El gasto real de los hogares colombianos mostró en enero de 2026 el crecimiento más débil para ese mes desde que existen registros de la firma Raddar, a pesar del aumento histórico del 23,7% en el salario mínimo.
Aunque la cifra interanual alcanzó los $101,01 billones, un 8% más que el mismo mes de 2025, el incremento real quedó limitado a 2,54%, reflejando señales de desaceleración justo después de la alta demanda navideña.
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La firma responsable del análisis sostiene que la contracción mensual registrada en enero obedece principalmente a la estacionalidad: diciembre suele caracterizarse por un fuerte gasto debido a ingresos extraordinarios como primas y a promociones comerciales.
Esto deja a las familias con menor liquidez al iniciar el año, situación que se agudizó pese al incremento de los salarios y que motivó a los hogares a ajustar su presupuesto, priorizando recomponer la liquidez y contener los consumos no esenciales.
El informe revela que, en términos corrientes, el gasto familiar creció 8,03% frente a enero de 2025, pero el verdadero efecto de la inflación y los precios deja un avance modesto en el poder de compra.
El fundador de Raddar, Camilo Herrera, aseguró que “fue el peor enero en crecimiento de gasto desde la historia de nuestros datos”, al compararlo con diciembre de 2025.
El consumo en enero estuvo impulsado por la temporada de viajes a comienzos de mes y por el regreso a clases, que dinamiza la compra de útiles escolares, uniformes y materiales relacionados.
Sin embargo, este repunte temporal no logra compensar la contracción general verificada en otros frentes del consumo popular, donde la cautela prevalece ante la perspectiva de precios elevados y la expectativa sobre las políticas públicas para el año.
El crédito desempeñó un papel determinante en la sostenibilidad del gasto. La colocación crediticia —en tarjetas, consumo e hipotecario— creció un 20,1% anual, destacándose el segmento de tarjetas de crédito, que avanzó en 22,3%.
La baja morosidad indica que los colombianos consumen financiamiento, pero mantienen un comportamiento responsable en el pago de sus obligaciones.
El menor crecimiento del gasto responde a múltiples factores: no todos los salarios experimentaron el mismo nivel de aumento, la inflación persiste, y el alza de tasas de interés incide directamente en los hogares, restringiendo su capacidad de compra.
A esto se suma un ajuste estacional típico de enero, cuando la confianza del consumidor tiende a debilitarse, según se constató en el informe: “La confianza del consumidor también mostró una leve caída, impulsada principalmente por una percepción más pesimista sobre las condiciones económicas actuales”.
El estudio advierte que, si bien el salario mínimo real vigente incrementó su capacidad de compra en 16,8%, los ingresos por trabajador ocupado cayeron en un 4,3%, lo que revela una dispersión en el acceso a mayores recursos dentro de la población activa.
Más de dos millones de trabajadores y un millón de pensionados fueron beneficiarios directos del aumento salarial, pero el movimiento de los precios erosionó parte de ese beneficio.
El análisis por nivel de ingreso muestra diferencias notables en las prioridades de compra. En los hogares de ingresos bajos y medios, predominaron los gastos en bebidas alcohólicas, tabaco, artículos de aseo y cuidado personal.
En los estratos altos, la salud se consolidó como la categoría central, en parte por el aumento de costos en planes de atención y el mayor interés en aseguramiento privado ante las dificultades de acceso al servicio básico.
“El gasto en vivienda continuó teniendo una tendencia similar entre todos los niveles de ingreso. Este componente sube con la inflación, pero también tiene gastos indexados al mínimo, como el costo de la administración en los conjuntos residenciales”, reportó Raddar.
El segmento de vestuario y calzado, tras el fuerte dinamismo de diciembre, evidenció una desaceleración, prueba de que las compras de fin de año anticiparon parte de la demanda de estos rubros.
La postura más conservadora alcanzó a las adquisiciones habituales de la canasta básica, donde muchas familias optaron por dejar productos en las góndolas debido a la presión de los precios, que reflejan el traslado del ajuste en el salario mínimo a los costos de los proveedores.
La firma concluye que, aunque persisten presiones sobre la capacidad de compra, elementos como la disminución de la tasa de desempleo, la mayor actividad en fuentes de crédito y la recepción de remesas pueden seguir impulsando el gasto de los hogares en el corto plazo.
Sin embargo, el reciente repunte inflacionario y las obligaciones de comienzo de año —impuestos, gastos indexados— refuerzan la moderación en la conducta de consumo y delinean una tendencia positiva pero ralentizada para el poder de compra de los colombianos.