El Banco de la República incrementó la tasa de interés de política monetaria en 100 puntos básicos (pbs), que es con la que el Emisor presta o toma dinero de las entidades financieras. La situó en 10,25%. La decisión, adoptada por mayoría de la Junta Directiva, respondió al repunte de las expectativas de inflación y al ajuste del salario mínimo decretado para 2026, superior al 23%. El incremento busca enfrentar el riesgo de que la inflación continúe por encima de la meta y proteger la credibilidad de la política monetaria.
La entidad señaló que la subida de la tasa se produce en medio de presiones persistentes sobre los precios. La inflación total cerró diciembre de 2025 en 5,10%, un valor ligeramente menor al 5,20% registrado al finalizar 2024. Por su parte, la inflación básica, que no incluye alimentos ni precios regulados, aumentó de 4,85% en noviembre a 5,02% en diciembre. Así, la inflación se mantiene por encima del nivel objetivo por quinto año consecutivo.
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Las minutas del banco central, conocidas el 4 de febrero de 2026, detallan que las expectativas de inflación de los analistas subieron de 4,6% a 6,4% para finales de 2026 y de 3,8% a 4,8% para finales de 2027. A su vez, las expectativas extraídas de los mercados de deuda ya se sitúan por encima del 6% en un horizonte de dos años.
Y es que el ajuste del salario mínimo para 2026 incidió de forma central en el análisis de la Junta. Según los directores del Banco de la República, “la decisión del Gobierno de decretar un aumento del salario mínimo para 2026 por encima del 23% agravó esta situación al provocar un incremento significativo de las expectativas de inflación”.
El aumento salarial, a juicio de la mayoría, ejerce presión sobre el gasto público en pensiones, puede ampliar el déficit fiscal y el desbalance de la cuenta corriente, e intensifica los riesgos macroeconómicos identificados por la institución. La mayoría de esta, que la integran el ministro de Hacienda, Germán Ávila; el gerente general del banco, Leonardo Villar, y los codirectores César Giraldo, Laura Moisá, Mauricio Villamizar, Bibiana Taboada y Olga Lucía Velásquez, advirtió la necesidad de una acción contundente para evitar que la inflación siga alejada de la meta fijada.
“Esta es una decisión exigente para la economía, pero indispensable para evitar un desanclaje persistente de la inflación con respecto a la meta”, señalaron los directores, que consideran que incumplir de manera reiterada el objetivo afecta la confianza en el Banco de la República y puede poner en riesgo la estabilidad económica a mediano y largo plazo.
El freno de la inflación
Los mismos remarcaron que, en 2025, la inflación frenó el descenso y las expectativas inflacionarias comenzaron a subir con fuerza en el segundo semestre. Esto ocurrió en un entorno de mayor demanda interna y deterioro de las finanzas públicas. Añadieron que el efecto del alza del salario mínimo sobre la inflación también se refleja en el mayor gasto público y en la reacción de los agentes económicos. El Banco de la República resaltó que las expectativas de inflación a un año crecieron cerca de 200 puntos básicos en poco tiempo, lo que debilitó el sesgo restrictivo de la política monetaria y llevó la tasa de interés real a niveles neutrales, cuando se requería una postura todavía más restrictiva.
Para la mayoría de los funcionarios, el incremento de la tasa de política no representa un punto final, sino que marca “el inicio de un nuevo ciclo monetario”. Advirtieron que el ajuste decidido solo compensa en parte el repunte de las expectativas inflacionarias. La entidad afirmó que una reacción temprana y decidida puede acelerar el reanclaje de las expectativas y limitar los costos para el crecimiento y el empleo.
Además, los últimos datos muestran una demanda interna sólida, una caída del desempleo a mínimos históricos y una brecha de producto positiva desde el tercer trimestre de 2024.
Dinámica de la economía colombiana
Desde la óptica macroeconómica, el banco informó que la economía colombiana creció 2,9% en 2025, impulsada por el consumo privado y público, y por una recuperación gradual de la inversión en maquinaria y equipo. Al mismo tiempo, el déficit de cuenta corriente se amplió hasta el 2,4% del PIB debido al incremento de las importaciones y a una desaceleración de las exportaciones minero-energéticas. Sobresale, no obstante, el crecimiento de las exportaciones manufactureras, agropecuarias y de servicios, lo que refleja un cambio en la matriz exportadora del país.
Dentro de la Junta Directiva hubo desacuerdo sobre la estrategia adoptada. Dos directores apoyaron reducir la tasa de interés de política en 50 puntos básicos. Argumentaron que la reciente dinámica inflacionaria se explica por el alza de precios en alimentos y servicios regulados, fenómenos asociados a shocks de oferta y a mecanismos de indexación, donde la política monetaria carece de eficacia.
Anticiparon que esos factores podrían disiparse gracias a la apreciación del peso colombiano y a la estimada baja de los precios de combustibles en 2026.
Efectos del aumento del salario mínimo
Estos directores remarcaron que el aumento del salario mínimo tuvo efectos positivos sobre la participación de los asalariados en el PIB y llamaron a no restringir el análisis únicamente a los riesgos inflacionarios. “Limitar el debate exclusivamente a las presiones inflacionarias derivadas del salario mínimo desconoce esta dimensión distributiva y presenta como un problema macroeconómico lo que en esencia es una recomposición del ingreso a favor del trabajo”, manifestaron.
Consideran que elevar en exceso la tasa de política podría frenar el crecimiento económico, generar un choque de oferta y hacer más difícil el avance hacia un modelo basado en el consumo interno y la diversificación exportadora.
El miembro que votó por mantener inalterada la tasa reconoció la fortaleza del consumo de los hogares, la mejora de las condiciones de financiamiento y la incipiente recuperación del crédito. Destacó la transformación de la estructura laboral y el paso hacia una matriz exportadora menos dependiente del sector minero-energético. Sostuvo que el impacto del salario mínimo sobre la inflación no es automático, pues depende de cómo se reorganice la economía y cómo respondan los márgenes empresariales.
Rezago a la productividad
Apoyado en estudios previos, señaló que los aumentos salariales están rezagados frente a la productividad, y que en ciertos sectores persisten altos márgenes de ganancia. De ahí que “mantener la tasa para observar la reorganización de la economía evitaría efectos irreversibles de un aumento exagerado, dándole espacio a la inversión para recuperarse”.
El Banco de la República también reparó en los riesgos externos: conflictos geopolíticos, medidas migratorias en Estados Unidos y variaciones en la percepción del riesgo soberano colombiano, dentro de un escenario de condiciones de financiamiento internacional más flexibles ante la reducción de la tasa de referencia en ese país y el retorno de la demanda por activos de riesgo.