La estrategia de financiamiento del Gobierno de Colombia enfrenta cuestionamientos crecientes ante la publicación de un informe de la consultora Algebra Labs y el eco de advertencias lanzadas por organismos internacionales y agencias calificadoras. Según el documento de la firma de análisis, la política fiscal del país permitió “comprar tiempo” mediante operaciones de deuda masivas, pero no resolvió los problemas estructurales de la economía. La visión encuentra respaldo en reportes del Fondo Monetario Internacional (FMI), la calificadora Fitch Ratings y análisis sectoriales que coinciden en advertir sobre el deterioro de las finanzas públicas y la exposición del país ante riesgos externos.
El informe señala que la dependencia del financiamiento externo alcanzó niveles inéditos en enero de 2026, cuando el Gobierno hizo la colocación de bonos globales más grande de su historia, por un monto de USD4.950 millones.
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Aunque la demanda fue alta, la empresa afirma que “la naturaleza de esta emisión revela fragilidad: la mayoría de estos recursos no se destinan a inversión productiva, sino al refinanciamiento de deudas con vencimientos próximos entre 2026 y 2027”. Para la firma, dicha estrategia incrementa la vulnerabilidad frente a choques cambiarios y eleva el costo promedio de la deuda, en un contexto de tasas internacionales elevadas.
En línea con estos señalamientos, el FMI reconoció que el déficit fiscal y la deuda pública de Colombia aumentaron más de lo esperado en 2024, con un déficit central del 6,7% del PIB y una deuda bruta que ascendió al 61,3% del PIB. El organismo internacional advirtió que “el deterioro se explica por ingresos tributarios menores a los proyectados y gastos primarios superiores a lo previsto”, lo que obligó al Gobierno a diferir inversiones y acumular atrasos presupuestales que compiten hoy por los recursos del presupuesto 2025.
Evolución de la estrategia fiscal
Reuters y Scotiabank también hicieron seguimiento a la evolución de la estrategia fiscal, por lo que detalló que la suspensión de la regla fiscal hasta 2027 permite un mayor margen de endeudamiento, pero genera incertidumbre sobre la sostenibilidad a mediano plazo.
La calificadora Fitch Ratings mantuvo la nota “BB+” para Colombia, aunque advirtió que la proyección de deuda al 63 % del PIB para 2026 “pondría en tensión las finanzas públicas y podría provocar revisiones futuras de la calificación soberana”. El reporte de la agencia coincide en que la falta de consolidación fiscal y la dificultad para aprobar nuevas reformas tributarias en el Congreso aumentan la exposición del país a shocks externos, volatilidad del tipo de cambio y presiones sobre la deuda.
El informe de Algebra Labs destaca que la deuda neta del Gobierno Central alcanzó un máximo histórico del 64,7% del PIB al cierre de 2025, con lo que sumó $1.192 billones. La firma advierte que “al emitir nueva deuda para pagar la anterior en un entorno de tasas globales elevadas, el costo promedio de la deuda a largo plazo aumenta significativamente”. La preocupación es compartida por el FMI, que identificó un repunte en los pagos por intereses, equivalentes al 19,54% del gasto total, y un margen cada vez más reducido para la inversión pública real, debido a la rigidez del 90,4% del gasto primario.
Lupa a los ingresos tributarios
Los ingresos tributarios también muestran señales de fatiga. Según Algebra Labs, el recaudo neto disminuyó un 4,33% en 2024 y se estancó en $296 billones en 2025, por debajo de la meta oficial. El análisis considera que “existe un agotamiento de la elasticidad tributaria”, fenómeno que el FMI atribuye a la alta informalidad laboral, que limita la capacidad del Estado para ampliar la base impositiva y garantizar ingresos estables.
A nivel estructural, el país enfrenta un problema de solvencia más que de liquidez. El documento resalta que “la brecha entre ingresos y gastos es crítica”, mientras el gasto sigue presionado por obligaciones rígidas como el Sistema General de Participaciones, el pasivo pensional y el pago de intereses. De acuerdo con el FMI, “la inflexibilidad de 87% del gasto público complica cualquier ajuste fiscal significativo sin reformas profundas”.
El riesgo de una crisis de dominancia fiscal aparece como una amenaza latente. Algebra Labs advierte que “las necesidades de gasto y deuda del Gobierno empiezan a subordinar la estabilidad macroeconómica” y señala que la política monetaria ya percibe esta presión: el Banco de la República mantuvo una postura restrictiva, con la tasa de intervención en 10,25% en enero de 2026, para contener una inflación resistente. El FMI respalda esta visión, al advertir que “la interacción entre déficit fiscal elevado y altas tasas de interés puede restringir el espacio fiscal, alimentar presiones sobre el tipo de cambio y elevar el riesgo país”.
Uso del ahorro pensional
Uno de los aspectos más polémicos en la estrategia oficial es la intención de utilizar el ahorro pensional como “comprador de última instancia” para la deuda interna (TES). Algebra Labs sostiene que esta medida constituye “represión financiera”, ya que desplaza crédito del sector privado y concentra los riesgos de las pensiones en la solvencia estatal, lo que podría comprometer el grado de inversión y la estabilidad de precios. El FMI y Scotiabank alertaron sobre el impacto potencial de estos mecanismos en el crédito privado y en la confianza de los inversionistas.
El análisis de Scotiabank y Reuters añade que el Gobierno priorizó la reducción del costo de financiamiento mediante operaciones complejas, como el uso de swaps y préstamos en divisas extranjeras para recomprar deuda local y global, buscando aliviar presiones inmediatas pero incrementando los riesgos de refinanciamiento y exposición al tipo de cambio. Estas estrategias, que han sido utilizadas por otros países de la región bajo presión fiscal, “pueden proporcionar alivio temporal, pero dejan al país expuesto a una potencial corrección abrupta en los mercados ante cualquier deterioro adicional en la confianza”.