El fallecimiento del sacerdote Julio César Quintero Grisales, quien había denunciado una millonaria deuda que involucraba al obispo de Cúcuta y a su hermano, expone el desgaste emocional y el aislamiento vividos tras revelar la situación.
Su familia asegura que la presión institucional y el deterioro de su salud, desencadenados por la denuncia, fueron decisivos para llegar a esta situación, mientras el proceso judicial por la presunta deuda sigue abierto en el Juzgado Quinto Civil de Manizales.
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En 2021, Julio César Quintero Grisales denunció una presunta deuda que superaba los 1.000 millones de pesos, involucrando directamente a monseñor José Libardo Garcés Monsalve, obispo de Cúcuta, y a su hermano.
El sacerdote documentó que, entre 2018 y 2021, realizó 153 préstamos respaldados por letras de cambio y consignaciones, utilizando recursos propios provenientes de su herencia, cesantías y ahorros personales.
Tras exponer el caso, la Arquidiócesis de Manizales intervino y suspendió a Quintero de sus funciones sacerdotales. Desde ese momento, según la familia, comenzó un periodo de aislamiento y señalamiento que agravó su estado emocional.
Laura Quintero, su sobrina, relata que la presión ejercida por la institución y el distanciamiento social fueron factores clave en el deterioro de la salud de su tío.
Retractación pública: el papel del obispo de Cúcuta
La reacción del entorno eclesiástico no se limitó a la sanción. El obispo de Cúcuta publicó una nota cuestionando la conducta del sacerdote, lo que llevó a Quintero a presentar una querella por injuria y calumnia ante la Fiscalía 17 Local de Manizales.
El 20 de noviembre de 2025, ambas partes firmaron un acuerdo de conciliación: monseñor Garcés Monsalve se retractó públicamente, reconoció la falta de pruebas en sus declaraciones y ofreció disculpas. Además, se comprometió a eliminar todo contenido digital relacionado con el caso.
Pese a este acto público de conciliación, el daño personal y reputacional ya se había producido y la tensión institucional no se redujo.
El escándalo y la suspensión impactaron de forma directa en la salud de Quintero. Según su familia, el sacerdote desarrolló un cuadro depresivo que se intensificó tras la suspensión.
En los meses posteriores, Quintero sufrió un infarto: los médicos informaron que su corazón operaba al 23% de su capacidad y recomendaron evitar cualquier fuente de estrés.
Durante su hospitalización, una llamada —cuya autoría la familia atribuye a instancias eclesiásticas— le comunicó que no podría regresar a su ministerio. Poco después, Quintero sufrió un derrame cerebral. Aunque fue trasladado a la finca familiar, su estado físico y emocional nunca se recuperó y finalmente falleció a los 65 años.
La familia de Quintero insiste en que su objetivo no es la restitución del dinero, sino la búsqueda de justicia y verdad. “El dinero no nos devuelve a mi tío. Lo que queremos es que se sepa todo”, expresó Laura Quintero.
El proceso civil por la presunta deuda sigue abierto en el Juzgado Quinto Civil de Manizales, pero hasta ahora ni la Arquidiócesis de Manizales ni el obispo de Cúcuta han realizado nuevos pronunciamientos ante las recientes declaraciones familiares.
Julio César Quintero Grisales, conocido como Fray Miserias, se desempeñó como vicario de la parroquia Nuestra Señora del Rosario de Villamaría hasta 2024. Durante su carrera en la Iglesia Católica, fue párroco en Nuestra Señora del Carmen, en el barrio El Carmen, y en el Divino Niño Jesús de Praga, en el barrio Estambul de Manizales.
Su historia, marcada por el servicio pastoral y el compromiso social, terminó en medio de una controversia que todavía genera interrogantes sobre la gestión interna de la Iglesia y la protección de sus propios miembros ante crisis institucionales.