Salir de casa y comprar un café, pagar una plataforma de streaming “por si acaso”, mantener activa una suscripción que casi no se usa o pedir un domicilio por pura comodidad son hábitos comunes en la vida urbana.
El problema aparece cuando esos desembolsos, que rara vez se piensan dos veces, se acumulan y terminan teniendo un peso desproporcionado sobre el presupuesto mensual. Lo que parece insignificante en el día a día puede convertirse en una fuga constante de dinero.
Ahora puede seguirnos en Facebook y en nuestro WhatsApp Channel
Para una persona que devenga el salario mínimo en Colombia —que este año ronda los $2 millones incluyendo el auxilio de transporte—, los llamados “gastos hormiga” pueden llegar a absorber una parte considerable del ingreso. En algunos escenarios, estos consumos pequeños y recurrentes alcanzan montos cercanos a los $910.000 mensuales, una cifra que obliga a replantear prioridades financieras.
De acuerdo con un análisis elaborado por La República, el impacto de estos gastos es mayor de lo que muchos trabajadores perciben. Al compararlos con el salario mínimo legal vigente, estos egresos pueden representar cerca del 46% del ingreso total, y si se excluye el auxilio de transporte, el porcentaje supera la mitad del salario.
Suscripciones digitales: el goteo silencioso del presupuesto
Uno de los frentes donde más se concentran los gastos hormiga es el de las suscripciones, especialmente aquellas que se pagan en dólares o que se renuevan de forma automática. Contratar varios medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales, puede parecer una inversión en conocimiento, pero al final del mes la suma no es menor.
Al combinar suscripciones a tres medios locales y tres internacionales, el costo mensual puede acercarse a los $285.000. A esto se suman las plataformas de entretenimiento digital: servicios de streaming de video, transmisiones en vivo y membresías premium que, acumuladas, pueden superar fácilmente los $190.000 mensuales.
El mundo de los videojuegos tampoco se queda atrás. Las membresías para jugar en línea o acceder a catálogos exclusivos representan otro pago recurrente que suele pasar desapercibido.
El café diario y otros hábitos que pesan más de lo que parecen
Más allá de lo digital, los gastos cotidianos siguen siendo protagonistas. El café de la mañana, el pan de la tarde o la merienda rápida durante la jornada laboral son ejemplos clásicos de gastos hormiga. Cuando se hacen todos los días, el resultado puede ser sorprendente: solo en café y pan, una persona puede gastar alrededor de $150.000 al mes, una cifra nada despreciable para quienes viven con ingresos ajustados.
También hay servicios especializados que entran en esta categoría. Herramientas profesionales para transferir archivos, almacenamiento en la nube o aplicaciones de productividad suelen contratarse por necesidad laboral. Un solo servicio empresarial puede costar más de $80.000 mensuales, y muchas veces se mantiene activo por inercia, incluso cuando su uso disminuye.
Plataformas de transporte, música, domicilios y almacenamiento digital implican pagos automáticos que rara vez se cuestionan. En conjunto, estos servicios pueden sumar más de $100.000 al mes.
Estrategias para frenar la fuga de dinero sin sacrificar calidad de vida
Identificar y controlar los gastos hormiga no implica eliminar por completo los consumos asociados al ocio o al bienestar personal, sino aprender a gestionarlos de forma más consciente. Así lo explica Jhon Torres Jiménez, analista macroeconómico en Native Capital, que señala que el primer paso para mejorar las finanzas personales es reconocer con claridad en qué se está gastando el dinero.
“Muchas personas no son conscientes de cuánto destinan mensualmente a pequeños pagos porque están dispersos y automatizados. Hacerlos visibles permite entender cuáles son realmente necesarios y cuáles pueden ajustarse”, explicó el experto.
Torres Jiménez advierte que una de las estrategias más efectivas no es la eliminación total del gasto, sino el cambio en la frecuencia de consumo. “Cambiar la frecuencia, es decir, no eliminar todo, pero sí pasar de diario a dos o tres veces por semana, reduce el gasto sin sacrificar bienestar”, afirmó.
Otra recomendación consiste en establecer límites claros al gasto discrecional. “Poner un ‘techo’ mensual ayuda a que estos egresos no se salgan de control y obliga a priorizar”, señaló el analista.