una talla desfavorable puede convertir una inversión prometedora en una pérdida completa, lo que subraya la incertidumbre inherente al negocio.
Paralelo al comercio informal, el centro de Bogotá alberga también una red de joyerías establecidas. Estos establecimientos aportan un factor de confianza al sector, al ofrecer esmeraldas certificadas que incluyen garantías de autenticidad y trazabilidad. Esta oferta responde tanto a clientes locales como a turistas que buscan seguridad en la adquisición de gemas de alto valor.
Los precios de las esmeraldas muestran una amplia variabilidad, determinada por factores como el color, la transparencia y la procedencia de la gema.
En este mercado, una esmeralda de calidad comercial básica puede alcanzar los 700.000 pesos colombianos (aproximadamente USD 180) por quilate, mientras que las piedras de calidad superior pueden superar los 5 millones de pesos (unos USD 1.300) por quilate.
Cada transacción refleja no solo el valor intrínseco de la gema, sino también la habilidad, el conocimiento y la intuición de quienes participan en este circuito singular del centro bogotano.
En cuanto al presunto hurto se desconoce el paradero del hombre y si la joya pudo ser recuperada, por ahora, los usuarios de redes sociales siguen pidiendo un desenlace para la historia.